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Travesía en kayaks - Abril de 2004

ISLA MARTIN GARCIA 2004
La travesía que no fue

Recorrido originalmente previsto: cuatro días (Semana Santa 2004) Escobar - Delta - Isla Martín García - Río de la Plata - Tigre.
Organización: Profesor Carlos Nieto: Universidad Nacional de Córdoba.

 

Preparativos, partida y primer día de navegación por Mariela Oliva
Los preparativos comienzan con varios días de anticipación, se concreta el transporte y la confirmación de la gente.
Hubo que convencer a algunos durante un largo almuerzo, pero valió la pena. Ahora bien, esas personas que colaboraron en convencer otros, ¿qué les pasó que no fueron vistos en la travesía?, aludieron tener fiebre, estado gripal y otras yerbas... pero quedó la duda si los que no estaban convencidos, eran ellos....
Todo estaba listo, la comida, ropa, mapas, lista de integrantes, el aviso a prefectura, documentos, kayaks, etc., etc.
El primer grupo se juntó en el club Náutico Carlos Paz a las 18:00 hs. (Bochito, Catriel, Gonzalo, Emiliano, Carlos y Mariela).
Todos colaboraron a subir y atar los kayaks en el trailer, mientras Carlos y Hugo (dueño de la traffic) terminaban de ultimar detalles, tanto del vehículo como del trailer.
Bueno:
- ¡Parece que todo esta listo! Se escuchó.
Nos despedimos y subimos a la traffic super ansiosos por el tan anhelado viaje a la isla que nos esperaba.
Pasamos a buscar a Natalia y Ale, y seguimos viaje hacia Villa María donde pasaríamos a buscar a Roberto y Diego. Subieron sus kayaks y el pobre trailer parecía quejarse por tanto peso, pero se la bancó todo el viaje.
Estábamos todos, hasta la familia de Hugo, que tuvieron que dejar a su perrito por falta de lugar.
Paramos en Marcos Juárez a cargar combustible y a estirar las piernas, revisamos las ataduras de los kayak y notamos unas manchas negras de aceite en los mismos, pero que no dimos demasiada importancia (nunca nos imaginamos que sería el principio de un cambio de planes en nuestra travesía).
Unos 10 kilómetros mas adelante, nos dimos cuenta a qué se debían esas manchas, la traffic se detuvo por completo, nadie entendía que sucedía, a los pocos minutos Hugo nos da la mala noticia que se había derramado todo el aceite del motor.
Los "mecánicos" a bordo comenzaron a expresar sus hipótesis, mientras Hugo buscaba el teléfono de la grúa en la póliza de seguros, la cual nunca apareció.
Ale por su parte, pudo comunicarse con el *788 y a los 30' apareció una grúa del peaje, que nos remolcó hasta la localidad de Armstrong. Allí, tomamos posesión de la estación de servicio YPF, donde fuimos muy bien atendidos.
Nuestros rostros no sólo reflejaban la tristeza de este contratiempo sino que también mostraban sueño y cansancio, así que comenzaron a desfilar los pocillos de café para mantenernos despiertos y lúcidos para resolver el inconveniente.
Todos comenzamos a tirar ideas:
- Busquemos otra traffic.
- Esperemos hasta que se cumplan las 8 de la mañana y busquemos un taller para que repare la traffic.
- Busquemos taxis que nos lleven hasta Escobar.
- Etc., etc.
Alejandro no se resistía a abandonar la travesía originalmente programada y para la cual habíamos entrenado sistemáticamente. Habló con casi todo el pueblo, contactó remises, transportes de carga, transeúntes, al lechero, al diariero, etc., etc. pero todo parecía en vano, no encontrábamos a nadie que nos quisiera llevar con el trailer.
Carlos tiró la idea de abandonar la travesía a la isla e irnos a Rosario.
Nadie perdía las esperanzas de que todo se solucionara rápido y pudiésemos continuar a la isla, pero a medida que el tiempo pasaba nos dábamos cuenta que teníamos que abandonar el plan original e irnos a Rosario a hacer una travesía explorando el Paraná.
Así comenzó la búsqueda de remises y transportes pero con otro destino, pero... nadie tenía la bochita para enganchar el trailer, las horas pasaban y las ansiedades crecían, llamados y llamados que continuaban en la cabina telefónica de la estación generando interminables tickets, a su vez otros buscamos en la calle, otras estaciones, gente de la zona, y no aparecía un sola persona que nos quisiera llevar o que tuviese el enganche justo para el trailer.
Las desilusiones crecían, hasta que: ¡ por fin !, llegó nuestro salvador JOSÉ, por supuesto que no tenía la bochita, pero si tenía la gran voluntad de llevarnos, así que adaptaron el gancho y encajó perfectamente en el trailer, nuestras caras comenzaron a retomar vida, enganchamos el trailer y subimos a la Ford F100 de José, quien nos llevó hasta Rosario.
Nuestro viaje comenzaba a tomar forma nuevamente. Luego de un par de horas finalmente llegamos a Rosario donde fuimos muy bien recibidos en la Guardería Costa Norte. José coroló su gentileza y gran corazón llevándonos hasta la terminal de ómnibus a sacar los pasajes para el regreso a Córdoba y se despidió de nosotros.
Nos sorprendemos con el contexto de la cuidada y coqueta costanera, que nos conmueve con la impresionante cantidad de embarcaciones a remo, lo que delata una movida realmente apasionante y sanamente envidiable.
Para servirnos de algún consuelo, la gente de la guardería nos informa que en el río de la Plata hay una fuerte sudestada y que han tenido inconvenientes para zarpar algunos de los numerosos kayakistas que realizarían la travesía a Martín García. Recordemos que Semana Santa, por sus cuatro días feriados, es una cita clave en el calendario para dicho evento.
Todos comenzamos a organizarnos para salir a la sorpresiva travesía, cada uno equipó su embarcación y parecía que estaba todo listo, pasajes de vuelta, regreso del trailer a Carlos Paz, kayaks y demás detalles.
Al fin !!, estamos en el agua... a las 17:00 hs. comenzó nuestra travesía por el Paraná. El día estaba nublado y con un poco de viento, así que en la primer tirada hubo que poner esfuerzo desde el principio. El cansancio físico y la falta de sueño se sentían. Cruzamos el brazo principal desde Rambla Cataluña rumbo a la costa entrerriana. Luego pasamos por debajo del nuevo e inmenso puente colgante a Victoria, cuyos imponentes tensores de acero brillaban alineados como el arpa de un gran piano.
Luego de un par de horas de remada, el sol perdido entre los pesados nubarrones se despide de la jornada y nos indica que comencemos a definir el lugar de acampe.
A las 19:00 hs., llegamos a la boca del Paranacito. Húmeda tierra firme de una de las tantas y cautivantes islas de la zona, donde decidimos quedarnos para pasar la primer noche, pero, no fuimos bien recibidos por los pequeños habitantes alados, originales de estos confines, ya que fuimos atacados por unos feroces mosquitos, que disfrutaron a pleno con nuestro plasma.
A los manotazos, armamos las carpas, y comenzaron los preparativos para la esperada cena, se comenzaban a sentir diferentes aromas, sopas, fideos, arroz, atún, entre otros manjares de excursionistas.
Poca tertulia a la hora del postre. Todos necesitábamos descansar para estar recuperados totalmente del inesperado trajín que nos deparó el primer día.
- Hasta mañana ...

mapa del recorrido
Mapa del recorrido (click para ver grande en ventana aparte)


Segundo día por Diego Villafañe y Roberto Milano
Amanece y ¡por fin!, un día despejado y con un tibio sol que ya comienza a calentar nuestros cuerpos, augurándonos una espléndida jornada.
Sin apuro, desayunamos y recorremos los alrededores de la isla, charlamos con unos pescadores que nos muestran las escasas capturas, de las que se destaca una agresiva palometa (prima de las pirañas), que abundan en estos canales... bromeando mencionábamos la importancia de realizar un rápido rol en el caso de vuelco.
En la charla, los pescadores conocedores de los secretos del Paraná, nos recomiendan que tengamos cuidado al desembarcar en las playas de arena:
- Puede haber rayas... y si las pisan, es muy peligroso, tienen un aguijón muy filoso que atraviesa cualquier prenda o calzado.
Lo tendremos muy en cuenta.
Desarmamos el campamento, botamos las embarcaciones y a las 10:46 hs., no encontramos nuevamente en marcha, río arriba, hacia San Lorenzo.
Al mediodía, exactamente a las 12:00 hs., visualizamos a estribor, una ancha boca perteneciente a un brazo del Paraná conocido como la entrada de Los Meones; tomando referencia geográfica de ésta en nuestro GPS.
Con algo más de tres horas de remo, con los rezagos del viento sur-sureste (del Río de la Plata), hemos cruzado algunos batidos canales (viento en contra, corriente que forma olas poco previsibles, con turbulencia), que ponen algo de adrenalina al trayecto.
Más adelante, pasamos junto a varios puertos e ingenios que parecen ciudades, en los que se aprecia el impacto de la explosión de la soja y otros cereales. Hay numerosos y gigantescos navíos de ultramar llegados de lejanos países, esperando por ser cargados. Lo malo: todos los desperdicios al agua. El Paraná es grande y torrentoso, pero son grandes y voluminosos los ingenios, puertos y barcos; da la sensación que no falta mucho para el colapso final. La fauna y la flora, ¿cuánto más podrán resistir con tanta depredación, desidia y negligencia?
La respuesta parece marcada por un destino que no tiene intenciones de revertirse, especialmente en un país como el nuestro, donde la lucha de algunos por cuidar el medio ambiente, contrasta con la falta de ética en los votados, que en teoría prometieron resolver los problemas que desde larga data arrastran varias generaciones, pensando en el beneficio de la masa. (Todo es cuestión de actitud). Estrepitosamente caemos en una expresión aplicable a nuestros tiempos: "mientras más se estrecha la mente, más se agranda la boca". La lectura es crítica, parece que estamos condenados a sucumbir, a manos de la contaminación enajenada de la lógica del mercado... que pretende en su suicida carrera por tener: acabar con el medio, adormecer los sentidos y alienar las mentes...
Nuevamente en camino, a pasar frente a San Lorenzo (a Cabral, soldado heroico, no lo encontramos), hacemos una parada obligada para almorzar a eso de las 13:50 hs., aprovechando una playa extraordinaria, arena muy fina, con un bosque autóctono a unos 10 metros de la costa, un placer para nuestros sentidos. A lo que se suma una muy agradable temperatura de 25°c, que permite a nuestras compañeras de travesía, mostrar sus virtudes, aprovechando esos primeros rayos del otoño para prologar su bronceado.
Los próximos pasos serán seguir río arriba hasta encontrar un canal utilizado comúnmente por la gran mayoría de los remeros en su rumbo a Victoria y luego buscar alguna playa para el acampe.
Palada a palada, corriente en contra, el esfuerzo se hace sentir en los menos entrenados. A la entrada de un gran canal, siendo las 16:46 hs., hacemos un alto para reagruparnos y reponer fuerzas. Como el viento ha calmado bastante, decidimos cruzar el canal principal, hacia el este poniendo rumbo al pequeño curso de acceso a Victoria, el cual finalmente no tomamos, decidiendo poner proa a Los Meones. En medio del cruce nos encontramos con un simpática y hábil serpiente, se trataba de una ñacaniná, o culebra de agua. Esta especie de serpiente es de costumbres acuáticas o semiacuáticas. Se caracterizan por las escamas grandes que cubren su cabeza. La mayoría de las culebras de agua son diurnas y tienen los ojos bien desarrollados, casi siempre con la pupila redonda. Suelen ser aglifas, es decir que carecen de dientes especializados para la inoculación del veneno. El cuerpo está cubierto de escamas romboidales en la zona dorsal y lateral, mientras que en el vientre las escamas se ensanchan y se disponen en una única fila. Se alimentan de ranas, sapos, tritones, renacuajos y peces. La naturaleza la ha dotado de una apariencia que inspira respeto, pero a la vez se muestra elegante con sus tonos amarillos, verde olivo amarronado y grandes manchas negras, formando un destacado patrón en cada segmento de su cuerpo. Como no podría ser de otra manera, se toma varias fotos a nuestro lado, mostrándose algo reticente. Finalmente nos despedimos de ella y continuamos. Al llegar al acceso mencionado, el sol ha comenzado su viaje final de una hora para perderse en el horizonte. Se decide seguir una media hora más y luego buscar un buen lugar para armar campamento.
Con las últimas trazas de luz, y cuando el reloj nos daba las 18:20 hs., desembarcamos en un arbolado paraje (otra isla), por suerte hay pocos "rapaces voladores". Armamos sin inconvenientes, tendemos las prendas húmedas, mientras algunos integrantes intentan, pero sin éxito, pescar algún ejemplar de los clásicos del río. Pero, no importa, estamos disfrutamos de una noche a pedido, espléndida en el Paraná. Un fogón que invita a rodearlo es alimentado permanentemente para que la reunión de amigos no se corte. Como siempre, y entre el clásico intercambio de alimentos, brotan las anécdotas, cuentos y fotografías, prueba cabal de que el grupo mantiene su ánimo alto. Aunque esto sólo durará hasta las cuatro de la mañana...


Tercer día por Roberto Milano y Diego Villafañe
El reloj marca las 08:00 horas. Amanece mal, todo mojado. La lluvia comenzó a las 04:00 hs., no ha parado y según como se presenta, tendremos agua todo el día.
Los preparativos propios del comienzo de cada jornada se ponen en marcha. Se improvisan refugios bajo los cuales arden los calentadores que preparan el agua caliente necesaria para palear el frío que ya comienza a sentirse, producto de la inevitable mojadura.
Debajo de una constante y regular caída de agua, desayunamos de una manera algo desordenada, mientras nos auxiliábamos mutuamente desarmando las carpas que aún quedaban por guardar. Estibamos todas nuestras pertenencias dentro de cada embarcación, incluidos los residuos propios y ajenos. (¿... cuando no?).
Ya estamos listos para partir. Algunos temblorosos compensaron el frío con buena onda y humor, zarpando casi disfrazados de fantasma con ocurrentes capas de polietileno. Así nos hicimos al Paraná a las 09:20 hs. poniendo proa hacia la Boca de Los Meones, punto que oportunamente habíamos tomado como referencia y que el compás del GPS marcaba como rumbo seguro.
Fue así que a las 09:42 hs., llegamos a la boca de Los Meones, punto de intersección exacta con nuestro trayecto de arribada del día anterior, uniendo las puntas de un figurado lazo. Desde allí, bajo una intensa y perseverante lluvia que no nos permitía siquiera ver la orilla opuesta, seguimos la traza guardada en el navegador, resistiendo el viento del sector sudeste, manteniéndonos al alcance de la nublada visión. Mientras remábamos junto a la costa, aparecieron algunos campamentos de navegantes, que nos saludaron algo sorprendidos desde sus guaridas.
Sobre las 10:15 hs., llegamos al Paranacito y algunos hicieron sonar sus silbatos en señal de saludo a los pescadores que compartieron el lugar de acampe del primer día. ¡Quién iba a salir de la carpa para devolvernos el saludo con semejante día!.
A la media hora, nos agrupamos bajo el Puente Rosario-Victoria, momento que aprovechamos para evaluar el estado del grupo, reponer energías, consumir calorías y así atenuar el frío instalado junto al aporte de la lluvia que no cesaba. Allí se nos presentaban dos opciones: el prematuro regreso o continuar el recorrido por el Paraná Viejo. ¿A qué no saben cuál elegimos? ... el espíritu de incansables aventureros nos animó a seguir remando por el Paraná Viejo, ya que esa extensión del derrotero se presentaba diferente y típicamente pintoresca. A la vera del mismo, y mayormente en su costa sur, a espaldas de Rosario, se sucedían asentamientos diversos, tanto lugares de esparcimiento público como caseríos y cabañas particulares con sus muelles de acceso. Algunos lancheros pescadores tímidamente respondían los saludos del grupo, otros, acostumbrados a la soledad, permanecían inmutables ante nuestra presencia. Poco a poco fueron apareciendo modestos restaurantes, bares, una escuela con su dispensario, y a las 12:13 hs., pasamos por el tradicional Puesto Taco, comedor que según cuentan, recibe a sus visitantes con exquisitas especialidades caseras. La lluvia no cesa. El recorrido final del último día se prolonga a medida que remamos por el Paraná Viejo. Buscamos una salida a estribor que nos permita emprender el regreso a nuestro lugar de partida. Algunos se animan a consultar a eventuales pescadores ribereños, pero casi siempre en estos casos, terminamos confundidos por la diversidad de respuestas que recibimos. No hay otra que seguir adelante. Según una de las indicaciones más creíbles, debíamos buscar una boca a la cual llaman Los Marinos. A las 12:41 hs., estábamos virando y tras completar un breve zigzagueo aparecieron las edificaciones de la gran zona urbana, ¡Rosario a la vista!
Son las 13:16 hs. de una ventosa tarde de sábado y aún con lluvia que tiende a mermar. Ahora debíamos recorrer unos kilómetros más resistiendo la correntada, haciendo uso de la vieja treta de "ir remanseando" junto a la costa, evitando que la corriente nos consuma las últimas energías. Así fuimos saboreando cada palada como cuando se nos va terminando un plato de exquisita comida. Entre altos edificios divisamos la figura del monumento a la bandera, la costanera, la cancha de Central, las guarderías de embarcaciones y surtidores de combustible, a los que por suerte no tenemos que acudir. El grupo empezó a separarse debido a los distintos ritmos de paleo o tal vez los que quedaban relegados no querían llegar. Finalmente, y con el majestuoso puente de fondo, tocamos las playas de arena de Costa Norte. El viento soplaba con más intensidad. Uno a uno desembarcó con la emoción de haber cumplido con el objetivo. Son las 15:15 hs., y los saludos fueron coronando el esfuerzo realizado, brotando entre la alegría de todos los participantes.
Lo que algunos llamamos "Viaje a lo inesperado", resultó una experiencia que fortaleció más al grupo, el que demostró saber revertir, mediante una especial capacidad de análisis, solidaridad e imaginación, una situación que a más de uno hubiera desmoralizado. Esta frase puede resumir lo expresado: "La vida es aquello que nos sucede mientras nos empeñamos en hacer otros planes"
Llegó la hora del final, la parte más pesada: cargar los botes en el trailer, distribuir las cosas mojadas, comerse todo lo que sobró, darse una ducha, vestir ropa seca, tomar las últimas fotos, organizar visitas y recibir a los puntuales e incondicionales Rodolfo y Aurelia, quienes se trasladaban a Rosario exclusivamente para auxiliarnos en el transporte de los kayaks de regreso a Córdoba.
Cómo no podíamos volver a nuestros pagos sin saborear lo que el río nos provee (aunque a veces la humanidad se abusa), ... sí, fuimos a cenar pescado a discreción; donde se extendieron los momentos felices hasta cerca de la medianoche. Es hora de partir. Ahora todo lo vivido se reflejará en las mentes de los participantes y será reconstruido particularmente dentro de cada uno... mientras regresamos a casa cómodamente, dejándonos fascinar por las gotas de lluvia que se deslizan por las ventanillas del Chevalier.

Hasta la próxima.

 

Mariela Oliva
Diego Villafañe
Roberto Milano

 

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© SOL RIO (2005)

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