CRÓNICA
DE LA TRAVESÍA
El
domingo 12 de Marzo de 2006 contando con la participación
de 72 embarcaciones tripuladas por 125 remeros se realizó
exitosamente la travesía “8º DESAFÍO DEL XANAES
– PARTE FINAL” por aguas del Río Xanaes y de la Laguna
Mar Chiquita, uniendo el denominado “Puente Marull” con la localidad
de Miramar.
Representantes de Miramar, Arroyito, Río Ceballos, San
Francisco, Monte Maíz, Tránsito, Córdoba,
Cruz del Eje, Río Segundo, Villa del Rosario, El Manzano,
Balnearia, Santa Rosa del Río Primero y Devoto de la Provincia
de Córdoba, y remeros venidos de otras Provincias disfrutaron
de las condiciones favorables de las aguas del río y de
la laguna y de las bondades del clima imperante el domingo para
la práctica del canotaje, actividad náutica que
cada día va incorporando mayor número de adeptos.
El desarrollo de la parte técnica de la travesía
comenzó en horas del mediodía del viernes 10 cuando
el Prof. Arnaldo Martiañez y Mariano Urquía de Arroyito
y los tres responsables de Seguridad Náutica de la Provincia
con que cuenta el Destacamento de la Localidad de Miramar concretaron
el recorrido de inspección del curso del Río Xanaes
para despejar posibles inconvenientes para el normal desarrollo
del encuentro.
El día sábado ya fue adelantando la respuesta a
la convocatoria de este tramo al mostrar el arribo de vehículos
con canoteros y botes desde Santo Tomé, Santa Fe, Córdoba
y Arroyito a Miramar.
En el reencuentro amistoso el tema que habría más
interrogantes se relacionaba con el “estado del río”, el
clima y los pronósticos meteorológicos. En primer
término el comentario tranquilizador de que el río
vestía sus mejores galas: tenía muy buen caudal
pero permitía las maniobras para un recorrido sin inconvenientes.
Respecto del clima fue la noche la que dio la respuesta, a medida
que fueron avanzando las horas el brillo de la luna tiñó
de plata la laguna dando esperanzas a un muy buen domingo. Por
otra parte los pronósticos adelantaban “día soleado
con buen tiempo”.
El esperado domingo 12 se presentó con una madrugada fresca
pero serena, soplando sólo una leve brisa y con las estrellas
brillando a pleno.
Al comenzar a aclarar ya no quedaban dudas: nos esperaba un día
espléndido, entonces la atención comenzó
a centrarse en el camping a la vera del Xanaes cerca del “Puente
Marull”.
Llegar fue la confirmación de las expectativas previas:
gran despliegue de vehículos portando muchos botes y gran
número de entusiastas remeros disfrutando reencuentros,
saboreando el sencillo desayuno característico de las travesías
o pugnando por completar rápido los trámites de
inscripción para poder abocarse a ultimar los detalles
previos a la inminente partida, acompañados por otro grupo
no menos entusiasta y participativo de familiares y amigos.
Están los experimentados que participan de todos los encuentros:
Luis y Sra. de Córdoba; Alejandro, su Hijo y Hermano de
Río Ceballos, Gerardo de San Francisco, Hugo de Río
Segundo, Luis y dos de sus Hijas de Villa del Rosario; Marcos
y Gonzalo de Monte Maíz, Luis y Familia de Tránsito;
Paco, Rubén y su Hijo de Villa Santa Rosa de Río
1º; Gustavo de Villa Fontana; Víctor, Martín,
Mariano, Maicol, Adrián, Pablo, Darío, Marcos y
Arnaldo de Arroyito, pero a estos se le suman caras nuevas, en
quienes el canotaje está despertando interés y también
está el río mostrando un atrayente y rumoroso caudal
como nunca en las 7 ediciones anteriores.
El ruidoso aporte de los amigos de Río Segundo marcó
los momentos de la reunión para la bienvenida, las breves
indicaciones y la ansiada partida: ¡ya estábamos
remando!.
A la explosión de energía inicial le continuó
el pausado ritmo de travesía que permite apreciar los variados
detalles que se entremezclan: sol a pleno, ni una nube, brillante
cielo azul, casi nada de viento, pequeñas barrancas tapizadas
de vegetación de verde brillante, silenciosos grupos de
jotes o congos -buitres negros-, infinidad de “plumerillos” y
muchas de otras flores, predominando las campañillas violetas
y las blancas de las todavía abiertas “damas de noche”,
la profundidad del río medida con el largo del remo doble
que algunas veces no alcanza a tocar fondo, pisadas frescas de
carpinchos, la lamentable presencia de montones de botellas de
plástico, animadas conversaciones de compañeros
que se reencuentran: ¿cómo andás? ¿tuviste
ya las vacaciones? ¿cómo fue ese viaje qué
hiciste? etc. etc., los distintos modelos de botes y remos, camaradería,
mucha camaradería. Seguir avanzando marcando el camino
hace llegar el momento de “pasen la voz, estamos llegando a la
parte sinuosa, avancen de a uno sin apurarse”.
El avance cuidadoso de los botes entre curvas, contracurvas, grandes
remansos y casi rozando las ramas de sauces llorones en galería
con “puertas” de sólo dos metros de ancho acapara toda
la atención, hasta que un árbol caído en
medio del cauce indica que lo “más complicado del río”
pasó. Este anuncio va dando mayor tranquilidad y permite
que se vayan formando nuevamente los grupos de amigos para dar
continuidad a las conversaciones interrumpidas un rato antes o
comenzar otras nuevas.
Llega el turno a una muy grata e inesperada sorpresa: un olor
raro en el aire y la vegetación de ambas orillas que cambia
abruptamente de color, el verde brillante da paso a la explosión
del color blanco de las plumas y plumones de centenares de ejemplares
adultos y pichones de garcetas del ganado, conocidas como garcitas
blancas, en su zona de nidos y cría. Garcetas “por todos
lados”: en el aire, en las ramas y en los nidos.
Último tramo del río y se abre ante la vista el
espectáculo esperado de la desembocadura en la Laguna Mar
Chiquita, que tiene más de mar que de laguna.
El delta permite ver costas bajas, que todavía muestran
indicios de haber estado inundadas no hace mucho tiempo, con la
presencia de sus habitantes del verano: cigüeñas,
gaviotas, cisnes blancos coscoroba, espátulas rosadas y
flamencos rosados.
Todo el frente de la vista se llena con el brillo de “la Laguna”
hasta la línea del horizonte, que parece que está
más alta que nosotros.
Comienza otra ceremonia: el reagrupamiento que posibilita un merecido
descanso, la rehidratación, comer algo, “ir al baño”,
sacar algunas fotos y tener la seguridad que todos los remeros
sortearon con éxito el tramo del río y están
en condiciones de abordar el desafío mayor en pos del destino
final de ese día.
La llegada de la piragua blanca que viene “cerrando” es el pasaporte
esperado para emprender la parte del raíd con sabor a sal,
tomando como referencia de avance la torre Copacabana, o el Hotel
Viena hacia Miramar.
Las reservas de energía aquí se ponen a prueba,
cada uno da lo que necesita o tiene. Ya no está la suave
corriente a favor del Xanaes para ayudar en el desplazamiento
del bote, sólo se cuenta con la fuerza muscular y pericia
de cada remero para ir hacia delante.
En las piraguas los gritos de aliento para el compañero
y fuera del agua el brillo de los remos mojados va dando un marco
particular a las siluetas de botes y tripulantes que en un grupo
compacto se van acercando a la “Nueva Playa”, donde otro espectáculo
se manifiesta: un nutrido, rumoroso y entusiasta grupo de amigos
disfrutan ese arribo expresándolo con vivas, saludos, aplausos
y bombas de estruendo que producen una muy particular “suelta
de gaviotas”.
Lo que siguió no por rutinario deja de ser emocionante:
satisfacción de los organizadores, participantes y amigos,
abrazos, felicitaciones, “choris”, certificado, despedida...
GRACIAS
MIRAMAR, HASTA LA PRÓXIMA.