![]() |
|
|
Raíd en kayaks - 24
al 26 de Marzo de 2005
ISLA MARTIN GARCIA
|
Travesías Kayakeras 2005 |
||
|

Objetivos
centrales de la travesía:
Para esta nueva travesía, que sumará más kilómetros
recorridos sobre los kayaks y, fundamentalmente mayor conocimiento del medio,
a través de la observación directa, análisis, conclusiones
y reflexiones sobre lo registrado, además de las intransferibles experiencias
concretas de vida, nos hemos propuesto como objetivos específicos,
los siguientes:
Recorrido
planificado y distancia:
La travesía o periplo tentativo programado por el guía y anfitrión
principal (Claudio Scaletta), cuenta con aproximadamente 110 kilómetros,
a recorrer en tres jornadas.
Participantes, procedencia y embarcaciones utilizadas
- Claudio Scaletta: Capital Federal - SDK 510.
- Alejandro Torretta: Capital Federal - SDK 510.
- Rodolfo de Abelleyra: Capital Federal - SDK 510 (Participó media jornada).
- Eduardo Ibáñez: Córdoba - Weir Cruz Diablo.
- Carlos Nieto: Carlos Paz - SDK Yámana.
- Patricio "Pacho" Nieto: Carlos Paz - SDK 510
- Roberto Milano: Villa María - Drakkar 510.
- Diego Villafañe: Villa María - Drakkar 510.
- Alejandro Battaino: Río Ceballos - Weir Franky
- Javier Cavigliaso: Unquillo - Meridien Starloc
Recursos tecnológicos:
- GPS (navegador satelital). Fotografías satelitales: NASA, CONAE y
LANDSAT 7, geo-referenciadas. Waypoints del recorrido. Brújula y compás
de navegación. Telefonía celular. Handys. Barómetro.
Pronóstico meteorológico.
CRÓNICA DE LA TRAVESÍA
• Primera
jornada. San Isidro - Isla Timoteo Domínguez: aguas abiertas
Cuando los incipientes rayos estelares anuncian que debemos levantar campamento,
pesa en nuestros cuerpos el movido viaje nocturno desde la provincia de Córdoba
hasta San Isidro; las pocas horas de sueño intentan retenernos algunos
minutos... pero, ya estamos en marcha e instalados en el Club Náutico
Azopardo (lugar previsto para la partida), en el cual hemos sido muy bien
recibidos, gracias a la gestión local de Claudio, Rodolfo y Alejandro;
cuyos arribos ciclísticos se producen a los pocos minutos del despegue
mañanero.
Entre saludos y comentarios alentadores sobre el favorable pronóstico
meteorológico para todo el fin de semana, aprestamos los botes para
la partida, mientras Claudio nos muestra algunas cartas de navegación
del Río de la Plata, indicándonos el rumbo a seguir.
Aproximadamente a las 09:40 horas, con algunos minutos de retraso, botamos
las embarcaciones en las turbias aguas del Río de la Plata, en este
sector seriamente afectadas por la polución producida por los residuos
de procesos industriales y biológicos, de más de una tercera
parte de la población del país que vive en la aglomeración
conocida como el Gran Buenos Aires, que presenta una densidad de población
de 14.722 habitantes por km2, datos que permiten comprender, en parte, el
estado del río, que en esta costa occidental alberga la cifra de casi
12.200.000 individuos. Como personas del interior, defensores de la naturaleza,
el aire libre y el cuidado del medio, la vista de estas ciudades nos hace
doler los ojos, el ruido que se genera parece insultar los oídos, el
aire irrita el olfato; recuerdo aquella carta enviada por un cacique aborigen
al presidente de los "hombres blancos": ¿Qué clase
de vida es, cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de
la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna?
El hombre blanco contamina su propia casa y su propia cama, morirá
una noche sofocado por sus propios desperdicios...
Bien, regresando
a la travesía, ponemos proa hacia el primer punto del periplo (20°),
será alguna playa de la isla Zarate, sólo conocida por los palistas
del lugar y nuestros anfitriones, confiamos sin discutir su probada experticia,
tal como ellos mismos lo han hecho, en la visita a la provincia de Córdoba
(travesía por Ansenuza).
Con cielo totalmente despejado y temperatura en aumento, más de 25°,
una leve brisa del este (45°), mece suavemente los kayaks, lo que nos
permite ir conversando y disfrutando del colorido entorno del delta próximo.
Más delante cruzamos el canal Mitre, también una barrera de
rocas semi sumergidas (para evitar la entrada de la fuerte sedimentación
del río sobre el canal); Claudio me comenta del lento pero inexorable
avance del delta.
El estuario que se forma de la unión de los ríos Paraná
y Uruguay, constituye la segunda mayor cuenca de drenaje de América
del Sur, después del Amazonas, transportando enormes cantidades de
sedimentos, por lo que el estuario presenta un gran número de bancos
de arcilla y limo.
Con poco más de una hora de navegación, buscamos con Claudio,
Roberto y Alejandro T., la playa prometida en la isla Zarate. Mientras el
resto del grupo, con Rodolfo a la cabeza, ha tomado un rumbo más a
estribor (hacia el este), pero al ver nuestras intenciones, rápidamente
vienen al encuentro. Exploramos un poco la isla y reponemos fuerzas para emprender
el largo cruce hasta las Oyarbide, por aguas abiertas.
Nuevamente en marcha, nuestros guías nos señalan a babor los
extensos "Bajos del Temor", nombre que inmediatamente trae a nuestro
imaginario historias fantásticas de barcos perdidos, aparecidos y bestias
marinas come kayakistas... pero no, nada de eso, es sólo un ejemplo
más de la marcada sedimentación del Río de la Plata,
por kilómetros la profundidad no supera el medio metro, lo que hace
de este lugar y muchos de la región una trampa natural para muchas
embarcaciones: veleros, lanchas, barcos, etc.; lugar inaccesible para ellas,
pero no para los kayaks; otra vez más disfrutando del privilegio de
recorrer lugares sin la presencia de otras embarcaciones, con la agradable
compañía de muchos peces, como las musculosas lisas de aproximadamente
medio metro, que saltan alarmadas ante la insólita presencia de nuestros
navíos en su hábitat. Les decimos: "tranquilas somos amistosos
y respetuosos, sólo estamos de paso". Al respecto, Claudio nos
comenta como experiencia personal, que en ocasiones hasta han llegado, en
sus vigorosos saltos, a golpear el cuerpo de los palistas, confesando que,
¡pegan fuerte!
A medida que avanzamos, con rumbo a los 60°, la temperatura va en aumento
y el viento en disminución, conclusión: menos olas y menos refresco;
nos despedimos del "Conde" que regresa al continente, motivos particulares
no le permiten continuar el recorrido. ¡Hasta pronto!
Sin altos de cansancio, los kilómetros se niegan a pasar rápido,
las siluetas de Martín García y las Oyarvide parecen siempre
en el mismo lugar, la velocidad media es algo lenta, menos de 6 kilómetros
por hora (datos del navegador satelital -GPS-), esto por el efecto de la escasa
profundidad y la suave corriente en contra, hechos que transforman el derrotero
algo desmotivante. Cada tanto nos reagrupamos y reponemos fuerza, para continuar
con más ánimo.
Finalmente, luego de casi cuatro horas de aguas abiertas, llegamos al poco
profundo canal de las Oyarvide, por suerte el paisaje comienza a verse más
amistoso, algo de vegetación, pero las costas son muy bajas (poca tierra)
y llenas de juncos, buscamos alguna playa, el conocimiento de Claudio y Alejandro
hace corta la búsqueda, descendemos a estirar las piernas y hacer las
necesidades básicas postergadas.
Los guías nos comentan que vamos con muy buen ritmo y sólo falta
poco más de una hora para llegar a la isla programada para el acampe,
comentan que corresponde a una de las imágenes que Claudio envió
por mail, si es así, será como el premio mayor.
Ante lo dicho acotamos la parada y continuamos poniendo pala hacia el objetivo
planeado. A los pocos minutos cruzamos a unos 1000 metros, a estribor, el
muelle o acceso principal de Martín García, vemos a lo lejos
un par de enormes catamaranes amarrados. Nuestro rumbo es hacia el norte,
ya se alcanza a ver la punta de la isla a la que nos dirigimos, pero también
sentimos la fuerte deriva hacia estribor, por lo que corregimos un poco el
rumbo siguiendo el curso que marca Claudio, que ha bajado el timón
de su kayak (el único del grupo que lo tiene).
A medida que descontamos distancia, comienzan a distinguirse la amplia playa
que en forma de "S" dibuja una curiosa y magnifica figura, el lugar
nos deslumbra con su belleza, si a la isla le reemplazáramos su tupida
y colorida vegetación por las características palmeras caribeñas
o de las islas del sur del Pacífico, estaríamos frente a aquellas
postales que tanto nos venden en agencias de viaje o en algún fondo
de pantalla... Pero no, eso no es lo que queremos, queremos esta isla como
está, desierta, sin gente, con una playa inmensa, con contornos marcados,
de arena tan fina que al pisarla suena como encerada, queremos estos árboles,
queremos esta naturaleza sin vestigios culturales, queremos esto, esta isla
perfecta...
Por cierto, los únicos mensajes culturales que aparecen: una inmensa
boya, presumiblemente arrastrada por alguna caprichosa tempestad, desde el
canal Infierno (que nos separa de la costa Uruguaya, distante unos 7 ó
8 km); y un cartel con el nombre de la isla, anunciando que estamos en territorio
de la República Oriental del Uruguay.
El reloj marca cerca de las 17:30 horas, excelente horario el que hemos cumplido
para recorrer algo más de 42 kilómetros por aguas abiertas,
para llegar a la isla soñada. El ánimo general reconfortado
y muy alto, nos pide relax y contemplación, ante tanta belleza natural
alrededor, pero antes tiramos algunas tomas y armamos el campamento rápidamente
para poder dedicarnos a ello.
La espectacular tarde de principios de otoño va llegando a su fin,
el sol va dibujando su retirada sobre el plateado horizonte del delta, nos
obliga a velar su retirada hasta el último segundo del ocaso, un espectáculo
único desde la isla desierta, siguiendo el contorno de la playa que
se interna sinuoso en las aguas de plata, maravilloso.
Entre comentarios técnicos sobre botes, diseños, prestaciones
y demás particularidades de la navegación, va creciendo lentamente
la inmensa luna llena, tan luminosa que no es necesario el uso de linternas
o faroles, hasta la agradable temperatura ambiente y el escaso número
de zumbadores dípteros armados con aguijones (mosquitos), favorecen
la charla y la preparación de la cena, por cierto, muy variada, de
acuerdo a lo que cada uno entiende por alimentación y nutrición,
quizás en algunos casos la exagerada combinación de carnes grasas
no sea lo más apropiado, creemos que sería importante revisar
hábitos al respecto.
Aprovechamos este tiempo de intercambios para llegar a un consenso sobre el
recorrido a realizar mañana y el sábado, si las condiciones
climáticas continúan favorables, que es lo que anuncia el pronóstico
cibernético. Luego de algunas idas y vueltas, pesa la decisión
de efectuar por la mañana una salida de 3 ó 4 horas cruzando
a las costas uruguayas y luego por la tarde visitar el hito histórico
de Martín García, incluyendo la cena y visita a otros kayakistas
que pernoctan en esta última isla y posterior regreso con navegación
nocturna hasta el campamento base. En esta etapa, Claudio y el GPS serán
los guías, mientras Alejandro T. se ha ofrecido a quedarse en el campamento,
evitando el trabajo de armar y desarmar. Tampoco Eduardo será de la
partida en el cruce a Uruguay, pero sí, nos encontraremos en el muelle
de Martín García para recorrer juntos la isla.
Con la caída de la noche, vestida con el intenso reflejo del satélite
natural, comienzan a pesar las escasas horas de sueño y el esfuerzo
realizado, así, consideramos que es tiempo del impostergable descanso.
• Segunda
jornada. Costa Uruguaya - Marín García: el río y la historia
Sin demasiado apuro, poco a poco, a partir de las 08:30 horas, el campamento
comienza a moverse, similar al lento pero sostenido ritmo de los inmensos
buques de ultramar que viajan río arriba, para cargar cereales en Rosario
y Santa Fe, pasando por el canal Infierno, al norte de la isla.
La mañana se presenta algo más destemplada y ventosa, pero la
tendencia es a limpiarse y comienza lentamente a disminuir la intensidad del
viento de NE.
Desayunamos tranquilos bajo el reparo de un par de arbustos ubicados playa
arriba. A media mañana, con los siete botes semi descargados (el campamento
base quedará armado), nos hacemos a las aguas del Río de la
Plata, saludamos a Alejandro T. y Eduardo, que se quedarán, aprovechando
el relax isleño.
Ponemos rumbo al NE (35°), advirtiendo una marcada bajante de la marea.
Al comenzar el cruce del canal Infierno hacia la punta Martín Chico,
en la costa de la vecina República Oriental, el viento paulatinamente
va disminuyendo su intensidad, pero ha dejado una desordenada serie de olas
pequeñas, de no más de 30-40 centímetros. A medida que
no acercamos a la costa visualizamos otra vez playas desiertas de arena ultra
fina, la envidia de más de un balneario de la costa atlántica
argentina, aquí también el agua es menos colorida, esta más
limpia, entendemos que es por el aporte del río Uruguay y la escasa
polución causada por la ausencia de grandes concentraciones humanas
en esta costa.
Desembarcamos y recorremos unos 200 metros a pie hasta una impresionante laguna
de aguas transparentes, es una cantera inundada, rodeada de altas barrancas
de piedra. Pacho Nieto queda fascinado con el lugar y pretende bajar su bote
a la laguna, lo convencemos para que desista; gana la opinión de la
mayoría.
Desde la límpida playa se observa a unos 500 metros una pequeña
isla (La Carreta) con mucha vegetación y arenal de postal incluida.
Carlos propone, ya que la temperatura está en aumento, el agua es de
lo mejor que hemos visto en este río y la marea está baja, cruzar
caminando y nadando con los botes a tiro de cuerda. Listo, opción aceptada,
comenzamos el cruce.
El piso del lecho es una maravilla, todo arena súper fina y compacta,
nada más que arena, pero a medida que avanzamos comienza el declive:
tobillo, rodilla, muslo, cintura pecho, cuello... a nadar, el agua está
a una térmica estupendamente refrescante, un placer. Así, unos
doscientos metros antes de la isla disminuye la profundidad, hacemos pie,
pero el efecto de la mencionada bajamar, nos impide llegar con los botes hasta
la playa, los dejamos a cien metros y visitamos la isla, justo a la hora del
almuerzo. Para la ocasión, abrimos un par de latas con postre de dulce
de leche incluido, hacemos algunas fotos y nos ponemos en marcha nuevamente,
ahora hacia Martín García. Ya se observan las numerosas avionetas
que despegan y aterrizan constantemente en la pequeña pista de la isla,
hay vuelos de bautismo y viajes al continente.
Cruzamos el canal y notamos los efectos de la bajamar en las proximidades
de la costa norte de la isla de destino, intentamos hacer un rodeo hasta encontrar
alguna vía más profunda o canal, nos dividimos, Pacho, Javier
y Alejandro B. rodean la isla por babor, mientras Carlos, Roberto, Diego y
Claudio, vamos por estribor, rumbo que nos obligará a pasar por el
campamento base, en el que se quedará Claudio, pero Eduardo se unirá
a la expedición a Martín García.
El reloj ya cuenta casi las 15:20 horas, aceleramos el ritmo para encontrarnos
con Eduardo y viajar juntos. Al llegar al campamento, Alejandro T. nos informa
que el compañero partió hace unos minutos, sin detenernos giramos
el cabo Isla Norte y continuamos a toda pala, pero ya muy lejos lo vemos cruzando
hacia al muelle principal de Martín García. Igual le seguimos
imprimiendo velocidad, pero la bajante no nos perdona, con Carlos y Roberto
debemos bajarnos de los kayaks y "caminar por el agua", hasta buscar
un poco de profundidad.
Finalmente la alcanzamos, a unos 500 metros del muelle, en el que se encuentran
amarrados dos poderosos catamaranes que transportan turistas desde El Tigre.
Al llegar nos encontramos con el resto del grupo que nos está esperando.
Además, de nuestros compañeros de travesía, también
nos reciben entusiastas los molestos zumbadores de alas transparentes. Rápido,
nos cambiamos e ingresamos al circuito turístico. Antes de subir al
muelle, nos topamos con unos 20 kayaks (de dos grupos diferentes), recordemos
que el camping está a unos 700 metros, siendo incómodo y difícil
transportar los botes hasta allí. Justo en ese momento uno de los grupos
está por partir a realizar unas vueltas por el perímetro de
la isla y visitar a Claudio, que se ha contactado con ellos mediante el handy,
saludo acotado y continuamos el recorrido.
Para contextualizar, la isla Martín García, posee una superficie
de 200 hectáreas, está habitada en forma permanente por unas
140 personas aproximadamente; actualmente destinada exclusivamente a Reserva
Natural por el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo
(ley nac.20645/74) en su artículo 45 establece "Que la Isla Martín
García será destinada exclusivamente a Reserva Natural para
la conservación y preservación de la fauna y flora autóctona,
bajo la jurisdicción de la República Argentina". En su
carácter de Reserva Natural de Uso Múltiple (ley prov.12103/89),
es patrimonio de la Provincia de Buenos Aires siendo el Ministerio de Asuntos
Agrarios a través de la Dirección Provincial de Recursos Naturales
es el organismo responsable de las tareas de protección, conservación
y manejo del patrimonio natural.
Cuando fue declarada Reserva Natural, no solamente se heredaron sus recursos
naturales (explotados masivamente en el pasado) si no también una superficie
impactada por la acción del hombre (en el año 1967 estaba habitada
por más de 4.000 personas), de allí que todavía hasta
la fecha se encuentran vestigios culturales en muchos de sus ambientes, que
al volver a las manos de la naturaleza se fueron cubriendo de vegetación.
La isla cuenta con una rica historia que ha motivado su declaración
de "Lugar Histórico" por Decreto Nacional 4.718/58.
En 1516 fue avistada por primera por europeos, por el navegante español
Juan Díaz de Solís, cuando exploraba el sur del continente americano
en busca de un paso hacia el Océano Pacífico. Solís,
sepulta en la isla al despensero de su nave de nombre Martín García,
dando el nombre a la isla.
El lugar se constituyó en un sitio estratégico para custodiar
el río de la Plata, siendo escenario de varios combates navales desde
1810, entre las escuadras patriotas y las invasoras tanto de origen brasileño
como anglo-francesas. En la isla también funcionó una cantera
de la cual se extrajeron los materiales para empedrar la ciudad de Buenos
Aires; funcionó un crematorio mandado a construir durante la Presidencia
de Domingo F. Sarmiento en 1874, el cual tuvo gran actividad durante la epidemia
de fiebre amarilla que azotó a la Argentina en 1881; desde 1881 a 1960
funcionó un Penal tanto civil como militar; fueron alojados en carácter
de presos en la isla, desde los principales caciques capturados durante la
Campaña del Desierto (por ejemplo Pincén), hasta los ex-Presidentes
institucionales Hipólito Yrigoyen, Juan D. Perón y Arturo Frondizi.
El 19 de noviembre de 1973 la Argentina y la República Oriental del
Uruguay firman el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo.
En su artículo 45 se establece que la Isla Martín García
será destinada exclusivamente a Reserva Natural para la conservación
de la flora y fauna local.
Mientras recorremos
sus calles cargadas de historia (en la isla no hay vehículos motorizados,
sólo hay un par de camionetas de la Prefectura); pasamos por la añeja
panadería de construcción colonial, aprovechando para adquirir
la especialidad de la isla y única elaboración propia, el clásico
pan dulce de Marín García.
Continuando con el recorrido, visitamos el museo, el teatro, la cuadra y la
capilla, pero no hay guías en ningún lugar, sólo vienen
con los contingentes turísticos, por lo que aprovechamos, propios y
extraños, algunas explicaciones de Eduardo, nuestro mejor historiador
disponible. Luego recorremos el barrio chino, la planta generadora de energía,
varios hitos o monumentos que representan la colaboración entre los
dos países.
La densa vegetación que encontramos, es parte de las selvas del norte
mesopotámico en pleno ambiente templado, debido a la difusión
por las corrientes fluviales, hecho que permite la proliferación de
los zumbadores con aguijones (parece que nunca fumigan). Al llegar al cementerio,
son tantos los mosquitos que es una tortura poder estar unos segundos contemplando
las curiosas tumbas que datan de más de 140 años, muchas con
sus cruces que no forman los clásicos ángulos rectos, en estos
casos, el palo horizontal esta inclinado (oblicuo), unos 25°. Tiramos
algunas hipótesis, pero no sabemos a ciencias cierta cuál es
el motivo.
Artos de los zumbadores que poco respetan el repelente, nos dirigimos al camping
a visitar a algunos kayakistas de Rosario y Buenos Aires. Mientras intercambiamos
comentarios técnicos y derroteros, Roberto, Eduardo y Carlos aprovechan
para hablar por teléfono desde la casa de la encargada del camping.
Nos despedimos de los otros navegantes y nos dirigimos al único comedor
abierto de la isla, estamos hambrientos luego de la navegación, la
caminata y la succión... de los zumbadores.
En el bar-comedor nos encontramos con un curioso personaje, José, el
encargado. Su trato, mezcla de: hostil, indiferente, enigmático y por
momentos con cierta dosis de cortesía, logra manejar nuestra intención
degustadora de acuerdo a su parecer y además aplicándonos una
tarifa descabellada por el servicio ofrecido. En resumen, su atención
fue un verdadero cóctel de incoherencias, mal gusto y prepotencia,
entendemos que si la intención de esta gente es atraer a los turistas
y hacer que se sientan a gusto, este personaje logró el efecto totalmente
contrario.
Entrada la noche, regresamos al muelle cruzamos el poblado, que con sus típicas
callejuelas y construcciones coloniales parece introducirnos en el túnel
del tiempo...
Cargamos agua, bajamos al muelle y comenzamos la navegación nocturna.
Sopla una suave brisa del NE, que "hamaca" suavemente los botes,
que parecen contagiarse del brillante reflejo de la luna, tan brillante que
no necesitamos artefactos artificiales para guiarnos.
Luego de unos 40 minutos, arribamos al campamento sin novedades. Alejandro
T, arma rápidamente una fogata. A la luz del fuego que matiza los plateados
rayos lunares, se suceden las anécdotas y recuerdos de la jornada;
finalmente llega la hora del descanso, mañana regresamos a San Isidro,
pero tomaremos un recorrido diferente, pasando por algunos canales del delta.
• Tercera jornada. Isla Norte - San Isidro: Bajos del Temor
Amanece otro día espectacular, mucho sol y temperatura muy agradable,
24° a las 09:00 horas, lo que presagia una jornada calurosa, pero por
suerte el viento sopla suave pero constante del SE, lo que ayudará,
no precisamente en la dirección del derrotero (impactará de
costado, concretamente, de babor), sino en refrescarnos un poco.
Desayunamos tranquilos, aproximadamente a las 10:00 horas botamos las embarcaciones
y nos despedimos de la soñada isla que fue el hogar por casi tres días,
¡hasta pronto!
El primer tramo del regreso consiste en cruzar hasta las islas Oyarvide, sería
ideal comenzar a un ritmo suave para calentar bien el cuerpo, pero parece
que Claudio tiene otras intenciones, avanza a demasiada velocidad y nos saca
una buena distancia. Al llegar a las islas, nos cruzamos con parte de los
kayakistas que pernoctaron en Martín García, el grupo de A.
Mogravi. Curiosos, vemos los infructuosos intentos de un kayakista para desplegar
una vela que le ayude en el esfuerzo de mover un pesado "doble"
rotomoldeado.
Nos saludamos con algunos integrantes de este grupo, intercambiamos un par
de conceptos, pero repentinamente observamos que nuestro guía continúa
a toda máquina poniendo proa hacia la boca del Paraná Miní,
una de las tantas del delta. Buen viaje...
Con algo de ayuda de la suave correntada, tratamos de agruparnos para seguir
todos juntos, lo logramos y luego de más de dos horas largas de remo
llegamos a la entrada del Paraná Miní, nos desviamos a los pocos
metros y giramos a babor tomando el arroyo Diablito, ingresando en los intrincados
canales del delta. La idea es parar en un cruce de canales, que Claudio tiene
relevado, pero al llegar al sitio, hay una sorpresa, el pequeño lugar
de desembarco está ocupado por un velero, mala suerte. Desviamos en
un canal secundario y buscamos otro lugar de desembarco; lamentablemente no
hay nada bueno, las costas no son amistosas, predominando ampliamente el barro,
los juncales y la selva cerrada. No hay problemas, acoplamos los botes y realizamos
un almuerzo embarcados, abrimos algunas conservas y armamos una nutritiva
jardinera con atún; pero sin poder estirar las piernas, nada bueno
pensando que la próxima parada será en la isla Zarate dentro
de unas 3 horas.
Finalizado el recreo, salimos del canal y al volver a aguas abiertas pasamos
por los Bajos del Temor, advirtiendo que el viento del SE (de babor) ha comenzado
a aumentar levemente su velocidad, pero aún no se manifiesta en olas
debido a la escasa profundidad del lugar, menos de 40 centímetros.
Claudio informa que quizás tengamos problemas de profundidad antes
de llegar a la isla Zarate, por lo que intentamos abrirnos un poco más
hacia babor, pero parece que el banco es demasiado extenso, a los escasos
3 ó 4 kilómetros debemos descender de los kayaks y emprender
la caminata acuática; pero que no tiene nada de desagradable, es un
placer caminar "por el agua" sobre el suave banco de arena, en medio
del Río de la Plata, lejos de cualquier costa; como remate o postal
de fondo, frente a nosotros, demostrándonos además la excelente
visibilidad registrada, se pueden identificar todas las edificaciones importantes
del gran Buenos Aires: imponente, extenso, artificial. Nos da la sensación
que millones nos miran, pero en realidad hay millones que ni siquiera podrán
vivir lo que hoy estamos disfrutando, ni se lo imaginan... alguien del grupo
comenta:
- Si todos esos vinieran aquí, pobre río... Quizás habría
que pensar que si muchos conocieran esto o sólo algunos de los fantásticos
lugares que hemos recorrido, podría haber un cambio de conciencia sobre
el cuidado del medio. Tema para reflexionar.
La bienvenida
caminata nos ha dado un respiro para afrontar lo que falta. Apenas ganamos
un poco de profundidad, navegamos nuevamente (una hora) hasta la isla Zarate.
Hacemos la última parada, nos reaprovisionamos para las próximas
dos horas hasta el Náutico Azopardo.
Siguiendo la misma tendencia de las últimas horas, el viento continúa
su lento incremento, nada preocupante, por el momento.
A poco de partir, nos alejamos de la isla Zarate para esquivar la mencionada
barrera de rocas semi sumergidas que pasamos el primer día, colocadas
para evitar la sedimentación del canal Mitre (luego Paraná de
las Palmas); apenas la superamos, llama la atención, cómo se
rompe el horizonte del Río de la Plata, unas verdaderas moles de agua
en forma de olas con algunas rompientes despiertan inquietudes, y lo peor
es que hacia allí nos dirigimos ¿de dónde salieron? ¿Aquí
la ola es mucho más pequeña? ¿Se viene el temporal? ¿Podremos
aguantar la embestida?...
La respuesta es simple, el viento no se ha convertido en vendaval ni se viene
el temporal, estas magníficas olas de entre 1,5 y 2 metros de altura,
se forman únicamente en los aproximadamente 300 metros del ancho del
canal Mitre, que debemos cruzar. Por efecto del viento que corre justo en
dirección contraria a la corriente, lo que genera la ola de contracorriente
que apreciamos. Aprovechamos la oportunidad y disfrutamos del marcado vaivén,
perdiendo de vista por momento a los compañeros de flota, impresionante
experiencia, la frutilla del postre.
Pasado el canal, ha quedado la molesta ola de costado, a babor (de 30 a 40
centímetros), que obliga a los kayakista menos experimentados, como
en mí caso, a efectuar la desgastante tarea de corregir el rumbo permanentemente,
paleando con más energía de un lado o intentando la corrección
con la escora del bote (mucha cintura). Mencioné el caso de la experticia
de los navegantes, porque los con más horas de pala, afirmaron que
en ningún momento debieron recurrir a la corrección de rumbo,
remaron como si nada, pienso: ¡qué bueno, quizás cuando
tenga más experiencia podré sentir lo mismo!... o sabré
si me están engañando...
Entre paladas y fuerzas asimétricas aplicadas, poco a poco comenzamos
a distinguir mayores detalles de la costa de San Isidro, se destacan los coloridos
kite-surf, veleros varios, lanchas y muy pocas motos de agua (curioso y bueno,
sólo vimos dos), que efectúan miles de veces el circuito dragado
paralelo a la costa, lo que para los oriundos de los pagos de Argentina adentro,
se conoce como el tontódromo. Antes de cruzarlo, nos reagrupamos, esperando
algunos retrasados degustadores de carnes con alto contenido de grasas, para
formar un bloque y ser vistos con facilidad por otros navegantes.
Apenas cruzado el tontódromo, comenzamos la aproximación final
al Azopado Club, uno a uno vamos desembarcando, muy felices con el periplo
efectuado (los mosquitos también están contentos), nos saludamos,
hacemos la última foto todos juntos y...
¡ Hasta
la próxima !
LO DESTACADO:
FICHA TÉCNICA DE LA TRAVESÍA
"Si la educación
triunfa, cada virtud del individuo es utilidad pública y desventaja
privada".
Friedrich Nietzsche
———·•·———
|
Si desea hacer sugerencias, correcciones o preguntas por favor contáctenos |
. |