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Fotos: Claudio Scaletta


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Travesía en kayak - Septiembre de 2004

VIAJE A LA CATANGA

Travesía por el Mar de Ansenuza.

Queridos amigos:

Llegamos con Carlos, a Laguna de Plata el jueves a las 21:30; allí, en el camping homónimo nos esperaban Claudio Scaletta y Rodolfo "el Conde" de Abelleyra, con quienes nos confundimos en sendos abrazos.
Es una agradable sensación, saludar a una persona con quién uno ha desarrollado una amistad, a través de mas de un año de compartir temas de interés común, sin haberse todavía, visto la cara.
Casi al mismo tiempo, arribaron el Colo Weir, Damián "Paco" Vignati (raid Rosario-Río) y el Toto Soria.
A media noche hicieron su ingreso Pacho, Fran y Arnaldo Martiañez (que subió al auto en Arroyito).
Luego llegaron Ale Battaíno con un jóven remero de Río Ceballos, llamado Fede.

El Toto se tropezó con un alambre extendido (en una zona sin iluminación) y se pegó un golpazo en el brazo. Luego de la cena, el Colo lo llevó al dispensario de La Para, donde le recomendaron no remar, por lo que decidió regresar a Rosario en
omnibus. Realmente estaba muy dolorido y nos despedimos con tristeza.

El viernes tocó diana a las seis y entramos al agua alrededor de las diez; soplaba un leve viento del N.
Cuando estábamos en la mitad de la laguna, alguien gritó que el doble de Arnaldo y Fede (un turismo), que venía rezagado, se había dado vuelta. Fuimos en su ayuda y continuamos la navegación, pero al rato volvieron a quedar atrás. Tenían problemas con el cubre-cockpit que no cerraba bien y el bote se llenaba de agua.
Carlos decidió que regresaran a LdP, y propuso que nosotros siguieramos al Mistolar, mientras él y Ale acompañában al doble a la costa. Luego enfilarían a Mare, con intención de juntarse con los demás, en la isla grande, al otro día.
Yo opiné que no era conveniente que el grupo se separara; nosotros seguiríamosmos hacia Campo Mare, donde acamparíamos, esperando al grupo de ayuda, y saldríamos todos juntos hacia el N, al día siguiente.

Evaluando este suceso, pensamos que de haber partido la flota, desde Miramar o Mare, el problema con el doble de turismo hubiese ocurrido a cuatro o cinco Km adentro de la Mar, y la situación se podría haber complicado a otro nivel.

Continuamos hacia Campo Mare, por aguas que no son muy interesantes, porque se debe atravesar una bahía que entra hacia el W y está llena de bosquecillos secos.
Carlos planificó la partida desde LdP, priorizando la llegada de los autos al lugar de reunión, por asfalto. Pero (como comprobaríamos después), desde el campo de Pichón hasta la ruta, están mejorando el camino de tierra y no habría problemas, aún con lluvia.
Como experiencia, entrar a la Mar por LdP, no tiene gran atractivo, e insume varias horas para llegar a lugares de mayor belleza paisajística.

Por fin se divisó el promontorio característico de Campo Mare, y luego de doblar la punta y seguir unos kilómetros, arribamos a la playa donde armamos campamento.
El establecimiento de Pichón y Negrita Mare, antes mitad descampado y mitad monte, es en la actualidad un campo totalmente utilizado para agricultura. Han dejado un camino costero para el acceso de los pescadores, y el resto está todo sembrado de trigo. Es increíble observar las tierras argentinas absolutamente aprovechadas con cultivos, donde hasta
hace poco tiempo, nadie invertía un centavo. (Mientras los números cierren, y los chinos compren, seguiremos teniendo las parcelas pintadas de verde).

El sábado partimos hacia el N, con moderado viento de frente. Claudio y el Conde en sendos 510 con timón, Paco, el Colo y Ale, a bordo de sus veloces Frankys, Pacho y Fran en un doble WEIR "Dos de Enero", que obviamente, picó en punta; Carlos en su SDK Yamana y el que suscribe a bordo del 510.
Enfilamos hacia el extremo W de la isla El Mistolar, a 23 Km de la salida, a donde llegamos unas cuatro horas después. El día estaba muy claro, con visibilidad absoluta; motivo por el cual, en esta oportunidad, nunca se perdió la visión (lejana) de
alguna costa.
Sin embargo la navegación por estas aguas, tiene connotaciones tipicamente oceánicas. Las dimensiones de la laguna, la "onda" marina y el hecho de que en algunos momentos, los kayaks se distancian bastante entre sí, hacen que uno se encuentre a solas con las olas, el viento, su propia persona y la absoluta inmensidad.
Miles de individuos angustiados por diferentes problemas, abonan sin chistar abultadas cifras a calificados psicólogos y analistas; ignorando que una manera de conseguir resultados similares o todavía mas sorprendentes, es... simplemente remar.

Navegábamos la costa N de la isla cuando empezamos a ver las aves: cisnes blancos "Coscoroba", gaviotines, gallaretas chicas y flamencos rosados.
Claudio no daba abasto con su máquina de fotos (con un ingenioso dispositivo de protección contra el agua); iva y venía, tratando de capturar todas las imágenes que tenía delante.
De repente Paco dijo:
-Allá veo dos cisnes que tienen el cuello negro.
-¿Dónde? -pregunté haciéndome el distraído.
-Al frente nuestro, mezclados con los blancos
-contestó el kayakista que había navegado desde Rosario hasta Río de Janeiro.
Por primera vez en dieciocho años, avisté los "Cuello Negro" en la laguna de Mar Chiquita. En las regiones pampeanas pueden ser mas numerosos, pero en estas aguas son realmente escasos, debido a su estadía de carácter transitorio.
Todo observador de aves tiene una lista personal de las "piezas" que va avistanto. Y cada vez que agrega una, la satisfacción que experimenta es similar a lo que puede sentir un cazador cuando cobra un preciado trofeo. Esa fué la sensación que me invadió al encontrarnos con estos cisnes, tan escasos en nuestra Mar.
Me dedicaré ahora, a buscar la cigüeña y la espátula rosada, dos de las grandes aves que visitan el N de Ansenuza, y que son (realmente) muy difíciles de avistar... quizás para ello debamos navegar el "Mar de
Catanga", zona de la laguna ubicada mas "arriba" de la isla homónima.
Como dijo un amigo mío de la Lista, (hablando acerca de que el esfuerzo personal es lo mas indicado para la obtención de los logros requeridos):
-"A Dios le pido que me dé tiempo, el resto (si El lo permite), lo pondré yo mismo."

Al llegar a la parte media de El Mistolar, cambiamos de rumbo, poniendo proa hacia La Catanga, a la que arribamos antes de caer la oración, y en donde armamos de inmediato, campamento. Es ésta una isla pequeña y de escasa altura; desde el vivac se observaban las dos riberas, norte y sur. Encontramos también, claros signos de que el agua, (en alguna crecida anterior) había pasado por sobre ella.
En mi opinión La Catanga es el "finis terrae"; mas hacia el N ya no es laguna propiamente dicha, sino zona de bañados, luego de la gran crecida de los años setenta. Decenas de kilómetros de aguas bajas, sin costa definida a la vista, visitada únicamente por los pescadores del pejerrey y por las aves acuáticas que por allí habitan, desgranando su existencia en idílica armonía.

A las 21:00 paró completamente el viento N, reinando una calma chicha absoluta, sobre la isla. A las 24:00 comenzó a soplar, de repente, un fuerte S; convirtiéndose en pocos minutos en el temido vendaval, que tan mala fama le ha acarreado a la Mar Chiquita. Las carpas, que no fueron armadas al reparo, se deformaban casi hasta el límite; a tal extremo que una
de ellas debió de ser desarmada, y su habitante utilizarla a modo de bolsa de dormir. Cuando clareó, seguía soplando el S con toda su potencia, razón por la cual decidimos no embarcar, esperando a que amaine. Fué un día de descanso, charla, siesta, comida y algunas caminatas, que le proporcionaron a la travesía un encanto particular.
Todos coincidimos que, en lo posible, una jornada de estas características, debe ser incorporada en las planificaciones futuras.

El lunes debíamos regresar, sí o sí, porque el agua comenzaría a escasear; afortunadamente amaneció soplando el S con mediana intensidad.
Zarpamos a las 09:00, esta vez Carlos y Ale en el doble WEIR.
Enfilamos hacia la punta E de El Mistolar, que se veía a lo lejos. Pacho, que navegaga a mi lado, comentó:
-Podríamos bautizar a estas aguas como "Mar de los Mistoles".
- Sí -le contesté- y a las que están entre El Mistolar y Campo Mare: "Mar de Mare".
- Bien -acotó Ale- y a las que se encuentran al N de la isla donde dormimos: "Mar de Catanga"
Al cabo de una hora, cruzamos la punta E de la isla grande; abandonando entonces, el Mar de los Mistoles e ingresando a las aguas del Mar de Mare, con rumbo a la playa ubicada en el campo del mismo nombre, a la que arribamos luego de cinco horas de agradable navegación.

Allí nos reencontramos con Arnaldo, Fede y los automóviles; terminando de ésta manera nuestra travesía por la zona W de Ansenuza, desde la Laguna de Plata hasta la isla de La Catanga.

Con abrazos nos despedimos de nuestros compañeros, prometiéndonos nuevos encuentros en otros escenarios, pero siempre compartiendo esta afición que tenemos en común y este cariño de amigos, que con el tiempo y las experiencias vividas (y leídas en la Lista), se va acrecentando día a día.

Les mando un abrazo.

Eduardo Ibáñez

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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© SOL RIO (2004)

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