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Travesía
en kayaks singles - Agosto de 2005
ENTRE
TEMPANOS II
Ekipo
Expedicion
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Desde
el Paso Internacional Bella Vista, por el río homónimo
o Rasmussen hasta su desembocadura en el Río Grande, y por
éste hasta Punta Triviño, en dos jornadas de navegación
durante los días 20 y 21 de Agosto de 2005.
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Iniciamos esta travesía
el día 20 de Agosto; el punto de partida esta vez fue el destacamento
de Gendarmería Nacional ubicado sobre el Río Rasmussen o
Bella vista, sobre el paso internacional del mismo nombre. Agregamos
unos 25 kilómetros más a la anterior bajada que fue desde
Puerto De Palos en la estancia Aurelia.
El río Bella
Vista desemboca a su vez sobre el Río Grande; es un río
de poco caudal sobre todo en verano, es por ello que elegimos esta época
de deshielo donde trae un poco más de agua que nos permite navegar
sin tener que bajarnos. Nace en la cordillera Darwin en Chile y se mete
en Argentina siguiendo la pendiente en busca del mar. Es bastante serpenteante
con innumerables curvas, como les conté de poco caudal; las profundidades
mayores se dan en pozones seguidos de pedreros bajos hasta el siguiente
pozón, lugares estos ideales para las truchas que viven en ellos.
Arribamos al destacamento
por vía terrestre donde hicimos los tramites de rigor, si bien
no cruzamos el paso dejamos los datos y dimos aviso de la travesía.
Nos arrimamos al río, que no había cambiado mucho desde
la semana anterior en que con Lucho habíamos echo un reconocimiento
para ver como se presentaba , caminando unos cuantos kilómetros
río abajo; en aquella ocasión lo que más nos preocupaba
era el hielo, ya que al ser el río bastante chico y en sectores
con árboles el hielo suele durar más que en la estepa donde
el sol calienta durante más tiempo derritiéndolo más
rápido, lo que podía impedir la navegación u obligarnos
a bajar muchas veces.
Bajamos en la orilla
las embarcaciones y todo el equipo, que estaba armado para dos o más
días sobre todo por la época.
El día se presentaba claro sin viento y con una temperatura a esa
hora de unos 5 grados bajo cero bastante agradable, lo que nos entusiasmaba
aun más. Una vez todo dentro de las naves zarpamos con rumbo noreste
hacia la desembocadura sobre el Grande a las diez y media de la mañana.
Esta demás decir que el paisaje no tiene límite, una paz
inigualable, a cada curva todo cambiaba, de tonos, de colores, el panorama
se renueva.
Navegamos entre varios bosques sobre barrancos altos, cruzamos bajo un
puente bastante nuevo.
Al cabo de unas tres horas hicimos una parada técnica sobre una
playa de piedras, aprovechamos para almorzar acompañados de unos
buenos mates.
Que sensación única la de estar sentados tomando mates en
medio de la nada, donde la vista se pierde en el horizonte sin encontrar
vestigios de civilización, donde pareciera que fuésemos
los últimos humanos sobre la tierra, que enorme placer.
Terminada la mateada, hicimos una pequeña reparación a uno
de los kayaks que filtraba agua y reanudamos la navegación, siempre
sobre el Río Rasmussen.
El sol seguía en lo alto haciendo cada vez más agradable
la temperatura sobre los cuerpos que con el ritmo de la remada ya no sentían
frío, el GPS nos acusaba una distancia de unos diez kilómetros
más, el primer objetivo estaba cerca. Seguimos la derrota viendo
algunos guanacos, algunos kaikenes que empiezan a volver después
del invierno, algunas bandurrias, alguna trucha asustadiza etc... La vida
animal siempre esta activa en esta Tierra lo que es un claro indicador
de la pureza del medio ambiente en el que vivimos.
Hasta ahora el hielo nos trataba bien con solo un poco en las orillas
pero casi nada en la corriente por donde veníamos, cruzamos si
bastantes lugares que con diez centímetros menos hubiéramos
tenido que bajar para no romper los kayaks, de a poco nos aproximamos
a la desembocadura que se hace un tanto difícil ya que el río
se desparrama en varios chorrillos pequeños hasta volverse a unir
metros antes de salir al Grande. Una casa pequeña nos observa desde
la orilla, sin humo en su chimenea lo que indica su soledad en espera
de la temporada de pesca donde cambiará la rutina por unos meses
hasta volver a su soledad en espera del invierno.
Llegamos al Río Grande; el aspecto es distinto, ya no hay partes
bajas, por el contrario viene con mucho agua y fuerza lo que nos alivia
un poco la remada ya a estas alturas cuando los cuerpos empiezan a sentir
el peso del remo. Seguimos río abajo aprovechando que todavía
era temprano y nos quedaban una tres horas de sol, mientras seguíamos
nuestra derrota y disfrutábamos la remada buscábamos un
buen lugar para acampar.
El río venia limpio, sin témpanos pero muy turbio por el
deshielo lo que no nos afectaba, igualmente el agua es potable aunque
conviene hervirla; el sol de a poco se iba recostando sobre el cerro de
babor por lo que decidimos buscar refugio antes que se oculte y así
aprovechar el calorcito de los últimos rayos mientras preparábamos
el campamento y nos cambiábamos sin tanto frío, el que seguramente
se iba a incrementar con la oscuridad.
Bajamos en una playa sobre estribor donde a unos doscientos metros se
veían unos pocos árboles secos, lo que parecía un
pequeño oasis ya que el río no tiene prácticamente
bosque del lado Argentino y mucho menos cuando se acerca al mar.
Inspeccionamos la arboleda y sin pensarlo llevamos los kayak hasta allá;
era cerca de las cinco y media de la tarde, unas siete horas desde de
haber zarpado; arribados al lugar nos cambiamos y emprendimos la rutina
del campamento, el fuego sagrado, la carpa refugio de nuestros sueños
y sala de reunión de donde salen muchas de las próximas
aventuras, el clásico queso y fiambre para mitigar esa ansiedad
de comer algo salado después de tanto chocolate y jugo, y el que
siempre nos tiende su mano calentita, mi amigo EL MATE, compañero
siempre predispuesto a acompañarnos no importa donde vayamos el
siempre está.
De a poco el campamento iba tomando color con una tarde espectacular,
un sol cada vez más lejano, las bandurrias regresando a sus nidos,
los guanacos preguntando ¿y estos quienes son?, de a poco todo
el paisaje iba cambiando de tonos hasta que la fogata parecía ser
lo único con vida en ese lugar; sentados alrededor y todavía
con unos verdes, tiramos unas hamburguesas deshidratadas a la parrilla
más unos chorizos también deshidratados que una vez calentitos
sin pedir permiso fuimos comiendo despacito empujados por algún
vinito que nunca falta.
El cielo cerraba sus ojos y nos invitaba a hacer lo mismo, pero en el
horizonte asomaba una luna llena que no tenía desperdicio, de un
amarillo rojizo que dejaba al descubierto todo su esplendor, cambiando
la negrura de la noche por una luz tenue que iluminaba todo el valle;
la luna llena a esa hora y en ese lugar era un espectáculo para
el que teníamos primera fila.
Mientras seguíamos anonadados por lo que veíamos pasaba
por las mentes de los tres la loca idea de una navegación nocturna
nadie dijo nada, meneamos la cabeza casi al unísono y nos fuimos
a dormir, no había más que hacer.
El frío era importante pero no lo sentíamos mucho ya que
traíamos el calorcito del fogón. A las tres horas de acostarnos
desperté con una sensación que me calaba los huesos, me
abrigué un poco más y traté de dormir. Una hora después
lo mismo agregando las ganas de ir al baño, me volví a abrigar
un poco más y nada, era dar vueltas en la bolsa sin conseguir cerrar
los ojos, los tres corríamos la misma suerte: un frío sin
igual.
Sonó la alarma de la hora prefijada para levantarnos, después
de hacer fiaca lo hicimos; enseguida prendimos fuego lo que nos alivió
el cuerpo castigado por el frío, el termómetro dentro de
la carpa marcaba cinco grados bajo cero, luego de dejarlo un rato a la
intemperie marco menos once, brrrrrrrrrrrrrrr...Ya con el fuego era otra
cosa, el amanecer se presentaba tan mágico como la noche anterior,
estaba por salir el sol, ya con mate en la mano sentados alrededor de
las llamas esperamos que subiera el telón... y la obra fue magnifica
y sin errores; los primeros rayos asomaron dejando al descubierto las
formas fantasmales de la oscuridad, el día empezaba a vivir y nosotros
estábamos ahí como protagonistas de la obra.
De a poco nos íbamos desentumeciendo y a cobrar vida, despacito
empezamos a acomodar el equipo y a desarmar la carpa a la que no le pudimos
sacar las estacas, quedaron soldadas a la tierra, seguimos con el mate,
acomodamos un poco los kayak, preparamos el equipo que tiene que estar
a mano etc.
Como había escarcha sobre el pasto y para alivianar la tarea optamos
por arrastrar los kayak hasta la orilla del río, no tuvimos problemas,
más que kayaks parecían caballos llevados de las riendas,
el panorama en el río había cambiado bastante, el intenso
frío había formado hielo, que venía río abajo
en enormes bloques, muy diferente al día anterior.
Zarpamos un rato antes de las once de la mañana con un poco menos
de frío ya, talvez por la actividad propia de los preparativos,
rumbo oeste en busca del puente colgante - última parada.
Si bien había hielo este no era tan compacto como parecía,
a medida que pasaban las horas se iba deshaciendo cada vez más,
producto del sol cada vez más fuerte; nos sorprendía ver
sobre la barda del río, la que desde el agua en lugares estaba
a más de cuarenta centímetros enormes bloques de hielo incluso
más allá de la orilla, tratábamos de imaginar como
habían llegada allí, con que fuerza y caudal ha tenido que
venir el río para ponerlos allí, en fin decoraban el paisaje
cada vez más espectacular.
A la una y monedas paramos pasando la desembocadura del Río Ona
para almorzar, algo de fiambre y queso, algún vinito que todavía
quedaba, y el infaltable mate, una vez cumplido el trámite reanudamos
la navegación, nos quedaba todavía un buen rato.
En una zona conocida como las barrancas de Allen alcancé a ver
una gaviota que llevaba una trucha recién sacada del río
y la dejó justo en la orilla para comerla. Seba se encargó
de que así no fuera, tomo la trucha entre sus manos, la miró,
ella lo miró a él, sus ojos se llenaron de lágrimas
y sin pérdida de tiempo la arrojó... dentro del tambucho
el que cerró muy bien por las dudas escapara; estaba reservada
para el asado de los viernes en el club - pero nunca llegó - ¿la
habrá devuelto al agua?.
Continuamos la derrota cada vez más cerca del destino final, en
una de las playas cerca de la herradura vimos a un simpático castor
que estaba merendando en la orilla, no muy común en esta época
ni hora, ya que son de invernar y desaparecer en horarios como el atardecer
y la noche; sin molestarlo tomamos una foto y seguimos río abajo,
cada vez más cerca.
El río seguía igual sin mayores complicaciones, sin mucho
hielo y completamente calmo, no había viento y la temperatura era
de unos cinco grados sobre cero, muy agradable.
En uno de los canales que solemos cortar un poco, vimos a otro amigo castor,
foto y seguimos. Ya estábamos muy cerca de la toma de agua lugar
donde finalizáramos la anterior bajada, con la diferencia que ahora
teníamos algo más de luz, en pocos minutos la pasamos y
llegábamos al puente colgante sobre la ruta tres después
de un poco más de cinco horas de remo desde el zarpe en la mañana.
Como el tiempo estaba bueno y la marea todavía no empezaba a subir
decidimos seguir los doce kilómetros que quedaban hasta punta Triviño
donde esta el club náutico IOSHLELK-OTEN, lo que nos llevo una
hora y media más aproximadamente; llegamos a destino después
de dos días de travesía algo cansados pero con una satisfacción
enorme, sobre todo de haber compartido esta aventura entre amigos disfrutando
de lo que nos gusta, el "kayakismo de travesía" en uno
de los lugares más hermosos de la tierra.
El Ekipo Expedición
estuvo formado por Seba Uribe en un Franky de Weir, Lucho Gamin en un
travesía de Asiak y Martín en un Neko II de SDK, logística:
el Negro Ponce.
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