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Travesía en kayak - Enero de 2005

RIO CARCARAÑA - PUERTO GABOTO

Travesías Kayakeras 2005

Redacción, plano y textos: Diego Villafañe
Estadísticas, georeferenciación,
GPS, arreglos y correcciones: Roberto Milano

Objetivos centrales de la travesía:

Recorrido planificado y distancia:



Embarcaciones utilizadas:

Recursos tecnológicos:

Organización y realización:

 

CRÓNICA DE LA TRAVESÍA

• Primera jornada. Etapa: Saladillo - Cruz Alta: Río en crecida
Desde la medianoche de este domingo 09-01-05, se desató una copiosa lluvia (116 mm) sobre la zona de Bell Ville, aguas arriba de nuestro punto de partida, lo que auguraba buenas y malas; las primeras presagian un aumento temporal (uno o dos días) del nivel del río Carcarañá que incrementa proporcionalmente la velocidad de la corriente afectando directamente nuestro promedio de desplazamiento, por el aporte de estas lluvias focalizadas en el Ctalamochita (Tercero), aspecto que nos ayudará en esta primera etapa que es la de mayor extensión de la travesía, aproximadamente 72 km. Pero por otra parte lo negativo de las condiciones climáticas (lluvia), es tener que estibar todo el equipaje con dicha compañía.
Por suerte llegando al camping de Saladillo, justo en la confluencia de los ríos Ctalamochita (Tercero) y Chocancharava (Cuarto), la lluvia nos ha dado un respiro, armamos rápidamente el equipo para pasar los próximos seis días y a las 09:05 horas, los pesados botes se deslizan al agua por la barrosa rampa, ¡comenzó nuestro viaje!, en el punto cero del Carcarañá. Nos despedimos de familiares, especialmente de Sandra, a la que agradecemos su atención y predisposición con el transporte.
Ya entrando en tema, vale decir que el nombre de este río proviene de una derivación de los aborígenes Caracarás, originales habitantes, voz guaraní atribuida al Cara-cara, ave de rapiña difundida en la zona del Río de la Plata, de la familia de las falcónidas, vulgarmente se la conoce como carancho, el nombre de los pobladores de estas costas sufrió el agregado "añá", que en la misma voz quiere decir diablo; de este modo la corriente de aguas se distingue como "carancho diablo".
Las condiciones de navegación se presentan muy favorables, cielo nublado, sin lluvia y con una agradable temperatura de 22º, pero con un alto porcentaje de humedad.
El navegador satelital (GPS) nos indica que avanzamos a una buena velocidad 10-11 km/h, mal acompañados por una interminable fila de residuos, fundamentalmente basura domiciliaria (botellas plásticas, bolsas varias, envases plásticos de todo tipo de etiqueta y color, etc.), que evidentemente por su especto: aplastados, sucios, llenos de tierra, delatan que no han sido arrojados inmediatamente después de su uso, sino que presentan las características del material encontrado en los basurales de los pueblos o ciudades. Reflexionando sobre el tema, y luego de haber recorrido los dos ríos antes mencionados (Ctalamochita y Chocancharava), estos materiales en su gran mayoría provienen del inmenso basural pegado a la rivera derecha del Catalamochita (Tercero), ubicado un par de kilómetros antes de llegar a la confluencia que fue nuestro punto de partida. Es de suponer que la intensa lluvia "barrió" literalmente el basural volcando todo en el río, obviamente sin que a nadie de la localidad de Saladillo le importe o preocupe, nadie de este poblado parece sentirse aludido por tal situación de larga data, por cierto muy lamentable y, que como veremos más adelante, se transforma en uno de los focos de contaminación que condicionan al río hasta su finalización, acumulándose toda esta "porquería" en la desembocadura en el Paraná (brazo Coronda). No podemos evitar preguntarnos: - ¿Qué hace DIPAS, como ente u organismo oficial encargado de reglamentar el uso y controlar el saneamiento de los ríos cordobeses?
Continuando con el derrotero, debido a la intensa lluvia desde los campos cultivados a la vera del río, grandes volúmenes de agua que forman verdaderas cataratas, contribuyen a aumentar el caudal. Este vertido, en todos los casos, presenta un curioso tono dorado amarillento que trabajosamente se mezcla con la barrosa correntada; luego nos enteraríamos que este colorido se debe a los agroquímicos utilizados en las plantaciones de soja y maíz, productos con alto contenido de fosforado y glifosato. Además es también notable la cantidad de contenedores plásticos o bidones de estos químicos que son arrastrados por la corriente, lo que demuestra el escaso cuidado de los productores.
Estas cuestiones por el momento no encuentran una respuesta concreta, ni siquiera un comentario de la autoridad correspondiente (DIPAS), sólo se tiene referencias de que dicho organismo, está preocupado por reglamentar la navegación de un par de motos de agua en el río y sus diques, mientras la contaminación mata hasta las resistentes viejas del agua, sólo sobreviven algunos bagres (moncholos para los pescadores locales), que pierden el predominio ante las grasosas y basureras carpas, muy numerosas en este curso interior. Este último, de acuerdo a nuestras mediciones, presenta, en este tramo, una profundidad que oscila entre 2 y 3 metros, con fondo duro de tosca, presentando numerosos remansos y pequeños remolinos que se obstinan en cambiar bruscamente el rumbo de las embarcaciones, por lo que vamos atentos a estos detalles. Por su parte, las costas no son amistosas, combinando barrancas de 4 a 6 metros con tupido monte que hace dificultoso encontrar un lugar para desembarcar, para reponer fuerzas y estirar un poco los músculos.
Poco a poco el tiempo va mejorando, el sol muestra sus rayos de a ratos y la temperatura sube hasta los 30º. Aproximadamente a mitad de camino nos encontramos con un serpenteante arroyo a la izquierda (río abajo), que tenemos referenciado; el arroyo presenta varias cascaditas y rápidos pequeños, el lugar invita a descender y hacer una merienda. Mientras aparcamos los kayaks observamos como varias y corpulentas carpas intentan remontar el arroyo dando vertiginosos saltos desde las profundas ollas, hay tantas que es posible atraparlas con la mano. Nos divertimos un rato en el lugar ayudando en la dura y obstinada faena de los peces y luego continuamos viaje. Sabemos que esta es la etapa más larga, por lo que nos concentramos en la remada.
A media tarde, aproximadamente a las 17 horas, nos faltan los últimos 12 km hasta Cruz Alta. Apenas cruzamos el puente Bric, nos encontramos con un kakayista de aspecto post-hippie (el único que veríamos hasta Rosario) tripulando un 430 con timón, que está remontando desde Cruz Alta hasta el puente; conversamos un rato y seguimos. Al pasar junto al caudaloso arroyo Tortugas, nos encontramos con una atípica balsa, montada sobre seis cámaras de tractor, con piso y techo de cañas, reposeras playeras Budweiser, un par de conservadoras, sol de noche, linternas, cañas de pescar, todo al estilo costa atlántica. Estos originales balseros postmodernos, pernoctan en una carpa montada también sobre tres cámaras, anexada a la plataforma principal y cuentan con un pequeño bote a remo.
- ¿De dónde vienen?
- De Saladillo, salimos hace unos días, estamos pescando y disfrutando del río… El único inconveniente es que se nos ha terminado el hielo y las cervezas están calientes…(sonrisas).
- ¿Hacia dónde van? Nosotros le contamos de nuestra travesía.
- Vamos hasta el camping de Arequito, somos de allí, esta noche pararemos en Cruz Alta a cargar hielo.
- Nosotros también, pararemos en Cruz Alta, pero a dormir… nos vemos esta noche…
- Bueno, nos vemos…
Nos despedimos de los desinhibidos balseros y continuamos el descenso, ya falta poco. En este tramo continuamos mal acompañados (más basura), a lo que se le suman algunos animales muertos (vaca muy hinchada), pero como broche de oro flotando a estribor avistamos nada menos que un monitor de computadora, ¡el hardware completo, hasta con los cables! No salimos de nuestro asombro, increíble…
A los pocos kilómetros nos cruzamos con una potente lancha atestada de pasajeros, bien comidos, practicando wakeboard. También vemos algunos pescadores y nos internamos en el último rápido, muy movido, que pasamos sin problemas, arribando al concurrido parque del pueblo. Es domingo por la tarde y toda la región comparte el espacio. Nos dirigimos al camping, que como de costumbre no tiene una buena bajada al río, subimos una pequeña cuesta con los botes muy pesados, tan pesados como los mosquitos y jejenes (insecto díptero, más pequeño que el mosquito y de picada más irritante), que nos reciben agradecidos por el alimento presentado, nos apuramos con el repelente (cuya duración no excede los 30 minutos) y armamos la "Eureka"; recibiendo poco más tarde la visita de un pariente de Roberto, alertado de nuestro viaje, que nos explica las particularidades del lugar y las características de esta añeja población de Cruz Alta, que cuenta con escasas 5000 almas; charlamos sobre la conservación del río, el impacto de los agroquímicos, más los de la curtiembre local que tira sus desechos (cromo) al río, lamentable… De esta manera como ya lo explicitáramos anteriormente en la travesía por los ríos que forman el Carcarañá, el curso sigue teniendo para la mayoría esta definición:

Río: corriente natural de agua continua, sin dueño, que pasa cerca de nuestro campo, casa, pueblo o ciudad, utilizado para arrastrar las porquerías que desestimamos...o no queremos ver más.

• Segunda jornada. Etapa: Cruz Alta - Arequito: Costas hostiles
Luego de una noche movida, mucho ruido en el camping y de renegar con un par de canes que insisten en usar de colchón nuestras prendas recién lavadas, a las 07:00 horas ya estamos arriba estibando el equipo para la próxima etapa, contando con la visita de otro de los parientes, que nos ha traído agua helada para el viaje y café caliente para el desayuno, un lindo gesto a pesar de que insistimos en que no era necesario, ya que tenemos todo previsto, pero igual le hicimos el gasto, es que las etapas son agotadoras.
Con todo listo, a las 08:30 horas un par de trasnochados pescadores nativos nos informan que los "balseros" pasaron al atardecer, cargaron hielo y siguieron la fiesta, seguramente los cruzaremos más adelante. Nos despedimos y partimos rumbo al parador de Arequito, en teoría el posible y próximo lugar de acampe al final de la jornada, veremos si esto es posible, ya que nos han comentado que el sitio se encuentra semi abandonado.
Apenas arrancamos, ya ingresamos en la provincia de Santa Fe, pasamos junto al torrentoso arroyo Las Mojarras, que presenta varios saltos ideales para el kayak de aguas blancas (nos acordamos de nuestro amigo Carlos "white water" Sánchez). Este arroyo es el mismo de la curtiembre, que nace en la extensa laguna Santa Lucía y luego sus aguas cromadas desembocan en el Carcarañá.
Avanzamos un poco más lento que la jornada anterior, se hace sentir la intensa primera etapa, por suerte esta será más acotada, de aproximadamente 40 km, espero poder calentar motores a medida que transcurran los minutos y palear con más dinámica.
Tempranito ya la temperatura ha comenzado a subir, el cielo totalmente despejado con moderado viento noreste, producen que el termómetro llegue a 29º, por lo que sin demora entran en acción los protectores solares, fundamentales para soportar el fuerte castigo de nuestra estrella más brillante. Ahora sobre las costas observamos las marcas de la notable disminución del caudal del río, cercano al medio metro, lo que indica que las lluvias sólo fueron localmente focalizadas. Así, los vertidos y arroyos provenientes de los campos aledaños, sembrados con soja o maíz, continúan descargando sus aguas ocre-amarillentas pero ahora con menos caudal.
El paisaje continúa con la similar hostilidad: barrancas inaccesibles, montes impenetrables y diminutas playas con un mínimo de 60º de pendiente y por supuesto la infaltable capa de barro sobre la tosca dura; hasta ahora nuestros sentidos no han detectado ni un dedal de arena. Apreciando el entorno nos parece imposible imaginar, tal como nos lo relatan algunos locales, que hace un par de años en el balneario-parque de Cruz Alta las playas de arena se extendían por todo el río, luego la mano de algunos inescrupulosos buscando comercializar los áridos y varias crecientes del Carcarañá barrieron con el material.
Por su parte la fauna observada hasta el momento se presenta escasa, pocas aves, algunos cormoranes aislados o garzas moras; en cuanto a los peces predominan las carpas de agua dulce, verdosas por encima y amarillentas por debajo, con la boca pequeña, escamas grandes y una sola aleta dorsal, que parece adaptarse de maravillas al degradado entorno.
A media mañana volvemos a pasar junto a objetos culturales, el cuidado balneario-camping de San José de la Esquina, aprovechamos el respiro de la inusual poca pendiente del predio, desembarcando para ingerir algunos carbohidratos y echarnos más protector. Al reanudar la macha en la primer curva nos encontramos nuevamente con nuestros amigos balseros, ahora de mateada con unos locales no nativos, nos saludamos e intercambiamos fotos y direcciones, esperamos encontrarnos en el próximo acampe, aunque este hecho es dudoso ya que ellos sólo acomodan la balsa con largas cañas y avanzan a la velocidad de la corriente, que es menos de 4 km/h y faltan, según el GPS, más de 20 km para el destino final de ellos y supuesto acampe para nosotros, veremos si llegan en esta jornada. Nos dicen, que en el camping de Arequito, preguntemos por Pocho, el encargado, que él nos dará un lugar. Muy bien, eso haremos, gracias por el dato.
Con la térmica en aumento, más de 33º, se me hace difícil mantener el salvavidas puesto, pero resisto; nos refrescamos muy seguido y tomamos gran cantidad de agua, comenzando a utilizar más de lo estimado, seguramente al acampar deberemos filtrar un poco para mantener dichas reservas.
Apuramos un poco el ritmo y pasadas las 16:00 horas llegamos al camping de Arequito, en el lugar hay sólo un grupo de jóvenes probando una moto de agua, parece un sitio tranquilo y el acceso posible, descendemos resbalando en el fango y nos dirigimos a hablar con el encargado, nos encontramos con otro señor (Ferrari), el anterior encargado, por jubilarse, nos dice que Pocho vino, pero está con la señora… hace un gesto cómplice: ¡hay fiesta en el predio! De todas maneras nos autoriza amablemente a acampar y nos explica que el lugar presenta un estado de semi abandono debido a que la gente de Arequito, distante 15 km por camino de tierra, prefiere hacer 20 km, pero de pavimento e ir al atendido complejo de San José de la Esquina, por el que ya pasáramos.
Este predio no está mal, salvo por los pequeños clásicos e insaciables picadores de alas transparentes; en el arbolado lugar, que muestra signos de un pasado de esplendor gastronómico, hay varias casas particulares, de construcción espartana con una bonita vista al río desde la barranca. Analizando la calidad de la construcción y las comodidades, no es mucha la inversión efectuada por los ahora virtuales moradores. Lo mejor es la tranquilidad de lugar, no hay casi movimiento, sólo algún que otro ocasional visitante arribado del pueblo que busca refresco en la suave pero permanente corriente del río, cuyas aguas ya no presentan elementos combinados y fusionados exclusivamente naturales, ahora también los hay culturales, algunos muy peligrosos y otros no tanto. En algunos casos el problema es, digamos, más estético, por ejemplo los "camalotes" de envases plásticos de gaseosa. El mayor problema son los químicos, que no se ven.
Mientras las últimas luces del día se van escapando entre los tupidos sembradíos de soja, de los balseros ni noticias, del encargado del predio, menos, se fue a pernoctar al pueblo, pero llega José Luis, un empleado municipal de la localidad de "la sole", que tiene su casa en el lugar, ha venido a remojar unas parientes de Buenos Aires. Nos presentamos e intercambiamos experiencias, conocimientos sobre el sitio y el estado del río. Nos comenta su preocupación por el estado de degradación del Carcarañá, cuenta que la Municipalidad ha efectuado algunos análisis químicos del agua, los que han arrojado resultados no muy alentadores, especialmente debido a la presencia de elementos fluorados y fosforados, provenientes de los agroquímicos y pesticidas que se utilizan en los campos vecinos y que ante cualquier lluvia arrastran dichos residuos en el curso de agua, confirmando la coloración ocre-amarillenta observada. No obstante este testimonio, hemos consultado la otra "campana", la opinión de los productores y profesionales especialistas que trabajan en el campo, su mirada es muy diferente, insisten en que por ejemplo el glifosato es un material que elimina plagas vegetales y su poder desaparece apenas toma contacto con el suelo, además es incoloro; lo mismo que con los químicos fosforados, son incoloros y su costo es tan elevado que muy pocos productores lo utilizan, pero sí aclaran, de su tremendo poder tóxico para eliminar las plagas de insectos. Habrá que seguir indagando sobre estos temas tan preocupantes, pero es evidente y certificado por los especialistas, que la agricultura, la ganadería comercial y las granjas avícolas, son la fuente de muchos contaminantes orgánicos e inorgánicos de las aguas superficiales y subterráneas. Estos contaminantes incluyen tanto sedimentos procedentes de la erosión de las tierras de cultivo como compuestos de fósforo y nitrógeno que, en parte, proceden de los residuos animales y los fertilizantes comerciales. Los residuos animales tienen un alto contenido en nitrógeno, fósforo y materia consumidora de oxígeno, y a menudo albergan organismos patógenos.

• Tercera jornada. Arequito - Carcarañá: Ruta bloqueada
Amanece totalmente despejado, luego de una noche tranquila para recuperar energías, desayunamos sin apuro y a las 08:30 horas ya estamos en viaje, sin haber tenido noticias de los balseros, seguramente al finalizar nuestra travesía le enviaremos las fotografías y los comentarios presentes. La jornada se presenta muy similar a la anterior, las cigarras persisten en producir su clásico sonido estridente y monótono, anunciando calor y buen tiempo; por su parte el viento se mueve moderado del noreste, con algunos grados más de temperatura, ya a las 10 de la mañana el termómetro marca 31º; sabemos que ésta puede ser una jornada algo complicada ya que al llegar al pueblo de Carcarañá deberemos sortear un azud nivelador que corta el curso del río, pero algunos nativos comentaron que hay espacio para pasar los botes por una senda lateral, estamos confiados que así sea; aunque no hay que olvidar el dicho: "la confianza mata al hombre"…
En esta tercera etapa el estado físico parece haber repuntado, personalmente no me siento tan "pesado" como el día anterior, avanzamos con muy buen ritmo, devorando los 55 km programados para hoy. El entorno se presenta como menos hostil, aunque siguen las barrancas, el río mantiene un ancho promedio de entre 50 y 70 metros por 3 de profundidad; el verde del tupido monte y mayor cantidad de árboles altos le dan un toque distinto al derrotero. Pasado el medio día, cuando el sol y el estómago comienzan a apretar, avistamos unas costas bajas a la derecha (70º de inclinación) y con buena sombra, no dudamos, desembarcamos y nos encontramos con un abandonado predio, parecido al de Arequito, pero las casitas son menos y no tan rústicas. Nos informaron que pertenece a Casilda, ciudad distante a 15 km. al SE. En el lugar sólo hay una pareja joven preparando un asado, no es la intención interrumpir el encuentro romántico, pero no hay otra costa amistosa, con mesitas de cemento en la que recalar, además el hambre llama. Nos preparamos una copiosa jardinera, con; zanahorias, papas, arvejas, atún, choclo, lentejas, aceite de oliva, entre otros; excelente y fresco. Como la sombra esta muy buena y hay pocos bichos molestos, nos tiramos en el hall de una de las casitas del predio a estirar dorsales. Alrededor de las 14:00 horas, bien relajados, botamos nuevamente los kayaks, el calor es agobiante, unos 34º, estoy a punto de quitarme todo: cubre cockpit, salvavidas, remera sintética, etc., pero logro resistir gracias al moderado viento, además nos falta poco para Carcarañá y no sabemos con qué nos encontraremos…
Cerca de las 16:00 horas, un fuerte olor a putrefacción nos señala que llegamos a Carcarañá, al ingresar nomás pasamos junto a una herrumbrada instalación fabril fuera de servicio, por suerte. Luego cruzamos el primer puente y avanzamos hasta el azud; el aroma es cada vez más intenso; grande es nuestra sorpresa al no encontrar ninguna salida lateral: de la ribera izquierda, la barranca y los vertederos del dique; del otro lado la fábrica (molino harinero en plena faena), pero previo al molino, por un par de kilómetros un prolijo alambrado olímpico resguarda el coqueto campo de golf "de la fábrica", de los nativos descendientes de los antiguos caracarás, ex dueños y habitantes originales despojados de estas tierras, hoy pescadores y únicos bañistas oficiales del Carcarañá, los hemos visto revolcarse y jugar haciendo tobogán con el mal oliente y degradado barro.
Todo está en contra, no hay salidas laterales, está todo cercado, el río cortado, violando todas las legislaciones vigentes al respecto (ver Ley Nacional sobre camino de sirga: espacio obligatorio de libre circulación, que hay que dejar desde el margen del cualquier río o arroyo. Concretamente, podemos citar del Código Civil - Libro Tercero - De los derechos reales - Tit. VI - De las restricciones y límites del dominio, el "Art. 2639.- Los propietarios limítrofes con los ríos o con canales que sirven a la comunicación por agua, están obligados a dejar una calle o camino público de treinta y cinco metros hasta la orilla del río, o del canal, sin ninguna indemnización. Los propietarios ribereños no pueden hacer en ese espacio ninguna construcción, ni reparar las antiguas que existen, ni deteriorar el terreno en manera alguna".
Obviamente nuestra "temperatura" va en aumento, la imagen nos recuerda filmes como "Un día de furia", en el que el protagonista lucha contra la naturalización instituida por las corporaciones y los negociados económicos que dominan la escena postmoderna, que se contextualizan dentro de la realidad social cotidiana. Aunque también desde nuestra perspectiva hay que pensar también en las condiciones en las que llegaron a producirse estos estados finales, que los nativos ya ven como algo naturalizado; es necesario preguntarnos dónde y cómo surgen, para construir un saber acerca de esta realidad, es imposible obviar la historia, tanto en lo objetivo (actos, hitos, etc.), como en los aspectos subjetivos (formas en las que cada actor reconstruye la historia, mitos, recuerdos y omisiones).
En esta realidad que reclama cambios, es necesario pensar un espacio público más asimétrico, como espacio intercultural. Lo público nos remite a la antigua Grecia, en este caso referido a la "Polis" y la política, que era hacer el bien para los ciudadanos que viven en la ciudad. En la actualidad este espacio cambió. Resignificar lo público tiene que ver con reconstruir, recuperar la política y que no quede subordinada simplemente a los caprichos de los funcionarios de turno o las leyes del mercado.
Con todo esto en la cabeza, nos dirigimos directamente hasta la planta, hacemos pie como podemos en el putrefacto barro de la pequeña barranca a sólo 30 metros de la caída de agua, Roberto se queda con los botes mientras trepo la barranca con los "dientes", estoy algo furioso, dentro del cuidado predio me cruzo con un criollo que con moderna maquinaria limpia una calle interna, asustado me dice que no tiene nada que ver, que me dirija a la oficina de entrada, ahí voy todo embarrado y mal oliente, el portero se sorprende ante la presencia, en tono molesto le relato la situación; con amabilidad me explica que debemos cruzar el dique por la izquierda, antes de los vertederos debemos sacar los botes y bordearlo.
- ¿Pero si no hay rampa de acceso, el lugar es barrancoso, no vimos el lugar que menciona?
- Ustedes tiene que salir antes del vertedero hay un cemento en el que pueden hacer pie y levantar los botes (insiste con la explicación).
- Ok, vamos a probar. Otra pregunta: ¿de dónde viene ese olor tan feo?
- Es de las piletas de decantación de los residuos de la fábrica, están del otro lado del río y por el viento se sienten aquí…
- ¡Es insoportable! (el empleado no responde, se ve que le debe gustar). Mejor me voy, regreso al río.
Le comento a Roberto lo conversado, coincidiendo con lo que a él le explicó un pescador, la única opción es por la izquierda, pero se ve feo. Nos acercamos y se ve más feo, en la parte de los vertederos no se puede hacer pie ni treparlos, sólo queda la barranca, de unos 2 metros a casi 90°, realmente de no creer lo de esta gente, además como frutilla del postre leemos un cartel que anuncia "Prohibido pescar, decreto Nº…" sin palabras…
Mientras, trepo como puedo, mi compañero desde abajo ata el primer bote y con gran esfuerzo logramos subirlo, entre la adrenalina y el apuro (el trámite, desde que llegamos al azud nos ha llevado más de hora y media) sacamos fuerzas y subimos el otro bote, mientras los pequeños de alas transparentes se dan el festín. Ahora queda la bajada hasta el rápido, tiramos los botes al agua, lo único que queremos es alejarnos de este maldito lugar.
Pasamos un puente y preguntamos por el camping a unos caracarás que pescan y se revuelcan en el fango, nos recomiendan seguir hasta el parque Sarmiento, distante tres o cuatro kilómetros, ahí vamos. La tarde se acaba, queremos llegar, preguntamos a otros y nos dicen que falta poco, es en aquella arboleda; finalmente llegamos, para variar la costa es hostil como todas, si el parque es igual estamos fritos. A los tirones y con el pegajoso lodo por las rodillas sacamos los kayaks y subimos la pequeña loma y… No podemos creer el lugar, el parque-camping es espectacular, de primer mundo, el predio tiene unas 20 hectáreas, con suaves lomas muy bien arboladas, proveeduría de primera, baños muy buenos (con agua caliente), tres piletas, área peatonal, asadores, juegos, comedor, bar, cabañas, guardias de seguridad, hasta cyber. Hay más de 200 carpas en el predio, esta todo el pueblo y también de las localidades vecinas, pero eso sí, en la parte del río sólo hay un par de carpas, está muy claro que no interesa, sólo es algo ornamental secundario. Me quedo con los Drakkars, mientras Roberto, con todo la indumentaria kayakera y todo el barro incluído, atraviesa el predio como sapo de otro pozo, ante la curiosa mirada de los presentes, es que el ingreso y administración está en la otra punta, bien lejos del río.
Aprovechamos las modernas instalaciones, nos aseamos, reaprovisionamos y nos relajamos un poco olvidando la dieta habitual. Como contra debemos decir que no fue una noche tranquila, ya que a altas horas, pequeños grupos de jóvenes, presumiblemente usando el perímetro del predio como "tontódromo", gritaban y se divertían entre ellos, molestando obviamente a los pocos que acampábamos en este lugar olvidado del parque, sí, el sector del río…

• Cuarta jornada. Carcarañá - Andino: Sorteando obstáculos
Amanece y nace otra espléndida mañana; en el desayuno con frutas, cereales, leche chocolatada y barras energéticas caseras, el sordo timbre sonoro de las chicharras presagia otra soleada y calurosa jornada. Estibamos rápido, sabemos que esta etapa puede ser una de las más complicadas, debido a una represa destruida que hay en Lucio V. López (peligrosos escombros) y luego el azud de Andino, el de la papelera.
Con el ánimo recuperado y optimistas, avanzamos con buen ritmo, 10-12 km/h a pesar de que la corriente es cada vez más lenta, excepto por un par de rápidos que cruzamos. En este tramo es notable la cantidad de tortugas de agua que encontramos, no las habíamos visto antes en el Carcarañá, pero sí en el Ctalamochita (Tercero), toman sol en las márgenes toscosas, e inmediatamente se zambullen ante nuestra aproximación, nos divertimos un rato con la presencia constante.
Pero hablando de rápidos, son muy peligrosos los que encontramos en el destruido dique, ex usina de Lucio V. López, sabemos que funcionaba como una mini represa para generar energía eléctrica y que una fuerte crecida agrietó el murallón, que luego se dinamitó para dejar el paso libre por el río, evidentemente al observar las particularidades del espacio dejado, lo de libre fue sólo una expresión de deseo, el agua corre muy turbulenta y nerviosa, asoman peligrosos escombros por todos lados y a baja profundidad, ideal para destruir el equipo. Superado el primer rápido, nos detenemos en una pequeña playa a la izquierda para observar con detalle el lugar y la posibilidad de pasar navegando la parte más comprometida. Decidimos navegar un corto tramo por la izquierda y luego levantar los botes unos 30 metros para evitar la turbulencia, pero a pesar de esta alternativa no podemos evitar golpear los kayaks sobre los caóticos restos de cemento, escombros y hierros varios, no pocos son los insultos proferidos que llenan todo el espacio del éter próximo, que en este caso, por la ausencia de los responsables del peligroso y desastroso estado del lugar, constituye el medio transmisor de todas las estas desbordadas manifestaciones de energía.
Entre lamentos, abandonamos el lugar, esperando el próximo obstáculo, en Andino. Mientras continúa la presencia de numerosas tortugas y algunos sábalos que saltan ante nuestro paso, incluso llegando a chocar el casco de los kayaks cuando nos acercamos a la costa; la térmica va trepando hasta llegar a poco más de 35º al sol, lo que obliga a ingerir grandes cantidades de líquido para no deshidratarnos y consumir algunas barras energéticas caseras para afrontar el último escollo del día, y esperemos que de la travesía.
Aproximadamente a las 14:30 horas llegamos al azud de Andino, la caída de agua es muy violenta, en unos 25 metros se concentra todo el caudal del Carcarañá. Exploramos el lugar, a la izquierda está la papelera que se muestra algo deteriorada, aunque no parece muy antigua, también hay una rampa torrentosa de cemento con unos 30º de inclinación por donde supuestamente los peces viajan río arriba, la entrada esta taponada con gran cantidad de basura sólida, desde envases varios hasta animales muertos, ni hablar de los fluidos vaporosos que emanan…; decidimos desembarcar por la derecha, unos 40 metros antes del dique, hay una salida más o menos accesible y luego un sendero con marcados desniveles que salen a una playa de toscas del otro lado del azud, senda hecha por los pescadores locales, espacio público que de ninguna manera ha sido pensado por la gente de la planta. Otra más para la cuenta…
Superado el trámite, que nos llevó más de hora y media, con refrigerio incluido (debíamos descargar el peso de los kayaks), nos saludamos con un orgulloso pescador criollo que se encuentra de paseo con su familia, los mayores han sufrido las consecuencias de la exposición solar sin protector (presentan sus pieles un color bordó intenso) pero el señor nos muestra feliz sus capturas: un sábalo de aproximadamente un kilo y una enorme carpa de por lo menos 5, ambos robados del torrente con un sencillo medio mundo; impresionante la cantidad de peces que se acumulan aquí.
Botamos nuevamente y descendemos a pura pala, el calor aprieta y queremos llegar hasta el camping que nos ha recomendado un lanchero practicando trolling; nos dice que antes de los puentes, a tres kilómetros de aquí, bajó el bote. A medida que nos acercamos las costas son cada vez más hostiles, barrancas altísimas (más de 7 metros); hacemos el último rulo y llegamos esquivando la telaraña de líneas tiradas por los pescadores, pero la costa es un desastre, siempre barrosa y en el mejor lugar con inclinación de 40º, vemos arriba el trailer de la lancha, obviamente este es el lugar, en lo alto se ven algunas carpas del camping.
- Para subir y bajar una lancha por aquí hay que ser Arnold Schwarzenegger.
- Schwarzenegger y el malabarista del circo juntos… qué lugar de mier…
- ¿Qué mier… hace la gente de estos lugares, no puede hacer una pu… bajada como la gente para sus embarcaciones..?
- ¡Es una cosa de locos! ¡Manga de ….!

Nuestros ánimos no son los mejores, otra vez a levantar los botes que pesan cerca de 80 kilos cada uno (otra sesión de fierros, ¡y ya van tres!), estamos exhaustos, encima luego de subir la segunda parte de la barranca por una empinadísima escalerilla cavada en la tosca, hay que transportar 100 metros hasta el predio del camping. Hacemos un último esfuerzo, al llegar nos tomamos al toque más de tres litros de líquido fresco cada uno (con mucho hielo), ¡el calor es tremendo!, nos hemos transpirado todo. El Servicio Meteorológico Nacional informa 37º y una sensación térmica de 41º.
El camping es modesto, tiene pileta (atestada de gente), baños pequeños pero buenos, mucha gente revolcada en la tierra todavía haciendo siesta (hay poco pasto), la arboleda es algo rala; lo mejor es el bar playero y las sobrinas del concesionario… Hay bastante gente que pasa el día, en su mayoría de nivel medio bajo.
Luego de la reparadora ducha fría, armamos campamento a varios metros de la carpa más cercana, necesitamos descansar bien. Pero, en realidad no lo lograríamos…
Ya en el tiempo de relax, mientras disfrutamos de más líquidos frescos en el parador del camping, el encargado (no recuerdo el nombre) nos pregunta:
- ¿Cómo les fue por la zona de Lucio? (Por el destruido dique de Lucio V. López).
- Bueno, no del todo bien, bajamos de los botes pero no pudimos evitar algunos golpes contra los escombros de la presa destruida, el lugar es un desastre… (Le comentamos más sobre nuestra experiencia no muy positiva).
- Bueno pero ustedes la pasaron mejor que el grupo de cinco kayaks que pasaron hace varios días… se jugaron a pasar por la parte fea y se dieron vuelta, rompieron… rayaron todos los kayaks… ellos se golpearon todas las piernas, estaban muy cortados y llegaron con los pies todos hinchados, todos, los cinco se dieron vuelta… Continúa contando el detalle del acontecimiento tipo cinta de los antiguos magazines.
Como reflexión podemos estar contentos, que la elección del paso fue la mejor. Respecto a la opinión de la gente local, sobre el azud de la papelera que corta el río inescrupulosamente, hay opiniones divididas, los detractores pregonan que hay que dinamitar el lugar, mientras que los defensores insisten en la importancia del establecimiento fabril como fuente laboral y recursos para el pequeño pueblo. En la visita que hizo Roberto a la farmacia del pueblo para adquirir algunos productos, el comerciante justificó la obra del azud y a la vez se limitó a cerrar tajantemente el tema manifestando que el Río Carcarañá no es navegable. En cierta forma ésta puede ser una argumentación válida, pero vivimos en un mundo en el que el desarrollo social está muy vinculado al proceso tecnológico y como resultado del desarrollo de la actividad industrial, tenemos también los problemas ambientales consecuencias de esta actividad. La actividad industrial ha determinado un impacto de las actividades humanas sobre los ecosistemas locales, regionales y globales. Todos estos problemas plantean situaciones de riesgo: contaminación de recursos hídricos, como así también los de la atmósfera, que conlleva la degradación de la salud y la calidad de vida. Salud no es sólo ausencia de enfermedad, sino también poder desarrollarse en un medio, respirar aire puro, tomar agua limpia o comer alimentos no contaminados. El desarrollo físico, mental y social, eso tiene que ver con la salud.
El riesgo es consecuencia de nuestro propio accionar. El problema ambiental (ecológico) es el resultado de la acción del hombre sobre su medio. Cuando se buscan resolver problemas de trabajo y recursos, aplicando indiscriminadamente los adelantos científicos y tecnológicos sin tener en cuenta las consecuencias o secuelas de su accionar, el tema se vuelve muy complicado. Entendemos que se requiere revisar la ecuación del costo social que implica. En el análisis del costo hay que tener en cuenta efectivamente el costo social (contaminación, degradación del medio ambiente e impacto en la calidad de vida), pero parece que no nos es posible mirar más allá de nuestras propias narices… Mientras por un lado anunciamos nuestros avances sociales, por el otro condenamos a nuestros niños y ancianos a respirar gases venenosos y comer peces que viven en agua contaminada…

Volviendo al camping, ya a la hora en que las sombras se hacen muy largas, un ruidoso camión categoría repartidor de bebidas, se aparca a escasos metros de uno de nuestros kayaks y como es costumbre en estos casos, un tropel de criollos, adultos y peques, descienden y hacen posesión del predio bien pegado al nuestro, a pesar de que el espacio en el camping es ahora amplio, hay muchos lugares libres. Al comenzar a armar su toldería, debo correr mi bote para que no le claven una estaca en proa… Como amantes y defensores de los espacios públicos, amplios y libres, no entendemos la necesidad de la "montonera" cuando no es necesario. No es que seamos odiosos o rechacemos la socialización con otros grupos, pero desde nuestra mirada filosófica sostenemos y creemos en la relación de un espacio público como aquel que no tiene restricciones para su acceso o para transitarlo, pero, si hay restricciones son simples resultados de un ordenamiento para garantizar la libertad de acceso y de circulación.

• Quinta jornada. Andino - Puerto Gaboto: ¡salimos del Carcarañá!
A pesar de la lluvia de medianoche y el cielo nublado, el clima continúa muy caluroso, con algo más de humedad, ya son las 07:30 de la mañana y vale comentar que hubo mucho movimiento y griterío nocturno en el sector de nuestros vecinos, intercambiando comentarios desubicados y vehementes a altas horas de la noche, con campistas trasnochados al otro lado de la calle interna del camping, lamentable.
Otra vez cargamos los botes, literalmente los descolgamos hacia el río y saltamos dentro de ellos, estilo "El Zorro"… en realidad nos deslizamos por el pestilente barrial y nos limpiamos los pies como podemos antes de ingresarlos al cockpit. La etapa de hoy será la última por el Carcarañá, finalizando justo en la desembocadura de este último en el brazo Coronda, uno de los afluentes principales del Paraná. Esta histórica confluencia vio en el año 1527 levantarse el primer asentamiento europeo de carácter permanente, en lo que hoy es Argentina, aquella flota española era comandada por el veneciano Sebastián Gaboto, fundando el mítico fuerte Sancti Spíritus, que propició el surgimiento de muchas narraciones y leyendas, como por ejemplo la de Lucía Miranda. Así, la mayor parte de los historiadores definen el año 1527 como el comienzo de nuestra historia como país. En la actualidad, después de 478 años, existe en el lugar una reconstrucción del fuerte (veremos en qué condiciones se encuentra) y una pequeña aldea de pescadores conocida como Puerto Gaboto.
Retomando nuestro periplo, apenas salimos de Andino, cruzamos un par de puentes y dos nerviosos rápidos que terminan de sacudirnos la modorra matinal. Nos movemos con buena velocidad a pesar de que por momentos la correntada, surcada por numerosos remansos y remolinos, apenas si supera los 3 km/h. Luego de pasar bajo el puente de la autopista, el cauce del río toma dirección norte y corre paralelo al Paraná separado por escasos 5 kilómetros, desafiando así algunas leyes naturales su corriente se desplaza en dirección opuesta a la del Paraná. Este curioso fenómeno ha sido estudiado por geólogos y para los aborígenes era un hecho sobrenatural que el curso de un río que corría a corta distancia de otro bajara, mientras el otro subía.
La franja de tierra comprendida entre las dos corrientes se conoce como "Rincón de Grondona", antaño tierra cubierta de densos bosques de aspecto selvático, territorio dominado por la tribu Timbú, amigos de Gaboto, algunos querandíes y un puñado de guaraníes, los que nunca entablaron buenas relaciones con los invasores europeos.
El Carcarañá es profundo en este tramo, más de cuatro metros de promedio, no superando su ancho los 60 metros. Ya no hay tortugas, sólo nos acompaña una hostil barranca a la izquierda y un denso bosque de altos árboles a la derecha, no hay espacio para el desembarco, además el barro va tomando, tanto un aroma, como un color, que no invitan.
Once kilómetros más adelante pasamos por la extendida costa de Oliveros, población asentada en la ribera izquierda, vemos varios campings y majestuosas casas de fin de semana de impecable mantenimiento, pero en ningún caso hay acceso al río, todo está bien alto en la barranca (ahora con más de 10 metros), el río es sólo un objeto ornamental lejano. En la ribera derecha aún quedan densos bosques de árboles altos, observamos algunos timbó, árbol de madera liviana y muy resistente al agua, con la cual los aborígenes construían sus angostas canoas y remos; pero también se siente el incesante y ronco sonido de las sierras que dividen la madera dejando sólo la viruta, es el inexorable avance de la deforestación, hoy se impone el campo sojero y la crianza de ganado alimentado a balanceado; la alienación de tener cada vez más, no permite detenerse en pensar las consecuencias, con un Estado ausente en estas cuestiones, tampoco existe entidad civil que pueda oponer alguna resistencia, el bosque, en consecuencia, tiene los días contados…
Ante la imposibilidad de descender a estirar las piernas y acomodar caderas, hacemos una corta merienda acoplando los botes. Pasados unos 5 kilómetros, al arribar al codo de giro al este, llegamos a lo que antiguamente era la aldea principal de los timbúes, paradójicamente hoy la bella planicie, excepcionalmente sin la presencia de la clásica barranca, es un moderno country de prolijas viviendas, de reluciente madera oscura, con terraza al río; además en la costa se destacan un par de carteles que apuntan al cauce y comunican: "Prohibido pasar, Propiedad privada"… jamás un anuncio de: "Bienvenidos, el lugar es de todos"… Gracias muchachos por el recibimiento…
Ya en los últimos kilómetros antes de la desembocadura, el ancho del Carcarañá llega a casi 150 metros, 5 metros de profundidad y barrancas a la izquierda de más de 12 metros; de todas maneras, el hecho destacado es la acumulación de basura en este sector, al parecer aquí llega a su máxima expresión, miles de botellas plásticas, bolsas, papeles y demás porquerías tapizan las costas más bajas, hasta el agua se ha vuelto más densa… por suerte falta poco para salir de esta maltratada corriente de agua continua. Hacemos un par de kilómetros más y finalmente: ¡llegamos a la confluencia!, sin poder ver indicios del fuerte, a pesar de que agudizamos nuestros sentidos, giramos aguas arriba del brazo Coronda acompañados por el moderado viento sur que sube desde el Paraná y grande es nuestra sorpresa al percibir la transparencia del elemento líquido, se ve el fondo a medio metro, por fin algo más limpio. Además en dicha esquina (Carcarañá y Coronda arriba), hay una suave playa de arena fina característica del Paraná, que viste el novel parador y balneario principal (el único) de Puerto Gaboto. Sin pensarlo hacemos pie en la playa (hay muy poca gente, el día esta fresco) y brindamos por la llegada a un lugar, ¡sin barro! ¡Gracias!
Mientras tomamos algo fresco y almorzamos en la playa, charlamos con una de las empleadas del parador, nos explica que esta playa privada funciona hace menos de tres meses y que no es camping, que hay que remontar el Coronda un par de kilómetros (no tiene muy claro las distancias, dice que es por allá… por aquellos pinos…). Como aún es temprano (aproximadamente 15:00 horas), montamos en los Drakkars y remontamos… pero no hay más que barrancas, el acceso es para alpinistas expertos en escalada de pared, ¡qué bajonazo! Decidimos volver al parador y pedir permiso especial de acampe dadas nuestras necesidades particulares.
Le explicamos la situación y la empleada nos da el fono del encargado, Juan Galetto, para que dé la autorización, Roberto llama desde su celular y explica el tema, parece que no habrá ningún problema, pero que lo esperemos que ya baja a la playa.
Mientras esperamos, preguntamos a la muchacha del parador:
- ¿Dónde está el fuerte?
- El fuerte… (respuesta con dudas)
- Sí, el fuerte Sancti Spíritus, bueno la reconstrucción del fuerte, estuvimos leyendo algo al respecto sobre las personas que promovieron la reconstrucción, especialmente lo escrito por Armando Pelayo Soler… (Parece que no lo conoce).
- Bueno el fuerte esta por allá… (señala la costa del Carcarañá río arriba).
- ¿Se puede visitar? ¿Cómo llego? ¿Hay cuidador? ¿Está mantenido o está abandonado? (La estamos atosigando con tantas cuestiones).
- Sí…, se puede visitar, hay que ir para allá…
Con las precisas indicaciones parto para allá… para el fuerte, mientras Roberto se queda en la playa cuidando el material. La caminata es de sólo unos trescientos metros, esquivando casas de pescadores. Al llegar, la imagen es bastante triste, una empalizada circular, ubicada a unos 250 metros del Carcarañá, de aproximadamente 80 metros de diámetro con una supuesta fosa alrededor, cubierta de maleza, a la empalizada le faltan algunos postes, sustraídos por los inescrupulosos de siempre, infaltables a lo largo y ancho de nuestra Argentina. El lugar está literalmente abandonado, no hay cuidador, dentro de la empalizada no hay nada, no hay ninguna reconstrucción de la época, sólo hay tres mástiles de acero y una amplia loza, presumiblemente para actos, que obviamente nada tienen que ver con el contexto temporal de 1527, pero como broche de oro hay en el centro un lindo monolito de medio metro, hito de la reconstrucción del primer asentamiento español en el Río de la Plata, se luce con una brillante placa de bronce del año 2001, donde se lee el nombre del ex gobernador Carlos Reutemann, ¡joya!, lo raro es que todavía no la han saqueado, quizás tenga un kilo de trotil por detrás y si se la pretende arrancar explota... Además, para seguir con la ácida crítica, la puerta de ingreso a la fortaleza siguiendo un criterio lógico y corroborado por los historiadores, debía apuntar hacia el Carcarañá, pero no… en este nuevo y caprichoso diseño la entrada da al monte, ¡cartón lleno!… me siento en un borde de la supuesta fosa, cierros los ojos y trato de imaginar la postal de 1528, la vida de aquellos 823 días del fuerte, de las chozas construidas alrededor por los europeos siguiendo el estilo empleado por los timbúes; en los primeros intercambios culturales y mestizaciones; en el campo sembrado de maíz, trigo, legumbres y zapallo, detrás del fuerte; en la abundante pesca compartida; en el mangrullo con vista al río y al monte; en los hábitos adquiridos por los españoles en este lugar, que habían preferido priorizar el trabajo en la tierra a utilizar las armas. Pero la codicia de los invasores siempre pudo más que el intentar una convivencia respetuosa y armónica.
Despierto del corto sueño y sólo veo desordenadas construcciones a mi alrededor, todo lleno de yuyal, aquí y allá desperdicios varios y algo de basura domiciliaria acumulada en un rincón, todo muy desprolijo. Hago un par de fotos en el lugar y regreso a la playa.
A los pocos minutos, llega Juan Galetto (24), joven funcionario, secretario de la comuna, amante del río y encargado del predio, la charla es distendida y prolongada, encontrando coincidencias en el relevamiento hecho en el Carcarañá, siendo la primera persona con la que conversamos en esta travesía, que muestra un interés genuino en la problemática, por lo cual nos mantendremos en contacto, enviándole la información recolectada y los puntos clave en los que habría que intervenir para por lo menos intentar revertir los lamentables hechos que suceden en la cuenca. También reconoció la importancia de hacer un trabajo a conciencia con respecto a la reconstrucción de Sancti Spíritus, dándole la relevancia que merece. Juan además nos comenta de su lucha con los pescadores locales para evitar el uso de redes con tramado muy reducido, que genera la depredación indiscriminada de los pequeños ejemplares de sábalos y otras especies autóctonas, produciéndose como consecuencia un desequilibrio ecológico de proporciones no imaginables, los pescadores inocentemente piensan que los peces nunca se acabarán.
Alentamos al joven funcionario a hacer realidad algunas de sus inquietudes, quizás dentro de algunos años y en el transcurso de una nueva travesía por estos rumbos, podamos ver concretada la esperanza de observar cambios que ayuden a pensar en una trasformación posible.
Armamos la Eureka sobre el cuidado césped del parador, por fin tendremos una noche tranquila; para festejar le pedimos al sereno que cuide el material y subimos al pueblo a degustar la clásica del lugar: pescado fresco del majestuoso río, para equilibrar proteínas. Camino al establecimiento recomendado, pasamos junto a varias moradas de los artesanales pescadores locales, advertimos que tanto en sus facciones, su color de tez, su aspecto, comportamiento y particular estilo de comunicación, estos humildes pobladores no son otros que los descendientes de aquellos timbúes y querandíes con los que Gaboto entabló las primeras relaciones, fruto, estos nativos actuales, de la primera mestización que se produjera en este territorio. Nuestro imaginario recrea en estas figuras que transitan a paso cansino por la playa y las calles del poblado, el idilio de los caciques Siripo y Mangora, seducidos hasta la locura, por la esbelta silueta y afabilidad de Lucía Miranda. Era la Miranda, no una de esas heroínas pertenecientes a todos los poetas y novelistas, herencia común de cuantos plagian la belleza, molde donde todo el que escribe novelas, o hace versos, vacía sus divinidades. Tal como la describen varios autores, entre ellos Hugo Wast, no era linda ni blanquísima en la extensión de la palabra, ni tenía color de rosa, pero simpática e interesante: una mujer que no se podía mirar sin amar. Su andar, su hablar, el menor de sus movimientos, sus miradas tiernas y expresivas a la vez, atraía todos los corazones, tanto españoles como nativos. Tanta bondad y suavidad había contribuido en gran manera a atraer a la colonia Sancti Spíritus la buena fe y amistad de los Timbúes. Pero como ocurre en los desencuentros afectivos tan intensos, como los que se cuentan en la leyenda, no la historia oficial, fue el detonante del ataque final de los aborígenes (especialmente los guaraníes) contra la población española del fuerte y su posterior destrucción.

• Sexta jornada. Puerto Gaboto - Baigorria (Rosario): El río majestuoso
Luego de una noche ideal para reponer fuerzas, nos levantamos temprano, a las 07:20 horas estamos desarmando el equipo, el viento sopla muy suave del noreste. Desayunamos, hacemos unas fotos, cargamos víveres en los salvavidas y al agua, tempranito porque la larga jornada de hoy (última de la travesía), de más de 55 kilómetros, pinta muy calurosa.
Cruzamos por la profunda boca del Carcarañá (dicen que hay pozos de más de 70 metros), exactamente allí, donde hace 478 años Sebastián Gaboto ancló sus naves llegadas del continente lejano, imponiendo nuevas costumbres y tecnologías; echamos una última mirada, quizás similar a la que hizo el Capitán Francisco Cesar, que a pedido de Gaboto fue el primer europeo en remontar el Carcarañá hasta la región serrana, por supuesto siempre en busca de riquezas, metales preciosos, conquistando tierras y cuerpos.
Nosotros, en este caluroso verano de 2005, emprendemos el descenso por el Coronda cuyo ancho apenas si supera los 500 metros, cruzando de puntazo a puntazo, tal como nos indicó Juan; también comenzamos a probar el mejor lugar para navegar, la cuestión es, cerca de la costa o por el medio. Al efectuar la comparación de las velocidades con el GPS, es notable la diferencia, por el canal (siguiendo las boyas en el centro del río) vamos 4-5 km/h más rápido, elegimos el camino de las boyas, por ahora no se ven buques que puedan poner en peligro nuestra marcha.
Al salir del Coronda e ingresar en el brazo principal del Paraná, advertimos que la costa derecha es totalmente acantilada (nos sirve de guía), mientras la izquierda dominada por 50 kilómetros de alucinantes islas, canales y esteros, hasta la costa firme de la provincia de Entre Ríos.
Lentamente comenzamos a visualizar la silueta, primero de las inmensas plataformas flotantes empujadas por pequeños y potentes lanchones de remolque, luego de los gigantescos buques de ultra mar que vienen desde distintos lugares del planeta a recoger el cereal producido en nuestras tierras. Hay varios de estos buques estacionados junto a los inmensos silos en la costa barrancosa en donde se encuentran ubicados todos los ingenios, acopiadoras y plantas concentradoras, destacándose especialmente el de San Lorenzo. Nos llama la atención el escaso oleaje que estás naves generan, totalmente contrarío a la violenta ola que levantan las lanchas de Prefectura.
Por suerte el resto de las embarcaciones transoceánicas se encuentran ancladas en el canal, con su línea de flotación muy elevada (totalmente descargados), esperando turno para cargar el cereal. Momento que aprovechamos para acercarnos hasta los descomunales cascos de acero, primero con cierta precaución, pero luego de ver que no hay peligro llegamos a tocar sus gruesos cascos y saludar a algunos tripulantes que se ven como diminutos muñequitos sobre la rústica cubierta. Hacemos varias fotos y seguimos viaje.
Apretados por los altos valores de temperatura y humedad, estamos sorprendidos por la velocidad de la corriente del Paraná, que nos permite marcar promedios de 11 km/h; como consecuencia hacia el mediodía hemos avanzado más de la mitad del recorrido previsto, sin detenernos, por lo que se impone una parada, elegimos una isla con buena sombra y una delicada playa de arena súper fina, ¡estamos en el paraíso!, lugar ideal para refrescarnos y reponer hidratos & proteínas.
También nos llama la atención la inusual transparencia de las aguas de este descomunal Paraná (luego nos comentarían que es por el buen nivel de agua), lo que nos invita a olvidar un poco el calor y jugar con los peces de la costa que se devoran hasta las cáscaras de las frutas que consumimos. Mientras, el constante ronroneo de las pesadas embarcaciones que transitan el río demuestra el importante e incesante tráfico. También hace su pasada la embarcación de Prefectura, los saludamos y a los segundos la molesta ola que produce dicha embarcación sacude los botes en la playa, consecuencia: tambucho trasero hasta la mitad de agua, estaba sin la tapa... saludos para los uniformados...
Terminado el descanso continuamos la remada, nos queda el último tramo de 22 kilómetros hasta el norte de Rosario, más precisamente la Reserva de Granadero Baigorria, que gracias al trámite efectuado por Raúl Giorgis, de www.solrio.com.ar, es el lugar escogido para alojar los kayaks hasta el día siguiente en que nuestro transporte oficial (Sandra) nos recogerá.
La bajada final se efectúa con un suave viento favorable del este-noreste que ayuda a bajar medio grado la temperatura, o sea casi nada, el calor aprieta por lo que aprovecho para tomar un poco de sol durante la remada, mientras mi compañero resiste con entereza sin quitarse ni salvavidas ni remeras sintéticas ni usar guantes, durante toda la travesía, impresionante.
Ya con la notable obra cultural de ingeniería que se manifiesta en el puente Rosario - Victoria (60 kilómetros de largo) a la vista, cruzamos junto a un par de sospechosas instalaciones industriales (papelera y refinería), varias de las ruidosas barcazas extractoras de arena y un colorido barrio de pescadores artesanales (esta vez descendientes de los querandíes). Al aproximarnos a destino, comienzan a cruzarnos varios kayaks y embarcaciones recreativas a remo que salen de las numerosas guarderías locales, arribando finalmente a las playas de la Reserva, donde somos recibidos cálidamente por uno de los socios y directivos, el Sr. Marcucci, que amablemente nos abre las puertas de las instalaciones y del quincho cerrado, para guardar los Drakkars.
Esa misma tarde, en la etapa de refresco e hidratación, nos visita en la Reserva nuestro amigo Hugo Sírtori, de Canotaje Meridien (www.kayaksmeridien.com), al que agradecemos especialmente por el hospedaje en su residencia y el paseo por la zona. Hugo, llegó remando en su Starloc (exitoso kayak de diseño propio), desafiando la intensa tormenta de lluvia y viento que se desató en la zona, pero que no representó mayores problemas para este experimentado palista acostumbrado a las cortas borrascas locales de verano.
En la animada charla con Hugo, pudimos corroborar algunas presunciones de las condiciones del Paraná, agregando nuestra propia experiencia vivenciada. La charla continuó en la cena y el sábado por la mañana, mientras vistamos su taller y comercio.
De esta manera, con más de 300 kilómetros recorridos, la llegada de nuestro transporte y regreso a casa, previa degustación de un exquisito pacú del Paraná, ha llegado a su fin nuestra completa travesía.

¡ Hasta la próxima !

Objetivos cumplidos y reflexiones finales
Retomando y revisando los objetivos planteados antes de comenzar nuestra aventura por los ríos interiores de nuestro querido país, luego de haber recorrido algo más de 830 kilómetros, que comprenden la cuenca del Carcarañá, incluyendo el río Chocancharava o Cuarto, el Ctalamochita o Tercero, con sus lagos y diques superiores; así podemos, con la autoridad el haber disfrutado de cada kilómetro, expresar lo siguiente:

· Hemos podido completar exitosamente el relevamiento de la cuenca de los ríos Ctalamochita (Tercero) y Chocancharava (Cuarto), que en su confluencia forman el Carcarañá, registrando el estado de conservación del río. Al respecto, lo vivido no ha sido todo lo grato que quizás esperábamos. El impacto y el desequilibrio de la actividad del hombre sobre el medio ha alcanzado niveles de máxima alerta. En el informe oficial del año 2002, la Dirección Provincial de Agua y Saneamiento expresa que: "…aunque la situación es grave, aún es reversible". A tal grado ha llegado el deterioro que pensar en revertir implicaría que desde las nacientes, aquellas en que el agua es tan trasparente que deja ver con claridad las imperfecciones del fondo a más de dos metros, debemos indicar, por ejemplo, que desde las ciudades como Santa Rosa de Calamuchita, Villa María o Río Tercero dejen de arrojar al río residuos químicos industriales y cloacales sin ningún tipo de tratamiento; así como eliminar los basurales a la vera del río, como los de Río Cuarto, La Carlota o Saladillo, además de controlar las emisiones de las ya mencionadas instalaciones fabriles y frigoríficos de Bell Ville, Carcarañá y Andino.
Como se puede deducir, la situación gruesa esta focalizada en estos puntos, por lo que no parecería difícil para las autoridades actuar en consecuencia, recordemos que no hay que crear leyes ni dictar decretos como es costumbre en una democracia delegativa como la argentina y en la mayoría de los países latinoamericanos.
Lo que hemos visto que esta gente, hace contaminando las aguas y cercando el paso, está prohibido por leyes nacionales. Pero, no, sólo hay promesas que nunca se cumplen, como por ejemplo las del año 2003 en la ciudad de Villa María que construiría su planta de tratamiento de líquidos cloacales. Seguramente los ciudadanos podremos denunciar y objetivar narrativamente las injusticias y la desigualdad, pero sin el apoyo y compromiso del Estado, seguiremos transitando los caminos de una ciudadanía a medias o de baja intensidad, sin derechos y con muchas obligaciones.
Hoy, en un mundo que se globaliza y se integra económicamente bajo la lógica del mercado, hay prioridades y hay hombres que quedarán para siempre excluidos. El consumo aparece como el gran dador de identidad. Tal vulnerabilidad genera acostumbramiento resignado y normalizado. Naturalizando el sufrimiento, sin conciencia de situación, ni estrategias de cambio. Entendemos que la reconstrucción de la solidaridad y formas de vida democráticas, no puede hacerse desde la falta de Estado. La intención es recuperar al ciudadano en desmedro del consumidor.

· Al recorrer los parajes históricos de la región, grande fue la decepción al observar la falta de interés por un uso recreativo y natural del río, tal que los aborígenes los hacían y respetaban. Del entorno los aborígenes obtenían su sustento, sin abuso del medio, utilizando las redes que solían fabricar de fibras vegetales para atrapar los abundantes peces autóctonos. La zona era un prodigio para la pesca y la siembra de la tierra, así lo atestiguaron los primeros europeos, que recuperaron a todos sus enfermos y convalecientes, con solo el cambio de alimentación. Hoy, en el río, sólo a logrado sobrevivir y reproducirse ampliando su población la resistente carpa asiática.
Por otra parte, cuesta también comprender la falta de interés de la comunidad de Puerto Gaboto por darle la relevancia que merece a nada menos que el primer asentamiento europeo en nuestro territorio, el primer encuentro que intentó, en una primera aproximación, ser un intercambio genuino. El solar histórico sufre todavía más que el pueblo de Gaboto, no sólo postergado sino sepultado en el olvido, nadie se acuerda de los orígenes. El secretario de la comuna, nos comento de los numerosos saqueos de los innumerables hallazgos de armas, vestimenta, utensilios y demás objetos históricos que los pescadores han ido recogiendo del río e inmediaciones, no queda nada, todo ha desaparecido. Además este pueblo asentado en un lugar estratégico en la desembocadura del Carcarañá, tuvo una rica historia en la época colonial, siendo asentamiento de misiones jesuíticas, reducción de aborígenes y paso obligado de rutas y caminos. Hoy, esta particular aldea, habitada en su mayoría por descendientes directos de los aborígenes, podría ser un ícono de nuestra historia, pero es sólo un dato más en los libros.

· Cuando pensamos en describir las potenciales posibilidades de navegación del Carcarañá, podemos concluir que de ninguna manera fueron descabellados los proyectos presentados desde la época colonial que pretendían utilizar el río como vía fluvial que favoreciera y agilizara la comunicación con el interior del país, sorteando las acechanzas de los aborígenes. Varios fueron los que plantearon la posibilidad, desde el Marques de Sobremonte (1787), pasado por: el Deán Funes (1810); luego el capitán José de la Peña (1812), que efectuó el primer estudio topográfico, trazando un minucioso plano en el que indicó cada una de las dificultades que presentaba el río para su navegación, el hombre consideró que había que esperar la bajante del río para quitar los escollos que significaban las toscas y algunas salientes de tierra. Así llegado el momento, se dispuso a cumplir con su cometido pero tuvo que desistir ante la imposibilidad de conseguir en las zonas ribereñas hombres dispuestos a trabajar en semejante empresa. El capitán manifestaría que no entró en sus cálculos "que la ociosidad y la holgazanería hubiesen corrompido de tal modo a los habitantes de aquellos pagos".
También el prestigioso ingeniero Luis Huergo (1837), especializado en hidráulica y canalización de ríos, programó un ambicioso proyecto del trazado de un canal que uniría la ciudad de Córdoba con el río Ctalamochita (Tercero), el Carcarañá y el Paraná.
Ningunos de estos proyectos pudo llevarse a cabo, Argentina estaba atravesando otro de los tantos períodos de turbulencia política que impidieron varias de las grandes realizaciones nacionales. Además, las obras quebrarían el monopolio del transporte, que circulaba sobre rieles. Desde las sombras, seguramente los intereses de la empresa ferroviaria británica arrojaron palos en la rueda del progreso para que el Canal de Huergo quedará entre los sueños que el país no supo conseguir.
Transportados al siglo XXI, tantos diques, embalses, azudes, tomas de agua, riego y demás, han logrado mutilar el caudal de estos ríos interiores y también el de su fauna autóctona, en la actualidad, a pesar de contar con buen caudal y profundidad para la navegación de embarcaciones de mediano calado, dicho trámite sería imposible, no precisamente por impedimentos naturales sino por causas culturales: azudes, diques, escombros, puentes, caídos, etc.


LO DESTACADO:

LO PEOR:


FICHA TÉCNICA DE LA TRAVESÍA

BIBLIOGRAFÍA


"Vivir es aprender, para ignorar menos; es amar para vincularnos con una parte mayor de humanidad; es admirar para compartir las excelencias de la naturaleza y de los hombres; es un esfuerzo de mejorarse, un incesante afán de elevación hacia ideales definidos. Muchos nacen, pocos viven".

José Ingenieros

 


Fotos de esta travesía
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Diario El Puntal de Villa María
repercusiones periodísticas


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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