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Travesía en kayak - Febrero de 2004

POR LOS LAGOS DE CHUBUT


"Sí, Moreno, el paisaje cambió, nuestra tierra salvaje avanza sobre tu gente. Así
como hizo que tú salieras de la ciudad, hará lo mismo con ellos, y los espíritus
afines aprenderán las lecciones de la Naturaleza tal como las aprendiste tú y
reforzarán su humanidad así como lo hiciste tú, en las dificultades y con valentía.
Más allá de las áreas de esparcimiento que atraen a los más blandos y
complacientes, todavía hay tierras salvajes para explorar, cañones para seguir,
cimas de montañas para escalar. ¡Ven! ¿Por qué hablamos y hablamos, aquí donde
los políticos pululan como mosquitos? ¡A los caballos, y vámonos!"

Palabras de Bailey Willis al Perito Moreno hace más de 100 años.

En Argentina, entre los paralelos 42° y 43° de latitud sur, al nor-oeste de la Provincia del Chubut; se encuentra un sistema interconectado de lagos y ríos andino patagónicos con un trazado total de unos 140 kilómetros. Este sistema comienza por el norte con el río Tigre que vierte sus aguas en el lago Cholila y finaliza en el río Frey que desagota el pequeño lago Krüger en el lago artificial de la represa Futaleufú, Amutui Quimei. En total son seis lagos y tres ríos los que integran este sistema que fue el objetivo de la travesía en kayak planeada por tres amigos, Hugo Grieben (37), Ernesto Pasman (30) y Federico (Peco) Chevallier Boutell (36).

El fin de la travesía no se centraba en hacer el recorrido en el menor tiempo posible sino en remar unos 35 kilómetros diarios siendo el remo casi la excusa para poder acercarnos lo más posible a esta zona privilegiada del país, observando su naturaleza, gozando de sus paisajes y aprovechando cada momento para asomarnos, por así decirlo, a la perfección de la Creación en sus más variadas manifestaciones. Nos interesaba también adquirir mayor experiencia en la navegación de los lagos y ríos patagónicos para abrir más alternativas de recorridos en kayak en el futuro.
Disponíamos de dos kayaks; uno de ellos un Anaico 610 doble travesía con el cual tanto Hugo como Peco remaban desde hacía algo más de un año en el Río de la Plata, y un SDK 450 también de travesía de Ernesto, que remaba en este tipo de kayaks desde hace unos 10 años también en el Río de la Plata. Se entiende por un kayak de travesía a una canoa cerrada del tipo esquimal que por su largo y diseño permite remar largas distancias, afrontar aguas abiertas, disponiendo a su vez de compartimentos estancos para llevar todo lo necesario para la vida durante la travesía.
El viaje comenzó en la margen este del Lago Cholila el domingo 1 de febrero de 2004. Nos habíamos llegado hasta allí en auto desde Buenos Aires a unos 1.800 kilómetros de distancia. En esta ciudad Hugo había dejado a su mujer Flavia con tres chicos, el menor de 1 año; y Peco por su parte era "sponsoreado" por su mujer Florencia que quedo a cargo de los cuatros chicos siendo el menor de apenas 40 días de edad. Tal vez la parte más difícil del viaje para nosotros había sido resuelta: haber obtenido el permiso para irnos una semana. Para nuestras mujeres por el contrario empezaba la parte mas complicada con una semana de hacerse cargo de cuanto imprevisto surgiera, que con hijos chicos son impredecibles y constantes.
La primera ocupación fue dejar el auto en algún lugar seguro y accesible para buscarlo a la vuelta de la travesía. Para ello, nos contactamos con el propietario de las Cabañas Cerro La Momia en la localidad de Villa Rivadavia, Roberto Jimeno. Luego de dejar los kayaks en la orilla del lago junto con toda la carga, que en teoría debía entrar dentro de los kayaks, Hugo llevó el auto hasta Villa Rivadavia y luego Jimeno lo trajo devuelta al cabo de unas dos horas. La primera sorpresa fue que debíamos pagar 8 pesos por kayak para poder bajarlos al lago, ya que el mismo tiene un solo acceso en un camping que cobra este importe por embarcación, sin importar que la misma fuera un kayak o el Queen Mary II. Después de la sorpresa por lo insólito del pedido, accedimos a pagar para evitar un conflicto y poder ocuparnos de todos los preparativos con tranquilidad.
Los kayaks cargados resultaron ser mucho más pesados de lo esperado, calculando el peso del doble en unos 80 kilos. El SDK también quedó muy pesado y Ernesto necesitaba de ayuda para moverlo en tierra. El peso no nos preocupaba para la navegación porque ya lo habíamos probado con mucho peso con anterioridad; era sólo un problema de comodidad y practicidad en el movimiento de los kayaks en tierra que iba a ser una parte no menor de la travesía como se verá más adelante.
A las 15:30 hs. estábamos en el agua. Teníamos planeado para esa tarde llegar a la desembocadura del Río Tigre en la margen oeste del Lago Cholila. La distancia en línea recta era de unos 10 kilómetros que en dos horas se recorrían con toda tranquilidad. El lago nos recibió con los brazos abiertos, a pleno sol y sin viento. El comienzo no podía ser más alentador y prometedor.
El Lago Cholila está dividido, en líneas generales, en cuatro grandes partes delimitadas por puntas de tierra que salen desde ambas márgenes, sur y norte. Las dos primeras las hicimos sin viento alguno, la tercera con algo de viento de este que comenzó a picar el lago. Ya en el último cuarto debimos ponernos los cubre-cockpits para evitar que entrara la ola de frente que aunque no rompía, era lo suficientemente alta como para mojarnos bastante. Corregimos el rumbo para hacer una navegación más costera y segura por la margen sur. El lago nos dió la primera lección; siempre tener todo el equipo a mano sin importar cuán bueno parezca el tiempo al momento de embarcarse. Los cambios en el estado de los lagos son súbitos y no pueden pescarlo a uno desprevenido lejos de la costa y sin medios de seguridad adecuados. No menciono el uso del salvavidas en todo momento ya que es evidente su uso permanente no sólo en este tipo de travesías sino también en cualquier actividad recreativa en el agua. Nunca subimos al kayak sin el salvavidas puesto y abrochado.
Si bien el viento nos demoró un poco, para las 17:30 hs estábamos desembarcando en el Río Tigre donde pensábamos hacer noche. Este río tiene unos 20 a 25 metros de ancho en su desembocadura, con un color verdoso-lechoso propio de arcillas en suspensión de origen glaciario. El agua es muy fría comparada con la del Lago y con la de cualquier otro río que luego navegamos. El sedimento del río, al mezclarse con el agua del lago, le da a este un color verde esmeralda al mejor estilo Caribe que hace de esta parte del Lago Cholila un lugar privilegiado por su tranquilidad, y los efectos del juego de colores del agua, con la vegetación de la costa, los picos nevados de los alrededores y el color azul intenso del cielo sin nubes. Decidimos armar la carpa a la orilla del río por fuera del bosque ya que el viento soplaba del oeste y el bosque mismo nos daba mucha protección. Si soplara viento del este, se puede entrar caminando por el bosque unos 50 metros y acampar en unos claros del bosque con mucho lugar y protección del viento y lluvia si la hubiera, y buen acceso al río. Hugo y Ernesto salieron a recorrer un poco la zona por la costa del río y volvieron con la infaltable carga de basura ajena que debimos llevar junto con la nuestra. Hugo hizo algunas pruebas de pesca en el río y su desembocadura en el lago con poco éxito en la pesca aunque la actividad sirvió de excusa para pasear un poco por el río y la costa del lago.
Un renglón aparte merece la pericia de Ernesto para identificar las aves que se cruzaban en nuestro recorrido. Lo primero que pudimos ver fue al "Cauquén Real" (Chloephaga pilioecephala) en el mismo Río Tigre. De unos 53 cm, recuerda a la hembra del Cauquén Común, pero tiene su cabeza y cuellos cenicientos, con espalda y pecho castaños algo barrados, los laterales muy barrados, y el ventral blanco. Emparentado con este está el Cauquén Común (Chloephaga picta) de unos 54 cm. En este caso el macho es blanco barradado en negro, con pico y patas negros, mientras que la hembra es castaña, con pecho y espalda barreado en negro y patas amarillas, pico negro. Tanto el Cauquén Real como el Común se desplazan en el invierno a zonas menos frías como el sur de la provincia de Buenos Aires.

Inauguramos la cocina con unos fideos y sopa que salió tan caliente que tuvimos que dejar enfriar una media hora. Peco no calculó bien y de un sorbo se quemó las entrañas de tal forma que estuvo tosiendo un par de días por la irritación de la quemadura. ¿Qué se puede decir de unos fideos, sino que aportan hidratos de carbono y que se hace todo tipo de piruetas culinarias para que sean lo más amenos posibles? La comida la habíamos resuelto con una base de fideos y arroz con salsas deshidratadas de gustos variados. De este modo cubríamos toda la necesidad de hidratos de carbono y completamos las proteínas con aceite de cocina y 1 kilo de nueces peladas de pecan que comíamos tanto arriba del kayak como en las paradas de descanso. Para los dos primeros días llevamos algo de salamín y queso fresco. El dulce o glucosa lo cubrimos con unos 3 kilos de dulce de membrillo en envases de medio kilo, barras de chocolate, pasas de uva, y caramelos de miel. Antes de ir al lago, compramos fruta fresca, manzanas y peras, que nos duró unos tres días en muy buen estado. Los desayunos los resolvimos con cereales tipo Granola con leche en polvo, miel, café y mate.
El día y medio de viaje en auto, más los nervios del comienzo de la travesía, nos dejaron listos para irnos a dormir temprano; cosa que hicimos a las 21:30hs hasta las 8:00 de la mañana siguiente. El secreto de tanto dormir no fue sólo el cansancio acumulado sino el "detalle" que habíamos llevado una colchoneta inflable para los tres en lugar de tres aislantes individuales. La justificación de este "desliz del acampante" fue que la colchoneta ocupaba menos volumen que los tres aislantes con un peso muy similar. La restricción para llevar cosas en los kayaks no era el peso sino el volumen, por lo que todo lo que pudiera reducirlo era muy bien venido. Aun así, esa misma mañana cometimos la imprudencia de pinchar al colchoneta al doblarla para guardarla, por lo que rápidamente la transformamos en una verdadera colchoneta de campamento: léase una colchoneta invariablemente pinchada que para las tres o cuatro de la mañana ya está desinflada.
A las 9:45 de la mañana ya estábamos en los kayaks con todo estibado y listo para el día de remo. La precaución en la estiba era mandar lo más pesado (carpa y comida) al fondo trabándolo con cosas arriba para mantener siempre el centro de gravedad lo más abajo posible, evitando que se desplazara si hubiera olas u ocurriera algún vuelco. Dejábamos la proa despejada de peso, mandando el volumen para ese lugar, distribuyendo el peso lo más cerca posible del centro de los kayaks.
Partimos recorriendo la margen norte del lago con una navegación muy costera; aprovechando el día muy bueno y todo el tiempo que teníamos por delante, para pescar con mosca húmeda desde el kayak doble. Hugo logró sacar su primera trucha, una Fontinalis de unos 1,5 kg de peso y unos 35 centímetros de largo. Durante dos horas y media hicimos una navegación costera por la margen norte pescando y paseando. Alrededor de las 12:30 hs paramos en una playa muy tranquila y soleada en la que aprovechamos para tomar unos mates y comer algo. Esta parada de la mañana se transformaría en casi un ritual buscando siempre la mejor playa para tomar algo y disfrutar del paisaje. En esta mañana pudimos ver al Huala (Podiceps major); que, como miembro de la familia Podicipedidae, de un primer vistazo se parece al pato. Pueden zambullirse, son principalmente buceadores y construyen su nido flotante. El Huala en particular es de unos 44 cm de largo, esbelto, con un extenso cuello gris en su parte dorsal y laterales levemente anaranjados, y el pico largo y agudo. Emite un melancólico sonido del cual se toma su nombre. Es bastante curioso, ante la duda se sumerge y en otros casos nada detrás de la embarcación cosa que pudimos comprobar en alguna ocasión.
Después de esta parada, salimos hacia las nacientes del Río Carrileufú en la cabecera este del Lago Cholila.
Llegamos al río después de una hora de navegación no costera, y para las 13:30 estábamos remando ya aguas abajo del Carrileufú. El tiempo empezó a descomponerse con nubes que venían del oeste. Siempre pensamos que la lluvia en la zona venía del este por lo que no nos preocupamos por la tormenta del oeste. En un par de horas veríamos lo equivocado de nuestro pronóstico y parecer. El río tiene una velocidad de 5 kilómetros por hora en todo su curso y muy pocos rápidos en el primer tercio de recorrido desde el Lago Cholila. A los 20 minutos de estar en el río paramos a almorzar algo sin cocinar nada para no perder tanto tiempo. Comimos algo de queso, salamín y membrillo, y en algo más de media hora estábamos de vuelta en el río remando.
El viento comenzó a soplar en rachas desde el oeste y el río empezó a tener más rápidos y obstáculos para la navegación. Entramos a navegar así el segundo tercio del Carrileufú con rápidas sesiones de aprendizaje de control y gobierno del kayak en aguas con velocidad y obstáculos. La franqueza del kayak doble para navegar en travesía era un obstáculo para maniobrar en el río. El SDK de Ernesto, por el contrario, era muy manejable y ágil en el río, además de que Ernesto tenía mucha más experiencia en aguas movidas que Hugo y Peco. La velocidad del agua quitaba mucha reacción al timón, e incluso lo hacía funcionar a la inversa de lo habitual si la velocidad del agua era mayor a la velocidad del kayak. Por otro lado, la distinta velocidad del agua en distintos lugares del mismo cauce, hacía peligroso dejar parte del kayak fuera de la corredera o lugar de mayor velocidad del agua. Si en una corredera, quedaba la proa o popa fuera de la misma, automáticamente el kayak giraba 180° y quedaba navegando para atrás. En el doble decidimos que lo mejor para maniobrar era que el de adelante se concentrara en remar para dar velocidad y reacción al kayak mientras que el de atrás, además de remar, timoneaba con el remo. Una vez elegido un lugar de paso era imposible dar marcha atrás, por lo que el estudio entre los tres de los mejores pasos era un parte importante de la navegación. Todo esto lo aprendimos en aproximadamente una hora de navegación por el río, en un curso por demás intensivo.
Llegamos así a una zona del Carrileufú con muchos obstáculos formados por piedras y fundamentalmente palos, ramas y árboles sumergidos. Todo marchó bien hasta que nos encontramos con un palo semi-sumergido de unos 5 centímetros de diámetro que no vimos a tiempo. Como este obstáculo quedó corriente abajo del kayak y el mismo estaba torcido respecto de la corriente principal para evitar un rápido, la corriente nos arrastró hacia la rama y, con una velocidad asombrosa, nos hizo volcar sin más ni más el kayak doble. Ernesto pudo superar el obstáculo sin problema y no le pasó nada grave. La sorpresa inicial fue muy grande pero la reacción instintiva fue buena también. Sin soltar los remos, en el primer intento dimos vuelta el kayak de vuelta a su posición normal. Con el kayak ya flotando, lo fuimos corriendo hacia la costa y en muy pocos metros ya lo teníamos sobre la orilla atracado en la arena. El río no era muy profundo y rápidamente hicimos pie. No se perdió nada del kayak ya que todo estaba atado y en su lugar. La única pérdida fue que el GPS (E-trex) dejó de funcionar al entrarle agua adentro. La norma que, según el manual, el GPS cumplía en lo que se refiere a estanqueidad es que debe poder estar durante media hora a un metro de profundidad. Esto no fue así, y una remojada rápida como la que le dimos lo dejó fuera de funcionamiento por el resto de la travesía.
Justo en el momento en que nos recomponíamos en la orilla empezó a llover con alguna fuerza. Nos cambiamos un poco la ropa mojada y nos pusimos las camperas como abrigo y protección de la lluvia. Volvimos rápido al cauce del río con ganas de ver qué otros obstáculos tenía el río más adelante. Vale la pena aclarar que el Carrileufú es un río de fácil navegación y que los obstáculos que encontramos se debieron a que había poca agua y por lo tanto menos lugares de paso para elegir; a nuestra poca o nula experiencia en ríos más rápidos que un río de delta; y a nuestro especial cuidado de los botes, no por peligro para nosotros, sino por evitar algún golpe que pudiera comprometer a los kayaks para el resto de la travesía. Lo mejor, desde el punto de vista del caudal de agua, sería recorrer este río en noviembre y diciembre. También hay más caudal en abril pero el tiempo ya no es el mismo del verano.
Decidimos que Ernesto iría adelante para explorar en cada rápido los mejores pasos ya que él tenía mucha más maniobrabilidad del kayak. Esta nueva función la pagó cara porque a los pocos minutos, golpeó su kayak con una piedra sumergida en un rápido. El evento no pasó a mayores pero le dejó un raspón profundo de unos 20 centímetros en el casco; y más experiencia para el futuro. Llegando ya a Villa Rivadavia, dejó de llover y pasamos por una zona del río con paisaje más abierto y despejado propio de explotaciones agropecuarias. En esta zona vimos un visón en la orilla del río que rápidamente se escondió en algún recoveco de la costa.
El visón es quizás, de las especies introducidas, la que más ha perjudicado a la fauna nativa. Entre los años 1945 y 1950 se instalaron, en la localidad de Cholila, varios criaderos para abastecer el mercado de pieles nacional. Años más tarde, quizás en 1970, numerosos ejemplares se escaparon o fueron soltados voluntariamente, y se multiplicaron aceleradamente, dispersándose por toda la región preandina de Chubut y Río Negro. Actualmente, el Visón se halla en completa expansión, habiéndose ya instalado definitivamente en el Parque Nacional Los Alerces. Esta especie, de hábitos carnívoros, ataca tanto a crías como adultos de aves y mamíferos terrestres y acuáticos, produciendo efectos devastadores.
Ya habíamos recorrido unos 16 kilómetros del Carrileufú desde su nacimiento en el Lago Cholila, cuando llegamos a la Villa Rivadavia. La Villa en sí prácticamente no se ve desde el río, siendo el camping "El Abuelo Daniel" el lugar más visible sobre la costa. Nosotros no paramos en este lugar a hacer noche, pero nos dieron muy buenas referencias del lugar en sí para acampar, de la buena atención de los encargados y de la comida casera que sirven. Desde la Villa Rivadavia, faltaban todavía unos 5 kilómetros hasta la desembocadura del Carrileufú en el Lago Rivadavia. Al dejar la Villa, empezó a llover de nuevo, lluvia que nos acompañó durante el resto del día de navegación. Para las 18:30 hs y luego de unos 45 minutos de recorrer este último tercio del río que no presentó ningún tipo de dificultad, llegamos al Lago Rivadavia.
Pudimos tener un poco más de tranquilidad y logramos identificar al Jote negro (Coragyps atratus) que es totalmente negro de unos 53 cm, y una envergadura 1.40 mts. Se lo ve en grupos volando, o asentados en árboles; y al volar sus patas no sobrepasan la corta cola.
También pudimos ver al clásico Biguá (Phalacrocorax olivaceus) que es de color negro; se alimenta buceando, y al nadar lleva el pico hacia arriba. Pertenece a la misma familia de los Cormoranes. Son aves que se las distingue por su postura erecta al sol con las alas extendidas para secarse porque carecen de la glándula sebácea que a los patos les permite impermeabilizarse frotando la sustancia por el cuerpo.
La lluvia no paró en ningún momento pero el viento había calmado totalmente por lo que la navegación sobre el lago fue tranquila. La única precaución la tomamos al dejar el río, donde se forma una barda a la entrada al lago. En nuestro caso fue ir buscando un paso con profundidad, en el caso que hubiera viento puede haber olas grandes rompiendo a 100 metros de la costa dada la poca profundidad de esta parte del lago. La barda se pasa sin ningún tipo de problema desviándose levemente hacia la margen derecha al entrar al lago, luego de unos 200 metros se puede volver a la margen izquierda o este. Hicimos una navegación no costera de unos 5,5 kilómetros hasta el camping en Puerto Cañero que es el primer camping que se encuentra sobre el lago. En este mismo lugar está el Guarda Parque de la Seccional Lago Rivadavia. Como alternativa de lugares para acampar podemos mencionar la boca Sureste del lago con un camping agreste (sólo baños) y uno organizado muy cerca de este último.
Por suerte dejó de llover ni bien desembarcamos, lo que nos vino bien porque teníamos bastante frío y estábamos todos mojados. Para estos casos habíamos previsto que lo importante, en caso de lluvia o vuelcos, era que tanto las bolsas de dormir como algo de ropa no podía mojarse bajo ningún concepto. Para ello todo estaba envuelto en bolsas de plástico de tipo consorcio que cumplieron muy bien su propósito. Además los estancos funcionaron muy bien y les entraba muy poca agua y nunca se inundaron ni nada parecido.
El campamento quedó armado en pocos minutos y nos pusimos a cocinar algo caliente para aclimatarnos de nuevo. Ernesto y Hugo subieron al camino para pagar nuestra entrada al Parque Nacional Los Alerces de seis pesos, que había comenzado poco antes, en la cabecera norte del Lago Rivadavia. Este lago tiene una dirección norte - sur con unos 14 kilómetros de largo y no más de 2.500 metros en su zona más ancha. La costa en la que está emplazado el camping en la margen este esta muy invadida por Rosa Mosqueta.
Entre las especies exóticas que se han asilvestrado e invadido los ambientes naturales se destacan: la Rosa Mosqueta, el Lupino, la Margarita, el Diente de León, la Digitalia, etc.. Estas especies, escapadas originariamente de los jardines, ocupan lugares que han sido alterados por actividades humanas, como la explotación forestal y el pastoreo del ganado doméstico. En un camping como el que estábamos, la invasión de Mosqueta refleja entonces la modificación del paisaje causada por la actividad del hombre que con su acción deja espacios libres de cobertura que son rápidamente ocupados por especies exóticas que son más agresivas que las nativas.
La noche pasó sin novedad y sin lluvia aunque mucha humedad ambiente que dejo toda la ropa más mojada que antes. A la mañana siguiente, para las 9:00 estábamos navegando ya el lago con dirección sur. Hicimos una navegación costera por un rato hasta que decidimos cruzar el lago en busca de algo más de calor y sol. El tiempo estaba muy bueno, sin viento y con cielo despejado. El brillo particular de los árboles en las laderas de los cerros sobre el lago es muy especial debido a la humedad de la lluvia y el sol que lentamente ganaba terreno en la depresión del lago y caía a pleno.
Luego de una hora de remo y de recorrer unos 6 kilómetros de lago, llegamos a la naciente del Río Rivadavia que conecta el lago del mismo nombre con el Lago Verde. Antes de entrar al río paramos en una playa muy linda sobre la margen oeste del lago. Paramos unos 45 a 60 minutos para tomar algo, secarnos un poco del día anterior y disfrutar de una mañana inigualable.
Para las 12:00 estábamos navegando el Río Rivadavia que tiene una extensión de unos 7 kilómetros y una dirección sur-oeste durante casi todo su curso, siendo menos meandroso que el Carrileufú. Nos habían avisado que, debido a la poca agua, había lugares por los que no se podía pasar. Fueron en total cuatro vadeos los que tuvimos que hacer, pero los lugares eran muy claros por la cantidad de piedras y la poca profundidad, por lo que no había duda que había que bajarse a caminar. En tres ocasiones vadeamos muy fácilmente caminando con los kayaks a la sirga por playas de piedras de muy poca profundidad. En un caso en cambio, quedamos mal posicionados para vadear y tuvimos que llevar los kayaks desde la orilla pero con un talud de 1,5 metros de alto y muchos troncos y árboles a flor de agua. Fue un trabajo bastante arduo ya que por momentos tuvimos que arrastrar los kayaks todos cargados por arriba de árboles enteros semi-sumergidos en el cauce del río. Nada grave, muy divertido y una nueva experiencia.
En este río fue impresionante la cantidad de truchas que vimos de grandes tamaños. En particular a la entrada del río fue muy interesante verlas comer insectos que sobrevolaban el agua a pocos centímetros de altura. Eran miles y miles de insectos y los saltos de las truchas, de una precisión increíble, eran muy numerosos también. El recorrido del Río Rivadavia lo hicimos con mucha tranquilidad, en algunas partes simplemente flotando, aprovechando el día claro y límpido para ver todo el imponente paisaje.
Los árboles más abundantes en la zona de contacto con la Estepa Patagónica son la Lenga (Nothofagus Pumilio) y el Ñire (Nothofagus Antártica), que forman un bosque de hojas caducas. Este tipo de paisaje lo vimos ya en su última expresión por la cercanía con la cordillera, durante gran parte del recorrido del Río Carrileufú. La presencia del Ñire indica siempre el límite oriental del género de la Nothofagus ya que es el que más resiste mejor las condiciones adversas de viento y sequía. El Ciprés de la Cordillera (Austrocedrus chilensis), de hasta 20 metros de altura, crece en las laderas más secas y expuestas y es un indicador muy claro de menor precipitación ambiental. También se lo encuentra en sectores húmedos pero su predominio es mínimo dejando el protagonismo al Coihue (Nothofagus dombeyi). El Maitén (Maytenus boaria) suele acompañar al Ciprés en los sectores de transición, formando bosquecillos puros en especial donde predomina la vegetación tipo matorral o chaparral.
Entre los arbustos tenemos al Espino Negro, el Radal, que en sitios de mayor humedad adquiere un porte arbóreo; y el Notro cuyas llamativas flores compiten con las de Mutisias, Virreinas y Amancays o Liutos que vegetan en las zonas más húmedas. En ciertos sectores, existe un denso sotobosque de Caña Colihue, que puede medrar varios metros hacia lo alto, no dejando prácticamente claros.
Llegamos al Lago Verde alrededor de las 14:30 hs y navegamos sus 2.000 metros de largo en unos 20 minutos hasta Puerto Mermoud. En este trayecto del lago vimos unos 10 Cisnes de Cuello Negro (Cygnus malancoryphus), de una majestuosidad impresionante., de unos 80 cm, similar al cisne Coscoroba, que es totalmente blanco, en este caso todo el cuello es negro, se lo ve en grupos, y en el invierno puede vérselo en zonas más cálidas.Tardamos un buen rato en darnos cuenta si eran cisnes o boyas flotantes por lo parejo u ordenado de su disposición en el agua y lo quietos que estaban.
En Puerto Mermoud almorzamos algo con la última fruta que nos quedaba y dulce de membrillo. Nos llamó la atención ver a los tripulantes de las lanchas que esperaban turistas, pescar desde el muelle con carnada. En pocos minutos sacaron dos grandes truchas que rápidamente guardaban dentro del barco con miradas cómplices hacia nosotros que no hacían más que expresar el estado de sus conciencias por la actividad ilegal que estaban realizando.
En este lugar empezaba otra etapa de la travesía, la que más desvelos nos traía. Al oeste del Lago Verde se encuentra la cabecera este del Lago Menéndez llamado así en honor de Fray Francisco Menéndez, que descubrió el lago Mascardi en 1791 y que fuera misionero franciscano en la zona del Nahuel Huapi. Fray Menéndez también bautizó con su actual nombre al Cerro Catedral, por la similitud de sus picos con las torres de una Catedral.
El Menéndez es el lago más extenso de la zona y se caracteriza por acoger al fondo de su brazo norte el Alerzal que da nombre el Parque Nacional. El lago Menéndez se vincula al Río Arrayanes por medio del Río Menéndez que tiene 1.500 metros de largo. Si bien no muy extenso este río no es navegable, al menos en kayaks del tipo que estábamos usando y en esa época del año. El único modo de trasladar los kayaks al Lago Menéndez, era portearlos desde Puerto Mermoud hasta el lago por una huella para autos de 1.000 metros de longitud. Un poblador prestaba el servicio de traslado de embarcaciones a lo largo de este trecho por un "módico precio" de cien pesos con un viejo Land Rover. Como era parte del programa hacer el porteo y teníamos tiempo, optamos por ahorrar esos cien pesos.
Después de almuerzo, hicimos el porteo del SDK 450 junto con parte del equipo. Ni bien llegamos al lago, nos presentamos al Guarda Parque de la Seccional Puerto Chucao para pedir permiso para dejar los kayaks durante la noche en la playa.
En todo el Lago Menéndez está prohibido acampar; siendo incluso su brazo sur una zona intangible del Parque Nacional. La Guarda Parque, María Laura Fenoglio, nos recibió muy bien y nos autorizó dejar los kayaks en la costa del Menéndez. La noche debíamos pasarla nosotros tres en el camping del Río Arrayanes a unos 3.000 metros de donde dejaríamos los kayaks. Enterada la Guarda Parque de nuestra necesidad de hacer noche bien cerca de los kayaks, y con ánimo de apoyar la salida del día siguiente, gentilmente nos invitó a armar la carpa en el mismo predio que ocupa la casa de la Seccional. Esta invitación nos facilitó mucho las cosas y pudimos concentrar todo en un mismo lugar. Hicimos dos porteos más, uno de ellos con el kayak doble y un tercero con más equipo de acampe y comida. El cálculo fue que por cada remero hay que hacer tres porteos.
Para las 18:30 hs ya estaba todo instalado y dedicamos la tarde a descansar en la playa del lago con una vista magnífica del ventisquero del Glaciar Torrecillas que se levantaba majestuoso en la margen oeste de lago. Haciendo gala de su importancia por dar el nombre al puerto en el Lago Menéndez pudimos ver al Chucao (Scelorchilus rubecula) de unos 17 cm, es más oído que visto, tiene un sonido fuerte como el croar de una rana o el gorgoteo del pavo, es pardo oscuro, se verá una ceja y un babero rufos (canela-anaranjado) con el vientre barrado en blanco y negro. Son terrícolas, a veces ocultos, corren rápido, con voces fuertes, cuerpo robusto, cola recta y a menudo inclinada sobre el dorso. También terrícola, pudimos identificar al Huet-Huet (Pteroptochos tarnii), de unos 22 cm. Al igual que el Chucao, es más oído que visto, hace notas descendentes y un bajo huet-huet. Tiene pico corto, dorso y garganta negruzcos, y se notará una corona, bajo ventral y parte inicial de la cola rufos.
Por la noche planificamos el día siguiente con la Guarda Parque, pautando horas estimadas de salida y de regreso y algún modo de comunicarnos en caso de emergencias. Para este tipo de casos nosotros teníamos entre nuestro equipo una bengala de mano que era nuestra forma de llamar la atención en caso de problemas. La idea era no usar nunca este tipo de equipo, pero no ocupa lugar y en caso de necesidad su utilidad es invalorable, y da mucha tranquilidad a quien espera en tierra.
A las 6:00 del día siguiente estábamos en pie y a las 7:30 ya estábamos remando en el lago. El objetivo era llegar al Alerzal distante a unos 22 kilómetros en el fondo del brazo norte del lago. El día comenzó magnífico sin una brizna de viento y por suerte se mantuvo así todo el día. La navegación la comenzamos rumbeando directamente a la isla que ocupa el centro del lago. Luego de navegar por una hora y alcanzar una punta en la margen sur, comenzamos una navegación algo más costera. Luego de recorrer unos 8 kilómetros alcanzamos la isla mencionada que se separa de la costa del lago unos 70 a 80 metros por lo que alcanzarla no representa ningún problema. Luego navegamos toda la margen sur de la isla hasta la desembocadura del brazo sur con el Ventisquero Torrecillas cada vez más imponente. Aprovechamos el buen tiempo y la navegación costera para pescar con mosca húmeda, siendo el resultado inicial de dos muy lindas truchas arco iris de aproximadamente 2 kg y 40 centímetros de largo. Las medidas las certificaron Ernesto y Peco que no son pescadores, para evitar la habitual inflación en los cálculos de Hugo que, como buen pescador, sufre de este síndrome muy común entre los que practican este deporte. El paso de la isla a la costa del brazo norte está más expuesta al posible viento del brazo sur, pero no ofrece dificultad ya que tiene un ancho total de unos 100 metros con un pequeño islote en el medio del canal.
Ya sobre el brazo norte, y luego de dos horas y media de remo, paramos a descansar y tomar y comer algo en un playa pedregosa. Dedicamos unos 45 minutos a gozar del paisaje y de unos mates muy bien venidos. Entre el entretenimiento del momento podemos mencionar la identificación del Picaflor Andino (Oreotrochilus leucopleurus) de unos 10 centímetros. Tiene el dorsal oliváceo, con una larga y ancha cola blanca, garganta verde brillante separada por una línea negra del vientre blanco que tiene una faja longitudinal negro azulada. En Argentina son en total 28 las especias de picaflores identificadas, siendo sus integrantes a menudo confiados, con un vuelo muy veloz, ágil y sonoro, incluso hacia atrás; hacen sus nidos a baja altura con dos huevos blancos
Seguimos luego con una navegación muy costera para darle una oportunidad a la pesca; y de este modo llegamos al Alerzal a las 11:45 hs con una hora de anticipación del primer contingente de turistas que llegaría en lancha por el mismo camino realizado por nosotros. Veníamos a ver al Alerce (Fitzroya cupressoides), el protagonista vegetal del Parque. Los bosques naturales de esta especie, han sido explotados desde antaño en toda su área de distribución, es decir, tanto en Chile como en Argentina. Su madera, de excelente calidad, es muy preciada dada la extraordinaria resistencia que posee a la intemperie, siendo prácticamente imputrescible e invulnerable al ataque de los insectos. Por este motivo, fue intensamente aprovechada para la construcción de tejuelas para techos, puertas, ventanas, revestimientos exteriores e interiores, muebles, embarcaciones, etc. habiéndose llevado a esta Conífera casi al exterminio. Dado su crecimiento extremadamente lento (su tronco crece 1 centímetro de espesor cada 15 o 20 años) se calcula que los ejemplares de 3 a 4 metros de diámetro, pueden alcanzar edades de 3.000 a 4.000 años, considerándosela por ello, una de las especies más longevas del planeta. No es sólo la humedad la que determina el crecimiento del Alerce, sino también las condiciones del suelo ya que no tolera gran cantidad de agua en el suelo ni el estancamiento de la misma como ocurre en la zona de Puerto Blest donde el Alerce no logra desarrollos importantes a pesar de la alta precipitación media anual.
El Alerzal despertaba gran expectativa en nosotros y quisimos dedicar un par de horas a recorrer los 1.900 metros del sendero de interpretación habilitado. El mismo resultó estar en muy buenas condiciones aunque nos pareció un poco exigente para alguna persona algo mayor o con alguna dificultad de movilidad dado que tenía largos tramos de escaleras. El bosque en la zona es un bosque con características de la Selva Valdiviana sin llegar a manifestarse con la misma fuerza que tiene en otros lugares de mayor precipitación. El sendero atraviesa largos tramos de caña Colihue (Chusquea Culeou) muy cerrada, con senderos con mucha humedad, helechos en las piedras con orientación sur y una exuberante manifestación de árboles del monte alto entre los que se destacan, por su porte y cantidad, los coihues. Los Alerces o Lahuán, de porte majestuoso y realmente impresionante, son muy pocos en relación con la totalidad de las especies que se dan en la zona (al menos en el sendero habilitado). Esperábamos encontrar un completo bosque de Alerces milenarios y no pudimos ver más que unos 80 a 100 árboles en todo el sendero. Esto nos decepcionó un poco pero no quitó sabor al paseo que nos llevó a asomarnos al Lago Cisne que por medio del río homónimo desemboca en el Lago Menéndez. El sendero es muy interesante en sí mismo con gran cantidad de cosas para ver y gozar. Nos cruzamos con un par de Chucaos que jugaron con nosotros durante un buen rato con actitudes de mucha confianza y familiaridad hacia el hombre.
Hacia las 13:45 estábamos almorzando algo en la playa del puerto habiendo ya llegado dos lanchas con grupos de visitantes que estaban en ese momento haciendo el recorrido del sendero. Para las 14:30 emprendimos el regreso que fue por el mismo camino que el que hicimos a la ida. El tiempo se mantuvo muy bueno, y pudimos volver pescando hasta la punta este de la isla en donde paramos a descansar un rato y a reponernos del calor que hacía. En esta vuelta, salieron dos truchas más de tamaño similar a las de la ida. El Lago Menéndez mostró una cantidad increíble de truchas que se veían en la orilla o al borde del talud del lago. Toda una fiesta para los ojos y una distracción permanente mientras remábamos.
Sobre la orilla de la isla pudimos identificar al Carpintero Araucano(Picoides lignarius) de unos 16 cm. Es muy parecido al Carpintero Bataraz del centro y norte de Argentina, tiene su dorso barrada en blanco y negro, y con fuertes estrías negras sobre un ventral blanco. En varios lugares también pudimos ver al Carpintero Patagónico (Campephilus magellánicus), que hace un ruidoso tamboreo algo más lento que el de otras familias, trepan alto y son de color negro con capuchón rojo; la hembra tiene toda su cabeza negra con un copete enrulado.
Nos faltaba aún llegar a la cabecera este del lago que era nuestro punto de partida. Desde la isla hasta este lugar, demoramos una hora y media navegando por el medio del lago, salvo en el último tramo que nos desviamos algo hacia la margen norte para navegar más cómodos al levantarse algo de viento del norte. Podemos decir que la navegación en el Lago Menéndez no es difícil ni complicada gracias a la isla que está en su centro y que da muchas alternativas de reparo. Sin ser difícil ni peligroso, el lugar más expuesto es a la salida en la cabecera este que recibe todo el viento que venga del norte o del oeste, ambos vientos comunes en la zona. En caso de mucho viento se puede hacer una navegación costera segura por ambas márgenes, cuidando únicamente de no acercarse mucho a la desembocadura del lago en el Río Menéndez si es que se opta por la margen sur para la navegación.
Para las 18:30 estábamos desembarcados en el punto de salida a la mañana y aprovechamos la tarde para descansar un poco en la playa a la sombra de los árboles y comentar las peripecias del día. En total habíamos recorrido unos 45 kilómetros. Todas las distancias las calculábamos de acuerdo a un mapa geo-referenciado que llevamos plastificado con nosotros bajado de las imágenes satelitales compradas a American Outland www.american-outland.com por medio del programa Ozi Explorer. Las distancias mencionadas son en línea recta entre distintos puntos de referencia por lo que nosotros estimamos que sobre esa base haríamos un 10 o 15 % más de distancia por la navegación costera ya sea por seguridad o para pescar. El mapa era muy cómodo y preciso y es un elemento muy bueno a tener para una salida así. La dificultad de navegación no hace necesario llevar un GPS salvo por una cuestión de comodidad o de excesiva precisión en los tiempos y distancias que no es esencial para este tipo de travesías. La orientación general la sacamos con la brújula que nos ayudó a ubicarnos mejor en lagos que nunca antes habíamos navegado. Igualmente sin brújula es muy seguro y fácil ubicarse, al menos con tiempo despejado. El programa Ozi Explorer es una herramienta muy buena, que usamos mucho para navegar en todos lados y prueba ser de una precisión absoluta, permitiendo tener todo tipo de datos de cualquier zona del país y planificar con mucha certeza una travesía por lugares desconocidos. Las imágenes satelitales compradas, junto con referencias de gente de la zona o que conozca el lugar que se piensa recorrer, cubren la totalidad de las necesidades de navegación y orientación que se pueda llegar a tener.
Al día siguiente nos levantamos 7:30 y comenzamos a levantar el campamento para hacer de nuevo los porteos hasta el Lago Verde. Agradecimos la hospitalidad y ayuda de la Guarda Parque, dejando en la Seccional Puerto Chucao el mapa completo del a travesía (teníamos un duplicado) con distancias, rumbos y waypoints, que cubre toda el área norte del Parque Nacional los Alerces. Con gran profesionalismo, la Guarda Parque asentó nuestro regalo como una donación a la Seccional misma mostrando así un real interés por enriquecer la cartografía de la Seccional sin buscar el propio beneficio personal.
Para las 12:00 estábamos con todos los porteos hechos y los kayaks listos para salir nuevamente. Hacía mucho calor y decidimos parar a comer algo más adelante. Entramos al Río Arrayanes que une el Lago Verde con el Lago Futalaufquen, además de recibir en los primeros metros de su curso las aguas del Río Menéndez. El Río Arrayanes tiene unos 3 kilómetros de largo con una orientación sur en todo su recorrido. Lo bajamos demorando una hora ya que lo hicimos flotando todo el recorrido aprovechando para ver el paisaje y gozar de los miles de colores del río. Hugo aprovechó la poca velocidad de flotado para pescar con mosca seca. Faltando unos 300 metros para terminar el río, su paciencia se vio recompensada con una muy linda trucha marrón de tamaño y peso similar a las anteriores. Esta también fue devuelta al agua, como todas sus compañeras; siendo doble el programa; primero sacarla y luego ayudarla a volver al agua y ver como nada de vuelta al fondo del lago destellando sus colores a los rayos del sol que penetran en el agua transparente.
Navegamos el brazo norte del Lago Futalaufquen durante una hora y media recorriendo unos 8 kilómetros, con viento del norte que nos obligó a corregir el rumbo en más de una ocasión para evitar la ola cruzada de popa que es la que más desestabiliza el kayak, además de hacernos embarcar agua. El Anaico 610 estaba equipado con dos bombas de achique eléctricas, una en cada cockpit, conectadas a una batería de gel de 7 volts, ubicada en el tambucho trasero. Este accesorio hace muy cómoda la navegación si es que llegara a entrar agua con las olas. Se puede remar a la vez de achicar agua y además es un elemento más de seguridad. En este tramo una de las bombas no funcionó por lo que la reparamos al desembarcar frente a Punta Mattos a las 15:00 hs.
Ernesto venía con mucho dolor de cabeza, suponemos por el sol y el esfuerzo. Paramos una hora a descansar y a comer antes de seguir viaje hacia el Lago Krüger por el brazo oeste del Lago Futalaufquen. El sol pegaba muy fuerte y además el brazo del Futalaufquen que restaba recorrer estaba protegido del viento norte y esto lo hacía más caluroso todavía, aunque muy pintoresco y agradable para navegar. Por suerte Ernesto se sintió algo mejor y pudimos salir nuevamente para recorrer los 5,5 kilómetros hasta el Estrecho Los Monstruos que une el Lago Futalaufquen con el Lago Krüger. Este estrecho tiene unos 100 metros de ancho y unos 300 a 400 de largo. Es muy pintoresco y vale la pena recorrerlo con toda calma. Llegamos al Lago Krüger, y nos dirigimos a la costa sur del mismo a unos 3 kilómetros, en donde se encontraba el camping habilitado y una Hostería que operaba como Lodge de pesca. (www.lagokruger.com)
Nos recibieron muy amablemente y pudimos conocer un poco la Hostería que estaba construida sobre lo que fue en un primer momento la caballeriza de la Seccional Lago Krüger del Guarda Parque que se encuentra a unos 50 metros de distancia. Luego fue un refugio de montaña sin comodidades adicionales a las de la caballeriza original; y finalmente hace un año se transformó en esta Hostería muy sencilla pero muy agradable con 7 camas y tres cuartos. Está íntegramente construida en ciprés, estando el primer piso construido sobre la misma base y los mismos materiales de la antigua caballeriza. Esta curiosidad hace que la mejor vista del lago la tenga hoy la casa del Guarda Parque, estando la Hostería algo oculta detrás de los árboles del bosque.
A pocos metros de donde desembarcamos nace el Río Frey que desagua el Lago Krüger en el Lago artificial Amutui Quimei. Este río está hoy dividido en dos grandes secciones, al menos en lo que respecta a su navegabilidad. La primera, hasta Las Palanganas del Frey no es navegable contando con tres rápidos importantes en esta primera parte del curso. De hecho el primer rápido se denomina El Naufragio...La segunda parte, luego de Las Palanganas, es absolutamente navegable hasta el lago mismo.
Esto dijo el Ing. Emilio Frey, integrante de la comisión encargada de la delimitación con Chile, bajo órdenes del Perito F. P. Moreno, de la bajada del río Futaleufú (o Grande), hoy transformado en el lago Amutui Quimei y el río que lleva su nombre...

"Habíamos navegado por el Krüger en un bote que tripulaba yo con tres peones. Mis ayudantes me aseguraban que no había ninguna dificultad para navegar el Futaleufú (Río Grande) que luego de atravesar el lago Krüger se encajona en altas cordilleras, pero yo tenia mis dudas, debido en especial a la disminución considerable del cauce y a la gran velocidad de las aguas. Pero mis peones eran buenos baqueanos y no insistí en mis objeciones. Fue así como nos internamos en las aguas del caudaloso río, que por momentos se angostaba más y más, cobrando su correntada mayor ímpetu. Con verdadera preocupación de m¡ parte, llegamos a unos rápidos sembrados de peligrosas piedras que emergían del agua, que se empenachaban de blanco al chocar con ellas. Tratamos con desesperados esfuerzos de dominar la embarcación; yo trataba de eludir los obstáculos manejando como mejor podía una gruesa caña de colihue, que oficiaba de vichero. Pero mis temores no eran infundados; a poco de luchar desesperadamente con el torrente chocó el bote con una enorme piedra y fue tal el sacudón que me despidió de la embarcación, arrojándome en medio del torrente, pude asirme a unas rocas y lo primero que hice fue buscar el bote, que ya estaba casi fuera de mi vista, a unos doscientos metros, con sus tripulantes aún a bordo. A duras penas conseguí llegar a la orilla y con una enorme congoja avancé por la orilla, confirmando mi terrible presentimiento: a unos trescientos metros del lugar donde yo había caído, providencialmente puedo decirlo, el río se precipita en un impresionante alto de treinta metros de altura. Y con la consternación que es de imaginar pude ver más tarde entre las rocas del cauce inferior los restos destrozados la embarcación, pero de sus desgraciados tripulantes nunca tuvimos el menor rastro, pese a todos los esfuerzos que hicimos durante varios días".

En enero del año siguiente, Frey regresó en busca de su teodolito y demás instrumental que debió abandonar en cercanías de los rápidos. Con este objetivo, nuevamente en la cabecera del lago Futalaufquen construía una chatita, cuando observó que cruzando el lago venían tres hombres en un bote. Grande fue su sorpresa, pues sabía que desde El Bolsón hasta ese punto no había poblador alguno. En el bote llegaba el Dr. Pablo Krüger, que al servicio de Chile venía también relevando la zona. Krüger había partido desde el Pacífico, bordeado el lago Yelcho y remontado el río Grande. Además, había hallado el instrumental de Frey.

La zona del lago Krüger tiene un bosque alto de Coihue fantástico y muy bien conservado. La parte más cercana al suelo está ocupada por caña coligue siendo muy poca la presencia de plantas invasoras. De hecho vimos una sola Rosa Mosqueta en todo el recorrido que hicimos por la zona. Fuimos los primeros en ocupar (y pagar) el camping luego de 3 años de estar inhabilitado. El precio de 15 pesos por persona por día de acampe, y el hecho de que se accede por agua o a través de una picada de unas 9 horas de duración desde Puerto Limonao en el brazo sur del Lago Futalaufquen, hacen de esta zona del Krüger un lugar casi inaccesible para el turismo masivo; de allí su relativa virginidad y absoluta tranquilidad. Evaluando el lugar, es un destino ideal para dedicarle tiempo para hacer la picada y pasar un par de días en las costas del lago para luego volver en lancha a Punta Mattos.
Los encargados de la Hostería nos obsequiaron con un poco de pan y un baño caliente en que vino muy bien por ser el primero en cinco días. Más allá de este gesto de hospitalidad, fueron gente muy cordial y amable con quien tuvimos muy buen trato.
La zona de camping en si misma, con capacidad para solamente 9 carpas, es muy agradable y ocupa un claro del bosque a pocos metros del lago y a unos 500 metros de la casa del Guarda Parque (entonces deshabitada). Sobre la playa, a la altura del camping, hay un muelle de madera en desuso aunque en bastante buen estado.
Dormimos esa noche sin el sobre-techo de la carpa para poder disfrutar más aun de la linda noche que hacía. De más está decir que la actitud contemplativa duró un suspiro ya que a los pocos minutos estábamos durmiendo, cosa que hicimos hasta las 7:00 del día siguiente.
Como el tiempo seguía lindo y estable dedicamos toda la mañana a recorrer el pequeño Lago Krüger. Remamos por la costa oeste los 4.500 metros que nos separaban de la costa norte del lago que recibe el Río Stange proveniente del Lago Chico. En esta playa con características de delta, desde un promontorio hacia el oeste, sale una picada hasta el Lago Chico. La misma está cerrada y sólo puede accederse con permiso del Guarda Parque ya sea de Lago Krüger o de Punta Mattos.
En este recorrido del pintoresco Lago Krüger pudimos ver al Pato Cuchara (Anas platalea) de unos 36 cm. Es una de las 13 especies de patos identificados para la zona andina de la Patagonia. Este en particular es castaño acanelado, con pecas en el dorso, pecho y flancos y un pico de 6 cm largo, altos y ensanchado que lo lleva caso rozando el agua. Es manso y no se alejaba al pasar nosotros cerca de él. Vimos también al Martin Pescador Grande (Ceryle torquata). Es una de las tres especies que hay en Argentina, y como todas ellas se zambullen para pescar, tiene un vuelo rápido y ondulado. Se los distingue por su gran cabeza con semi-copete, pico recto, largo, robusto y agudo, alas cortas y redondeadas, colores vistosos. La especie en particular que observamos es de cabeza y dorso gris celestes, gran collar blanco, ventral rufo Emite un fuerte sonido a matraca. Tiene la particularidad de que anuncia cambios de clima posándose en horarios no habituales para sitios comúnmente visitados por ellos. Por último identificamos al Carancho Común (Polyborus plancus). Pertenece a una familia que come carroña, bastante terrícola, suelen correr, con semi-copetes, alas largas y romas, cola larga, patas amarillas. El Carancho Común emite un gutural "krok" repetidas veces, volando se nota un cuello bastante largo y las puntas de las alas blancas.
Al cabo de unas dos horas de remo paramos en una isla muy cerca del Estrecho Los Monstruos donde, como siempre, tomamos y comimos algo mientras conversábamos y mirábamos el paisaje.
Emprendimos la vuelta a punta Mattos a donde llegamos para las 13:30 hs después de recorrer los 5.500 metros que nos separaban de nuestro destino final. En efecto, teníamos planeado terminar la travesía en Punta Mattos a donde nos irían a buscar al día siguiente a media mañana. Quisimos ir por nuestros propios medios hasta la Villa Rivadavia a buscar el auto pero fue imposible hacerlo tanto en colectivo como a dedo. Aunque remamos unos 2.000 metros dentro del lago para buscar alguna señal para el teléfono, no fue posible comunicarnos para que nos fueran a buscar ese mismo día. Finalmente, aceptamos el hecho de tener que esperar y aprovechamos toda la tarde en la playa del lago a la sombra de un coihue que crecía cerca del agua. Hugo intentó la pesca costera sin éxito y dedicamos la tarde a pasear por la zona y a preparar todo para el día siguiente. Fue una tarde muy tranquila sin la ansiedad de tener que remar al día siguiente con la gran satisfacción de haber realizado con total éxito lo que habíamos planeado.
Al día siguiente el Sr. Gimeno nos buscó en su camioneta en donde acomodamos los kayaks para recorrer los 50 kilómetros de camino que nos separaban de la Villa Rivadavia. Luego de una hora de viaje llegamos a las Cabañas Cerro La Momia (www.cabanascerrolamomia.com.ar) donde estaba el auto guardado. Aprovechamos la ocasión para conocer las instalaciones de las cabañas que resultaron ser muy prolijas y agradables, situadas en un buen lugar para recorrer toda la zona del Parque Nacional. Luego de acomodar todo en el auto y preparar los kayaks para el viaje de vuelta nos despedimos de Gimeno y su mujer muy agradecidos por su buen trato y atención.

Sin duda que el protagonista entre los pioneros de esta zona fue el Ing. Emilio Frey que en su primer año en la cordillera, explora la zona de Lejlej, Cholila, Futa-Leufú y Puelo y descubre los lagos Cholila, Rivadavia y Epuyén. En 1897-98 establece su campamento general a orillas del lago Nahuel Huapi, en la chacra de José Tauscheck. Se traslada luego más al sur, donde reconoce los lagos Rivadavia, Menéndez, Kruger, Chico y Futalaufquen.
Años más tarde en 1939, ya creado el Parque Nacional Los Alerces, encontramos por la zona a Diego Neill que después de navegar el lago Menéndez llegando al lago Cisne, se propuso llegar a Cholila. Todavía el único acceso al lago era una huella de catangos, pero la escuela de la villa ya contaba con 60 alumnos. Con un bote de 6 metros y un motor marino de 15 caballos, cruzó el lago Futalaufquen, remontó el río Arrayanes, atravesó el lago Verde, navegó el río Rivadavia y el lago homónimo, continuó por el río Carrileufú llegando al lago Cholila donde desagua el río Tigre. El mismo recorrido que había concretado Frey tantos años antes, con la salvedad que Neill lo hizo en contra de la corriente, 120 km. en 14 horas de navegación.

En el texto de la carta de donación del núcleo primitivo del Parque Nacional Nahuel Huapi fecha en Buenos Aires el 6 de noviembre de 1903, Francisco P. Moreno dice, entre otras cosas, lo que sigue. "Cada vez que he visitado esa región me he dicho que convertida en propiedad pública inalienable llegaría a ser pronto centro de grandes actividades intelectuales y sociales y, por lo tanto, excelente instrumento de progreso humano. Los fenómenos físicoculturales que allí se observan empiezan a atraer a los estudiosos, que se entregarían cómodos a sus investigaciones fructíferas y los maravillosos escenarios de los lagos y torrentes, de las selvas gigantes, de la abrupta montaña y del hielo eterno que se desarrollan en una situación geográfica trascendental...Así, en aquella magnificencia tranquila podrán encontrar sano y adecuado panorama los habitantes de ambos lados de los Andes, y contribuir, reunidos en comunidad de ideas durante el descanso y solaz, cada vez más necesarios en la vida activa del día, a resolver problemas que no llegarán a solucionar nunca los documentos diplomáticos..."
A 100 años de esta donación de Moreno, nosotros pudimos encontrar el descanso y solaz entre torrentes, lagos, selvas gigantes, montañas y hielos eternos. El haberlo hecho en los kayaks no fue más que un medio para alcanzar otra cosa, sabiendo además que con los antecedentes de los pioneros de la zona, ninguna actividad deportiva del siglo XXI podía si quiera emular tamaño esfuerzo y semejante abnegación por descubrir los secretos de la naturaleza y defender los derechos de la Nación, como de hecho hicieron Moreno, Frey y muchos otros.
En nuestro caso, el mayor esfuerzo sin duda lo realizaron nuestras mujeres que con los chicos se quedaron en Buenos Aires atendiendo las necesidades del día a día de la familia, que no es poca. Hacemos publico nuestro agradecimiento y permanente admiración para con ellas (aunque mas no sea para se repita en otra ocasión...)

hugo@grieben.biz
federico.chevallier@alumni.iae.edu.ar
ernestopasman@yahoo.com

La información sobre aves observadas se tomó de la "Guía para la identificación de las aves de Argentina y Uruguay" de Tito Narosky y Norberto Yzurieta (ex Asociación Ornitológica del Plata, hoy Aves Argentinas)


ver fotos de esta travesía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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© Sol Rio (2003)

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