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Travesía en kayaks - Octubre de 2005

ISLAS ACOLLARADAS
Mar de Ansenuza


Travesías Kayakeras 2005:
Otra vez en Ansenuza, el Peperina Team - 1 + 2 esta vez tratando de explorar nuevas islas, durante los días 20 al 23 de Octubre de 2005.

Textos: Jorge "Toto" Soria / Eduardo Ibáñez / Diego Villafañe / Roberto Milano
Compilación, redacción y correcciones: Diego Villafañe / Roberto Milano
Estadísticas, georeferenciación, GPS y plano: Roberto Milano

Objetivos centrales de la travesía:
Explorar nuevas islas y parajes en la zona centro-oeste de Ansenuza (mar interior de agua salada, ubicado al noreste de la provincia de Córdoba, de aproximadamente 120 Km. de ancho por 130 Km. de largo), disfrutando la navegación en un espacio geográfico natural aislado, con bajísimo impacto humano, como sólo el kayak de travesía puede permitirnos experimentar.

Tiempo previsto:
Cuatro días de octubre (20-21-22-23), el último día se considera extra, programado por eventuales dificultades, atendiendo especialmente a las cambiantes condiciones meteorológicas. Se considera buen tiempo cuando el viento, la variable de mayor influencia en las condiciones de navegación en estas regiones, no supera los 18-20 Km/h.

Campamento base:
Miramar, única localidad costera de Ansenuza.

Recorrido original, pretenciosamente previsto:

  • Día 1°: Miramar - Isla Mistolar, Punta oeste: 44 Km. de aguas abiertas sin escalas, horas estipuladas para el cruce 8.
  • Día 2°: Isla Mistolar Punta Oeste - Islas Acollaradas (nunca abordadas en kayak) - Isla Mistolar Punta Este: 47 Km.
  • Día 3°: Isla Mistolar Punta Este - Miramar: 37 Km. por mar abierto.
  • Día 4°: de reserva.

Distancia total aproximada a recorrer:
130 kilómetros.

Características del recorrido:
Travesía con marcado predominio de navegación en aguas abiertas de larga extensión, de tramos largos con un mínimo de 4 - 5 horas sin paradas.

Recursos tecnológicos:
Fotografías satelitales: NASA, CONAE y LANDSAT 7, geo-referenciadas, cargando luego los waypoints al GPS (navegador satelital). Brújula y compás de navegación. Telefonía celular. Pronóstico meteorológico.

Participantes, procedencia y embarcaciones utilizadas:
Gerardo "Colo" Weir y Jorge "Toto" Soria de Rosario (Weir Dos de Enero); Carlos y Pacho Nieto de Carlos Paz (Triple Weir); Eduardo Ibáñez de Córdoba (Weir Cruz Diablo); Alejandro Battaíno de Río Ceballos (Weir Markopolo); Javier Cavigliaso de Unquillo (Meridien Starloc); Roberto Milano y Diego Villafañe de Villa María (Drakkar 510).

Participaron, excepción hecha de Fran Nieto, el Peperina Team en pleno:
Carlos, Pacho, Ale, Javier, Roberto, Diego y yo). También llegaron de Rosario el Colo y Toto, que viajaron toda la noche y arribaron con sólo tres horas de sueño. (...) El Colo trajo un Triple Weir y un Dos de Enero (que habían sido encargados por Carlos) y su Markopolo personal, color rojo, sin timón." (Eduardo).
El Peperina Team, entidad no oficial ni institucionalmente constituida, simplemente un grupo de cordobeses amigos nucleados alrededor de la iniciativa de Carlos Nieto (por si no lo ubican, el padre de Magui), ha tomado a su cargo (como ya lo anticipara) la tutela de este equipo. Ello significa que acompañará y/o asesorará a los kayakistas que deseen efectuar el cruce.


Mapa del recorrido


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Primer día: Miramar - Mistolar Punta Suroeste. Largo cruce.

"El jueves hicimos Miramar-Mistolar, cruce de 42 Km. por aguas abiertas y siete horas de navegación, que hemos entronizado como una travesía emblemática..." (Eduardo).

Amanece con cielo despejado y viento suave, a las 07:30 horas. Anoche arribó todo el grupo cordobés, sólo falta la llegada de los rosarinos (Colo y Toto), que hacen su aparición a minutos de las 10:00 horas. Les ayudamos a bajar todo el equipo: un bote doble (Dos de Enero); el Triple Weir y el flamante Markopolo, un súper travesía que su diseñador y constructor trajo aquí especialmente para que lo probemos.

"La presencia de kayaks dobles o triples, si bien quiebra el marco de referencia de velocidad de los singles, otorga al grupo una cuota extra de seguridad, en lo que respecta al recambio de algún palista con problemas, o al contar con una verdadera "plataforma de trabajo" para auxiliar a un compañero en dificultades." (Eduardo).

"Siempre he tenido en cuenta, como algo muy importante, el estibado de los pertrechos (alimentos, indumentaria, equipo de campamento, etc.) y en esta oportunidad, me pareció que la distribución del peso jugaría un papel especial, ya que debíamos transportar una buena provisión de agua, suficiente para cuatro días, lejos de todo contacto con la civilización. Otro factor a tener presente, es el tipo de alimentación que vamos a necesitar para darle al organismo las dosis de carbohidratos y proteínas suficientes para soportar jornadas largamente aeróbicas " (Roberto).

Mientras estibamos todo el material, llega el histórico Guardaparque Pablo Michelutti (hoy de licencia en su puesto), sorprendentemente atento con el grupo, analiza con su instrumental de última generación la evolución del tiempo, basado en datos de presión y el viento que se ha estabilizado en unos 18 Km/h. Las predicciones de Pablo y el informe vía Internet indican una perturbación del sector sur para el sábado (viento de 24 Km/h., casi el límite para navegar en las aguas abiertas de Ansenuza) y 50 % de posibilidades de lluvia para el domingo. Tendremos que estar muy atentos.

"Las aguas abiertas ponen en evidencia el "temple" del remero, que se podría definir como la capacidad para soportar psicológicamente las situaciones adversas. Porque cuando sopla viento de cierta intensidad y se forman olas de alguna importancia, luego de un lapso de tiempo, las embarcaciones se separan, la visualización no es tan buena y la sensación del palista es de estar a solas con sus propias circunstancias. Aunque permanentemente los remeros se van observando entre sí y portan silbato." (Eduardo).

Cerca de las 11:20 horas, con unos 25° de térmica, botamos las embarcaciones y ponemos rumbo 330° hacia la, por el momento sólo visible para el GPS, isla Mistolar (13 por 4 Km.), la más grande de la cuenca.
Durante las primeras dos horas de navegación las olas que nos castigan de frente son de poco más de medio metro, no representan demasiados obstáculos al avance, la velocidad es buena, entre 7 y 8 Km/h. El compacto avance de la flota se ve lenta y progresivamente favorecido por una disminución del viento, pero el recorrido comienza a hacerse algo tedioso y aburrido, no hay nada a la vista, todo es agua y más agua a los cuatro cardinales.

"Algunos no aguantaron y se tiraron al agua utilizando la inmersión como baño y para "ir al baño". Se dispararon fotos para romper la rutina de una remada larga y se formaron grupejos uniéndose para charlar temas variados." (Roberto)

Aproximadamente a las 14 horas efectuamos un reagrupamiento general para el frugal y energético almuerzo. Los instrumentos indican que estamos casi a mitad de camino.
Como en otros viajes que hemos hecho por estos confines, volvemos a cruzar aquellos curiosos y kilométricos "canales" de espuma, que ya sabemos: ¡no son las míticas marcas de algún esquivo monstruo marino devorador de kayakistas!; de ninguna manera, el fenómeno es hipotéticamente explicado por la gente local (argumentación ya expuesta en crónicas anteriores), de gran experiencia en el lugar, que se produciría por la acción del agua dulce que fluye de las napas del lecho y tarda un tiempo en juntarse con el agua salada. Comentan que el fenómeno comenzó hace más de treinta años cuando se produjo el terremoto de Caucete y que en esta zona abrió numerosas napas subterráneas de agua dulce, que fueron produciendo el impresionante aumento del tamaño de la mar, que en sólo 10 años aumento más de 2.7 veces su extensión, dejando bajo agua poblaciones y campos enteros. Esta hipótesis también permitiría explicar la disminución del porcentaje de sal en el agua, antes era de 290 gramos por litro y hoy es de 30 gramos por litro, hecho que también ha permitido que el pejerrey de agua salada pueda vivir aquí a sus anchas. Al respecto, en este viaje los pescadores de Miramar se encuentran algo preocupados por la escasa pesca (cada vez quedan menos peces y pescadores, ya que sospechan que la escasez de pejerrey en la última temporada se debe al aumento de la salinidad del agua, efecto perjudicial para este pez, que no puede soportar porcentajes tan altos sin un tiempo evolutivo que le permita la adaptación adecuada.
Luego de cruzar varios "canales" ya se comienzan a vislumbrar los árboles más altos del Mistolar, ¡ya hay tierra a la vista!

"Allá a la distancia, justo en frente, aparecía la Isla El Mistolar, extendiéndose 14 Km. de Oeste a Este y alimentando la esperanza de estar llegando. Grande, tan grande como si eso fuera la costa y el final de la laguna. Pero no, es sólo el anuncio del final del primer día de remo. Nos dirigimos directamente a la zona ya conocida por nosotros para tomar posesión y armar campamento." (Roberto)

"... ¡qué buena travesía!, ¿no?, la verdad es que yo fui a la Laguna a tomar unos vinos, a comer un buen guiso de lentejas, a descansar, a remar un par de horitas nomás y cuando Carlos Nieto casi a punto de salir me dijo que había que remar 9 horas, ahí ya entré a pensar de que yo lo que tenía planeado hacer en esta travesía iba a estar un poco distante, y lo confirme cuando me dijeron después de varias horas de remo que siempre había viento en contra, o sino de costado, ahí me acordé del Colo Weir, debido a que con 3 horas de sueño tenía que hacer un esfuerzo extra y bue, ya estábamos en el baile, me tiré al agua a ver si se me pasaba, de paso fui al baño, pero arriba del bote cuando empecé a remar era lo mismo que antes, ¡cómo costaba!, la verdad es que llegué a la isla del Mistolar después de 7 horas de navegar aguas abiertas, las paradas que hicimos para comer y varias de agrupe, que sirven aunque parece muy poco, pero hay que seguir y cuesta. Molido con un atardecer hermoso, pero al observar la laguna y pensar lo que el grupo había hecho me sentí orgulloso, la verdad era para sentirse así, éramos unos privilegiados, ¡qué lugar!... (Toto).

En los últimos 6 ó 7 kilómetros, con la imponente isla a nuestra vista, sorpresivamente el grupo apura la marcha, quizás por la ansiedad de llegar a tierra y ver algo diferente a agua y sólo agua. Con Roberto nos quedamos atrás manteniendo la misma velocidad con la que veníamos (unos 7 Km/h.). La bajante de las aguas (aproximadamente metro y medio de la cota máxima), han dejado muchas playas al descubierto, lo que facilita el desembarco.
En la Punta Suroeste, existe un semi desmantelado puesto de pescadores, revisamos el lugar y armamos campamento, limpiando un poco el despejado terreno arriba de la baja barranca (menos de un metro), no hay ni un solo mosquito, sólo las moscas están algo molestas.

"Aprovechando los pocos minutos que nos quedaban de luz solar, desplegamos todos los elementos, armamos carpas, mientras nos vamos reestableciendo físicamente completando las escasas ingestas del viaje, esta vez complementando contenidos proteicos. Se armó un fueguito, el que siempre sirve de punto de encuentro y de eje central de toda conversación. Alrededor seguimos compartiendo los distintos alimentos que cada uno ofrece. La tarde estaba cayendo y el sol se escondía en la mar. (Roberto).

La magia de la llama nos hipnotiza atrapando imágenes en el pensamiento de cada uno de nosotros, a la vez, que se iban sucediendo conversaciones de todo tipo. Todavía hay algo de luna, lo que permite prescindir de luces artificiales por un rato. Aparecen las famosas ollas de Toto Soria, quien comienza el ritual de preparación de un guiso de lentejas.
Luego de la cena, los comentarios sobre la etapa y discutir el derrotero de mañana, condicionado por el tiempo y los kilómetros que estamos en condiciones de realizar sin quemar el resto. Se decide llegar hasta las Acollaradas, islas jamás visitadas por kayakistas o remeros, para luego regresar al Mistolar pero al puesto de la Punta Noreste, porque desde allí hay unos 4 ó 5 Km. menos a Miramar, cruce que se haría el sábado previniendo la posible lluvia y mal tiempo del domingo. Aprovechamos el momento y la señal del celular para efectuar la llamada a Miramar, para que Pablo nos informe de la progresión del tiempo; nos dice que no habrá grandes cambios respecto a lo conversado. Estaremos en contacto.

"Cuando subimos desde la playa buscando lugar de acampe, me molesto de entrada la cantidad de moscas, pero como ya atardecía se fueron enseguida. Armamos campamento, con buen fogón, se hizo la ronda de mate con picada y cuando me calmé, entré a cocinar un guiso de lentejas que sacó un aprobado. Sobró, como para mezclarlo con arroz y comerlo al mediodía (así se hizo). De a uno iban desfilando para dormir, hasta que se escuchó el clásico ronquido del cual nadie se hace cargo." (Toto).

Segundo día: Mistolar Suroeste - Acollaradas - Mistolar Noreste. Descubrimiento

Despertamos en otra mañana de ensueño, 100% despejado, poco viento, aguas en calma y con algo de calor, ya 27°C a las 09:00 horas. Desarmamos campamento sin demasiada prisa, estibamos todo el material y emprendemos el largo cruce hasta las Acollaradas (dos islas dispuestas en un abanico de este a oeste), a más de 27 Km.. El rumbo casi es idéntico al de ayer: 320°. Hoy el viento ha rotado ligeramente al este por lo que tenemos olas pequeñas, menos de medio metro, pero muy molestas para mantener el rumbo. A mitad de camino hacemos un reagrupamiento para reponer fuerzas y continuar con el derrotero.
Nuevamente, como en la anterior jornada, a unos 5 Km. de la isla este de las Acollaradas, el grupo comenzó una notable apurada, será que están con mucha fuerza, o puede ser también que estén algo asqueados de tantos kilómetros de sólo ver agua y algo de espuma...

"El viernes fuimos a las islas Acollaradas, punto mas al Norte que hemos llegado en Ansenuza (cinco horas) y después de un breve almuerzo regresamos, luego de otras cuatro horas de remada, a la punta Este del Mistolar, donde armamos campamento en una playa. La mar ha bajado un poco, el agua ya no entra al monte y aparecen playas de arena por todos lados." (Eduardo).

Al descender en la pequeña playa, advertimos que no es arena sino una densa y crujiente capa milimétrica de restos de moluscos, un cementerio gigantesco de ellos. El desembarco permitió desentumecernos un poco, y a pesar de planear una corta parada de almuerzo, la estadía se hizo un poco más larga de lo previsto. Los 33°C de temperatura, así como el sol veraniego obligaba a usar protectores de alto índice, a la vez que nos reclamaba tiempo de relax, pero casi no se proyectaba sombra desde la arbusiva vegetación.

"Luego, al otro día visitamos una isla nueva (Acollaradas), a la que nunca habíamos llegado, otros tediosos 47 Km. a mar abierto, pero el hecho de llegar a esta isla en la que se percibe con todos los sentidos la belleza de lo áspero, hecho que no pareció significativo, la gente estaba como en otra cosa... Mientras algunos almorzaban el guiso de lentejas de la noche anterior, fui a recorrer la pequeña isla, recogí algunos llamativos crustáceos como muestra de la llegada y me interné en el cerrado monte investigando un puesto de pescadores muy poco frecuentado. También visité los curiosos restos de un furgón ganado en óxidos inalterables, que quizás esté por estos lares hace más de treinta años, cuando esta tierra era parte del continente. (...) Esta fue una jornada rara, que raspó, no para cualquiera. (...) En el último cruce pasé a timonear el Dos de Enero junto a Toto, necesitaba un cambio de perspectiva, Pacho se pasó a mí bote." (Diego).

Con fiaca y calor nos embarcamos nuevamente, hacia el puesto noreste del Mistolar. Pensamos que tendríamos algo de ayuda de las olas y el viento (como la canción), pero no, la Diosa Ansenuza, la que por amor se materializó en flamenco para custodiar la mar, esta empecinada en enviarnos los elementos siempre de frente. El viento rotó un poco más hacia el este sureste, pegando las pequeñas olas de frente, a unos 45° a babor. El cruce se hizo muy largo, los kilómetros se hacían eternos, al llegar cerca de la costa norte del Mistolar, vimos a lo lejos unas nutridas colonias de flamencos y cisnes, pero ya no había ganas de desviarnos para ver más, el sol caía sobre el horizonte, todos queríamos llegar... y llegamos nomás con la última media hora de resplandor para poder armar campamento asearnos un poquito el "chasqui" (sacarse la sal del cuerpo) y ponernos ropa seca.

"El viento cada vez soplaba con mayor intensidad, molesto y constante. Algo me decía que por esas horas no debería estar tan agresivo; tal es así que tuve que preparar la comida dentro de la carpa. En un alumbrar de playa, todos acudieron en dirección a mí. Justo ahí, a mis espaldas, moviéndose lentamente, tal vez a buscar refugio, iba una linda araña pollito que alborotó al grupo, mientras Toto la mimaba y la ayudaba en su retirada". (Roberto)


Tercer día: Costa norte Mistolar. Avistaje

Es sábado. En la fogata del viernes hemos decidido apurar desde temprano el largo cruce a Miramar, intentando anticipar la llegada del viento sur, pero al asomarnos desde nuestras carpas, comprendemos que Eolo nos ha ganado de mano. Ya a las 07:00 horas, el viento sopla del suroeste. A pesar de las rachas del sur, el cielo está totalmente despejado y la temperatura muy agradable.
Lamentablemente para nosotros, la velocidad de las ráfagas iban en paulatino aumento y en localidades de la zona se registraban vientos de hasta 35 Km/h., ¿y en la mar?. Ya se comenzaban a ver los clásicos "corderos" en las crestas, lo que anuncia condiciones difíciles de navegación, y para colmo siempre en contra (viento y olas). Desayunamos, empacamos todo y embarcamos, probaríamos si se puede cruzar.

"El sábado amaneció con viento Sur de más de 30 Km/h.; salimos lo mismo, pero luego de media hora de remar sin avanzar, regresamos al punto de partida. Ahora con fuerte viento Sur de popa, observé la barrenada más larga que vi en mi vida. Me refiero al doble Dos de Enero, piloteado por el Toto y Diego."(Eduardo).

"El grupo soportaba el viento y el oleaje. Llevar la navegación con el GPS es algo que particularmente me agrada, pero en estas condiciones adversas, la frialdad y veracidad de los crudos datos, hacen pensar rápidamente en la toma de decisiones vitales. La visión de la pantalla del instrumento se tornaba muy dificultosa. Nunca había visto la proa de mi kayak tan arriba. Dentro de lo poco que podía ver, me daba cuenta que casi no avanzábamos y que seguir bajo esas condiciones era imposible. Fue así que todos fuimos virando con cuidado 180º, emprendiendo un rápido regreso al punto de partida. Registramos barrenadas de entre 16 y 18 Km/h. ¡Increíbles!. (Roberto)

Las olas eran muy grandes, calculamos que las más grandes podrían tener entre 1,80 y 2 metros. Verdaderamente la sensación era impresionante, aunque el avance era por momentos menor a 2 Km/h. Evidentemente a este ritmo y esfuerzo doble invertido para superar cada cresta, sería imposible cubrir el kilometraje previsto. Silbato para toda la flota y a la costa a esperar que baje un poco el viento.

"El bote trepaba las paredes de agua, pero el timón no funcionaba bien, por lo que Pacho en una muestra más de su experticia nos engancha y nos ayuda a mantener el rumbo, sin que el doble se cruce. Luego viendo que no se avanzaba, giramos de regreso a la playa, la tirada fue vertiginosa, barrenamos con Toto un par de olas increíbles, de las más grandes, el doble se comportó de maravillas, y la velocidad fue de vértigo, sin dudas fue el momento de mayor adrenalina y euforia de todo el viaje. También vimos un par de exquisitas maniobras de Pacho Nieto, con un par de roles incluidos." (Diego).

Nuevamente en playa, se discuten los pasos a seguir, podemos cruzar resguardados por el borneo de la costa norte del Mistolar, hasta la Punta Oeste y de ahí, si el viento baja un poco, intentar el cruce más corto hacia el continente, hasta Campo Mare, distante unos 23 Km. La otra opción es permanecer aquí hasta que calme y probar derecho hasta Miramar.
Se decide por mayoría (algunos timoneles más experimentados tiene mayor peso con sus opiniones), permanecer aquí hasta que descienda un poco el viento. Mientras esperamos, Pacho y Alejandro salen a explorar esta parte de la isla buscando la mítica y discutida aguada de agua dulce (posible surgente), que en teoría permitiría que animales salvajes de mediano tamaño como la corzuela, chanchos salvajes, gato montés, mulita, ñandú (se han visto huellas frescas) y hasta algún puma, puedan vivir en la isla.
Aprovechamos la espera para el relax, la charla distendida sobre amores extraviados y hallados, mejorará el bronceado, mientras infructuosamente aguardamos lo que nunca ocurrió: que Eolo se cansara un poco. Nada, no se cansó nunca, es más, incrementó en forma preocupante su potencia.
Pasado el almuerzo y sin novedades de los expedicionarios que se internaron machete de por medio en el denso monte interno, se decide esperar hasta su regreso para navegar los 15 Km., siempre por la costa norte, hasta la Punta Oeste y de ahí, en cuanto se pueda hacer el cruce a Mare. Después veríamos cómo seguimos.
Aproximadamente a las 15 horas regresan nuestros compañeros sin reportar la localización de la aguada, sólo han traído algunos curiosos objetos de cerámica de origen dudoso, sería muy bueno hacer unas pruebas y determinar si se trata de artefactos aborígenes y más recientes.

"Mas tarde cruzamos de la punta Este a la Oeste, por la costa Norte de la isla (protegida de los vientos), donde tuvimos la suerte de observar unas cinco colonias de flamencos de más de cien ejemplares cada una, y dos grupos importantes de cisnes blancos Coscoroba. Fue realmente una tarde para el recuerdo". (Eduardo).

"El cruce al resguardo del viento nos permitió observar de cerca los flamencos de intenso rosa y algunos cisnes. En el doble intentamos acercarnos lo máximo posible y disfrutar el avistaje, Toto hace varias fotos, pero no entendemos porque parte de la flota se aleja tanto de la costa y marchan presurosos, parece que alguien los corre ¿será la ansiedad de llegar a algún sitio seguro?." (Diego).

"Contrarrestando tanta carga emocional, pudimos atesorar imágenes impagables de flamencos, cisnes y diversidad de aves. Parece ser que esa zona es una de las preferidas por las emblemáticas aves; seguramente ningún osado navegante a motor podría verlas allí guarecidas y menos entre restos de árboles muertos emergiendo, todavía de pie, de las salobres aguas. Atrapado por el encanto de un flamenco distraído que me daba su espalda, pude acercarme como nunca antes lo había hecho, aún pagando el precio de quedar encallado ante el encantamiento de su plumaje rosado fosforescente." (Roberto)

Pechando fuerte contra el viento arribamos a la extensa playa norte de la Punta Oeste. Se decide no armar campamento, ya que hemos podido comunicarnos con Miramar y Pablo nos comenta que por allí (distante unos 50 Km., hacia el sur) el viento ha "palmado", que aguantemos una hora y si vemos que se calma crucemos hasta Mare, porque para mañana el tiempo será peor, él hablará a los Mare para que enciendan las luces de su faro para guiarnos. Nos da un aliento bárbaro... Estamos muy jugados, cae la tarde, el viento no paró y la ola no se planchó.
Se hace noche y todo sigue igual, por suerte no hace frío y el cielo permanece despejado; sólo algunas sospechosas nubes azul plomo asoman por el suroeste, parece un frente, ojalá que no sea nada. Decidimos no desarmar nada ni armar campamento y así tener todo listo para zarpar si calma... la espera se hace noche. Otra llamada se hace a los Mare, nuestros amigos Pichón y Negrita, nos aconsejan no movernos, por allí el viento sigue muy fuerte. Ok, le decimos. Utilizamos el sobre techo de la carpa como cobertor y nos tiramos en la suave arena de la playa, espectacular, como en las películas... pero real.


Cuarto día: Mistolar costa Noroeste- Mare. Lluvia, viento, olas y frío.

Los minutos pasan y cerca de las 02 AM, se siente un grito de alarma:
- ¡Se viene el agua! Hay refucilos por todos lados y el viento al palo...
Efectivamente se va arrimando el invitado de piedra, rápido a armar las carpas. Extendemos justo a tiempo, armamos colchonetas y bolsa, a descansar se ha dicho.
Llovió toda la noche. Hacia casi seis meses que no llovía, cayeron cerca de 50 mm, la carpa hizo agua por todos lados, la arena no permitió un buen tensado de las estacas, la precipitación y el viento no tuvieron compasión.

"No sé que hora era y llovía bastante, cuando Carlos Nieto nos llamó y dijo que si calmaba salíamos; a lo cual el Colo y yo contestamos casi con un ronquido... era temprano. Luego de bastante tiempo a pesar de que llovía me desperté; había agua por muchos lugares de la carpa, no sé si fue que filtró por debajo debido a que el piso era de arena o si había una inclinación o una lomita, la cuestión es que ya no daba para estar dentro de la carpa.
De pronto algo que no era lógico, (porque ya a esta altura) empezó como a parar la lluvia (y claro si la hija de put... estuvo presente toda la noche y también después en navegación) fue desarmar todo rápido, prenderse de alguna galleta, agarrar lo que venga a pesar de que no era de uno (después veríamos), era un día gris con viento, pero nada como el de ayer, se podía navegar y ahí fuimos, a navegar, siguiendo a Roberto con su GPS." (Toto).

"¡Qué noche de m.....!. La creencia de que esta tormenta aflojaría de un momento a otro, hizo que me tirara sobre el piso de la carpa sólo dentro de la bolsa de dormir. La espera se hizo muy larga, tal es así que había amanecido y la rosca seguía presente. Será que la Diosa Ansenuza no acepta estas visitas amistosas. Ya lo hemos manifestado en otros relatos y a la vez comprobado: sólo dos de cada diez días, son enteramente disfrutables. Todo un tema. La cuestión es que tuve que sufrir la incomodidad de soportar dolorosas e incómodas posturas, tratando de descansar de costado, cual ficha de dominó, para mojarme menos. Resultado: entumecimiento y enfriamiento. De repente, allá afuera, el resto de los participantes requerían mi presencia para la observación de las condiciones reinantes y la pesada responsabilidad de decidir sobre nuestra partida. Algo había mejorado, pero igualmente estaba movido. De repente, una fuerza interior me llevó a decir: ¡ ... vamos, vamos, vamos ...! Todo el mundo cargó lo que encontraba al boleo. Sin alimentarnos, siquiera con lo mínimo, nos fuimos ayudando a zarpar, y así partimos uno a uno hacia nuestro último destino: Campo Mare." (Roberto)

Desarmamos todo tan rápido que casi no pudimos ingerir nada (grueso error), todo estaba mojado, mejor salir lo antes posible para poder entrar en calor.

"El domingo amaneció lloviendo, desarmamos campamento bajo el agua (esto fue lo único desagradable de la travesía, pero forma parte de la aventura -diría Barragán-, y embarcamos con fuerte viento del Sureste. Dado el frío y el viento existente, decidimos poner rumbo directamente hacia Campo Mare." (Eduardo).

"En el agua (remando) me sentía como dormido, pero no estaba muy fatigado. Todos decían estar "muertos" pero en el agua aceleraban como locos sin esperar a nadie en los momentos cruciales..." (Diego).

"Dado que la velocidad del contingente es, en estos casos, la que lleva el remero menos veloz. Tampoco es conveniente separarse en fracciones, salvo que el punto objetivo este ya a la vista o sea de fácil acceso." (Eduardo).

Esto, sin dudas, no se cumplió en los momentos clave cuando se necesita que el grupo viaje lo más unido posible, creemos que cada uno de los participantes tendrán que pensar y reflexionar seriamente sobre el tema.

"Hubo alguna que otra ola grande, bastante viento en contra, eso sí fue lo que nunca cambió, el viento siempre en contra. También hubo espacio para: navegar, agruparnos, navegar, agruparnos... después de unas 3 horas, Carlos y Bataíno nos avisan que su timón no andaba y que iban a la costa, por nada del mundo quisieron que alguien los acompañara y así continuamos, hasta que Diego me dice que el monte a lo lejos era Campo Mare, donde terminaba nuestra travesía, en teoría. (Toto).

Fueron duras las olas y los vientos, en un momento pensé que sería más complicado... pero llegamos, en casi 6 horas, con las manos llagadas, hacía mucho frío. Cuando descendimos de los botes, nos pusimos ropa seca y fuimos hacia el casco de la estancia (a unos 500 metros). La idea era pedir algún remis de carga que nos venga a buscar, para llevarnos hasta Miramar (60 Km. por tierra, 22 por agua) y recoger los vehículos, pero lamentablemente la lluvia inundó los caminos y no se podían transitar los 15 Km. de tierra hasta la ruta.
En vista al problema del camino, una propuesta alternativa es volver a remar unos 12 Km., hasta Laguna del Plata, donde hay ruta de pavimento, pero nadie quiso, dijeron estar reventados, pero en el agua andaban a mil, no entiendo... Lo que sí es cierto que eran las 18 horas (domingo), hubiéramos llegado de noche (muy peligroso). Finalmente entre llamadas y auxilios, la gente del guardaparque de Miramar nos vino a buscar en una 4x4 de "Córdoba Turismo" preparada para rescates.

"Llegamos a la península cinco o seis horas después, en donde tomamos chocolate caliente y pedimos una 4x4 que nos llevó de regreso a Miramar; allí cenamos y nos fuimos a dormir al Hotel Savoy. Nos acostamos cansados pero imbuidos de una satisfacción, que sólo pueden tener quienes se dedican a estas disciplinas." (Eduardo: recién despertó a las 12:00 hs. del lunes).

" Cuando llegamos a la playa teníamos una casa abandonada donde nos cambiamos a seco con lo poco que teníamos (mucha ropa mojada). El Colo trajo su calentador, pusimos una olla con agua y saquitos de café, ¡qué placer poder tomar ese café!... Como estábamos cagados de frío, costaba pero de poco iba volviendo el alma al cuerpo, ya las necesidades biológicas se hacían sentir, que bueno poder restablecerse y no tener ninguna consecuencia a pesar de que uno no fue preparado eso, es algo que me tengo que replantear, no viene nada mal entrenar un poco o lo que corresponda. Cuando fui a buscar algo al kayak (el café y muchas galletas, me había restablecido) me fije de dónde veníamos y el viento ahí se había calmado (siempre tengo esa impresión cuando cruzo una rosca), era una buena distancia y había que estar bastante loco para hacer lo que hicimos. Me gustó esa sensación y más que para mí ya había terminado la travesía (no sabia que faltaba el toque final); a unos cuatrocientos metros estaba el Viejo Mare que nos recibió muy bien; a los muchachos ya los conocía. Seguimos ahí con café con leche, unos sandwiches espectaculares, hasta que no sé cómo fue que alguien dijo que teníamos un camino de tierra de unos 15 Km. y como había llovido no se podía salir, o sea que la travesía continuaba... Hasta que se contactaron y nos vinieron a buscar en una 4x4. La verdad la travesía continuaba, pero fue distinta, esta vez por tierra, hubo que bajarse una vez y empujar o más que nada acomodar la 4x4 para que no se vaya a la banquina. Después, a lo ultimo fue algo distinto, estaban arreglando y pasábamos por el medio del camino con agua, pero con piso firme, hasta que salimos a la ruta. Me sorprendí al ver que Miramar quedaba a 49 Km. del cruce que habíamos salido. (Toto).

Pudimos subir los nueve a la Toyota, pero hubo que dejar los botes en la estancia (permanecieron allí unas dos semanas por el ingreso intransitable), la camioneta iba haciendo zig zag en el enlodado camino, que más que camino era un río... y en una de esas, se fue nomás a la banquina.... hay que bajarse y pechar, entre los nueve la sacamos, pero así quedamos... llenos de barro. Cerca de las 22:30 llegamos a Miramar, brindamos, almorzamos y nos quedamos en el Savoy Hotel, no había fuerzas para emprender el regreso y menos para manejar. Fue todo muy vertiginoso, todo fue a mil.

"Cuando llegamos no nos pudimos bañar porque sino cerraba el restaurante, así que con todo a cuesta nos fuimos a cenar, luego unas fotos como despedida, un poco triste, será que para mí todo lo bueno dura poco. De ahí a dormir al hotel Savoy, porque estaba molido, pero con la seguridad de haber hecho un evento como pocos." (Toto).

"Con Eduardo y Diego nos dirigimos a la casa de campo de los Mare. Silencio de siesta. Se desata otra lluvia tranquila y sin prisa. Nos recibe Negrita con el corazón abierto (apuntalado por su nuevo marcapasos), ofreciéndonos un chocolate caliente y ropa seca para quien necesitare. Nos comunican que las copiosas lluvias han anegado los 15 Km. de camino de tierra hacia la ruta que los une con La Para, población que se encuentra todavía a casi 50 Km. de nuestro asentamiento en Miramar. Todos nos movilizamos para salir de esta situación. ¿Y si los Mare no hubiesen estado en el campo qué hubiéramos hecho? ¿Cruce a Miramar?. No había otra. Hubieran sido 23 Km. más. Mientras suculentos sandwiches de salame y queso, armados velozmente por Negrita, calman a las bestias, Pichón Mare ofrece su tractor y acopladito para traer los botes desde la playa. Llega una 4x4 de la Agencia Córdoba Ambiente. Apilados uno sobre otros, nos despedimos de los Mare inmensamente agradecidos por su bondad. El camino estaba hecho un jabón. Avanzamos lentamente entre uuuyyyyy y guaaaarda ! Hmmm qué cerca que estuvimos.... Más adelante nos fuimos a la cuneta. Todos a empujar. Salimos y lentamente seguimos la pantanosa huella. Llegamos a la Ruta y a chupar frío hacia Miramar. Llegamos casi a medianoche al Savoy embarrándole todo lo que pisábamos. Cerramos cuestiones pendientes con el Sr. Godoy, flamante encargado de la Agencia Córdoba Ambiente, quien fue uno de los pescadores más importantes de la zona. Destaco su predisposición, empuje y actitud para con el grupo. Gracias por el importantísimo gesto y su rápida intervención. Arreglamos los gastos y quedamos en efectuar el agradecimiento formalmente mediante nota. Con apenas algunos retoques, salimos a cenar al bien servido y atendido comedor del amigo Ribetta, quien ya nos cuenta entre sus más hambrientos clientes. Al regreso, la gente del hotel dormía plácidamente. Algo increíble: ... ¡ nos habían dejado las llaves para que podamos ingresar!. Entré sigilosamente y abrí la heladera donde les había dejado una botella de espumante, ritual que es de mi costumbre. Se tomaron las últimas fotos. Llegaron las despedidas y hasta siempre". (Roberto)


Reflexiones finales

"La travesía resultó estupenda, fue sin duda la de mayor exigencia que he realizado yo y quizás, varios de los otros integrantes. (...) Luego de dieciocho años de visitar Mar Chiquita estoy en condiciones de explicar la dirección de los vientos dominantes: viento en contra." (Eduardo).

"Ya hemos navegado en varias oportunidades el Mar de Ansenuza. Sabemos que es un lugar hostil y áspero; lo que hace que debiéramos planificar las travesías con más holgura con relación distancias - días disponibles, tomando en cuenta las condiciones poco amistosas que se dan en el lugar". (Roberto)

"Este viaje que hicimos a Ansenuza, fue muy distinto a todos los realizados, a pesar de compartir con gente ya conocida, (9 remeros en total) con los que hemos participado en muchos eventos, e ir a un lugar relativamente conocido, algo no salió bien, quizás fue la dureza del recorrido. Era la primera vez que hacíamos un tramo tan largo sin escalas posibles: Miramar - Mistolar, a mar abierto sin costas y sin paradas." (Diego)


HASTA LA PRÓXIMA.

Jorge "Toto" Soria
Eduardo Ibáñez
Diego Villafañe
Roberto Milano
 

 


 

 

 

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