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Travesía en kayaks, Mayo de 2006

RAID 20 ANIVERSARIO DEL CIRCULO ROSARINO DE CANOTAJE
ANDINO - ROSARIO 2006

19,20 y 21 de Mayo de 2006

Un año más para este raíd que convoca siempre buena cantidad de palistas. Un circuito clásico y el más "rendidor"en este sentido: viajando menos de 50 kms.por tierra se regresa navegando cerca de 120 kms. aguas abajo. En esta ocasión tenemos el privilegio de contar con dos relatos sobre el mismo evento: el primero de India del Río y el siguiente de Eduardo Ibañez. Dos estilos diferentes, con un denominador común: ambos participaron por primera vez del evento.

RELATO DE INDIA DEL RIO

Queridos amigos:

Llegó el momento de contarles la inolvidable experiencia vivida en el Raíd de los 20 años del C.R C. ( Círculo Rosarino de Canotaje) Pido perdón (como siempre) por no ser tan buena escribiendo, pero trataré que algo se entienda.

Llegamos a Rosario con el Vikingo ( ídolo total, además maneja como un Dios) el día jueves por la noche 22:30 hs. Apenas habíamos llegado y ya habían empezado a mimarme, me llevaron a comer y se ocuparon de mí hasta último momento de ese día; ya el Viernes me organicé para que no tengan que venir al centro, ellos estaban en Baigorria que queda unos 12 Km del centro de Rosario.

DÍA VIERNES:
Desde temprano nos fuimos juntando en la guardería "Costa Norte" lugar donde nos habían convocado para organizar la salida hacia Andino, allí acamparíamos esa noche. El encuentro fue realmente muy lindo ya que nos juntamos con muchos amigos que conocía personalmente, pero también estaban los otros... los virtuales; que conocía únicamente por el foro y que de alguna manera eran también mis amigos, fuimos saludándonos y uniendo caras con algunas charlas previas en el foro, momentos antes de llegar al punto de encuentro habiamos saludado al Pepo Cano, a su papá y a Marcelito Fernandez.
La travesía comenzaría en Andino, este lugar quedaba a 60 KM distancia desde Rosario sobre el río Carcaraña, era un pueblito con casas bajas donde los niños jugaban en las calles. Nos fuimos organizando con los que tenían sus autos disponibles para trasladar todos los equipajes posibles, para no ocupar demasiado espacios en la traffics que nos regresarían al pueblo. Chapita Figueroa trasladó mi bote entre otros con su trailler (¡gracias Chapita! también sos un ídolo).
Desde Rosario nos transportaron los Avetta en su auto (¡Gracias! Ángel y Barbara). Bárbara compro unas ricas empanadas antes de dejar Rosario y fue eso lo que en el viaje fuimos comiendo.
Llegamos al camping y solo queríamos saber donde estaba el Gran Toto, él tenía sobre la parrilla el famoso carpincho que comeríamos esa noche, estaba exquisito, además como hacia un frío polar nos hizo muy bien tomar un buen vinito y después de una mágica velada nos fuimos a dormir, bueno... dormir es una manera de decir, ya que los chicos jóvenes se quedaron haciendo fogón hasta las mil y quinientas y se pudieron oír sus charlas y sus risas hasta altas horas de la noche, casi madrugada

DÍA SÁBADO
Nos levantamos muy temprano, las carpas tenían sobre los cubre techos "cristalitos" de la helada caída la noche anterior, después del desayuno, caminamos por el parque y descubrimos que en los árboles habían crecido kayaks, yo nunca había visto un árbol de kayaks, eran fabulosos habían de todos los colores pero eran como el mejor fruto, para agarrarlos había que subir muy alto cosa que no era para mí. Me quedé con las ganas de juntar alguno.
Después de desarmar las carpas fuimos cargando los botes y tratando de bajar al agua organizadamente de manera que todos estuviéramos listos a una hora razonable. Yo no perdía de vista a los mas experimentados, me habían hablado de una cascada y eso me tenia muuuyyy nerviosa, sobre todo porque hacia un frío polar y si me volcaba, obviamente me mojaría y tendría que estar todo el día remando mojada, cosa que no era agradable.
Tengo que confesar que cada día estoy más contenta de tener un Asiak, yo misma me sorprendo de la capacidad de carga que tiene y de la estabilidad que consigue cuando esta cargado a full, casi diría que llevaba parte de mi casa a cuestas. Mejor no cuento lo de la cristalería a bordo.
A las 10:45 estaba en el agua con la ayuda de Felipe Villareal, Eduardo Ibañez y el Vikingo que siempre estuvieron atentos a todo, yo no podía mover mi kayak con la ayuda de un compañero, con lo cual necesite de dos hombres para bajarlo por el barranco.
Espere arriba del kayak para que bajaran los demás, le pedí al Vikingo que me aguante para pasar juntos la cascada, me esperó y nos juntamos con los demás, habían muchos remoloneando para cruzarla ( seguramente les pasaba lo que a mi) les pedí a los que estaban conmigo que lo hicieran antes que yo, así fue como enfilaron Vikingo primero, Fernando de Colon segundo y Eduardo Ibañez tercero, la cuarta era yo.
Cuando ví que ellos pasaron sin volcarse me anime a hacerlo, además de armarme muy bien sobre el bote, despejé el miedo, solo sentía adrenalina saliendo por la yema de mis dedos, cuando me enfrente a la cascada oí que alguien me grito: "Dale India" no alcance a ver quien era, estaba atenta a mi bote y a la remada, creo que fue el Gran Toto o Angel Avetta ( el cual había puesto una ficha a que me caía) seguramente perdió la apuesta, yo por lo menos no me caí, de todas maneras yo me había dejado solo una musculosa y una calza por si me caía no me mojaba demasiado, solo me preocupaba la cámara que viajaba entre mis piernas, y si me volcaba perdía todo.
Ese fue el comienzo de la travesía por las aguas del Carcaraña, un río con correntada rápida a lo que nosotros no estamos acostumbrados (en Tigre) era como un Lujan con sudestada, pero es un río muy pintoresco lleno de casitas bonitas en su rivera, es bastante encajonado con lo cual no se sentía demasiado el frío ni el viento.
Traté de esperar a los que venían atrás aguantando a algunos que no se sentían del todo bien por no haber dormido la noche anterior, me deje derivar por 50 minutos y nadie aparecía, con lo cual pensé que yo era la última, comencé a remar, después de haber tirado algunas fotos, cuando llegue a un punto empecé a ver todos los kayak que estaban a la vera del río, algunos habían bajado, otros permanecían sobre ellos, yo trate de bajar pero había mucho barro y como no soy muy amiga de ello, me volví a subir después de mucho malabarismo arriba del bote para no caerme y embarrarme.
Llegaron los rezagados, estaba segura que alguien venia atrás, ahí apareció el Gran Toto remolcando a un "herido" y Felipe y Fabiola, y Jorge y no se quien más. Jorge con su pescado sobre la cubierta de su bote preservándolo para la comida de la noche, yo no lo podía creer, por suerte hacia frío y el bicho se conservó.
Faltaba ya poco para la primer recalada, habíamos remado casi todo el día haciendo varias paradas de reagrupamiento, ya faltaba poco para llegar al bosque donde acamparíamos esa noche, llegamos al río Coronda y seguimos remando, por fin llegamos al lugar; por suerte era una playa casi sin barro, desembarcamos y subimos los botes, a mi me quedo la angustia que a mi bote se lo llevaría la marea, pero el Gran Toto me tranquilizo y me dijo que ese río no subía.
Armamos las carpas, el lugar era muy bonito, esta vez la armé debajo de los arboles. Después de la experiencia de Andino no quise ponerme a la intemperie; todo estaba organizado, llego la hora de la comida y todos colaboraban en buscar leños y demás para encender el fogón, cada uno armó su comida y yo armaba mis sandwichs de leber con huevos duros que me había llevado desde Buenos Aires, también aprendí a usar todo lo que yo creía que era basura, por ejemplo las latas de duraznos en almíbar vacias, esas servían para calentar agua en el fogón, a mi nunca se me hubiese ocurrido hacer tal cosa, pero las ganas de tomar un rico café caliente hicieron que yo me las rebuscara para calentar agua, eso no quiere decir que no teníamos otros elementos, mis compañeros los tenían y me lo ofrecían pero a mi me gustó la idea de experimentar con lo reciclado, la verdad que en este viaje aprendí a disfrutar y a saber que todo tiene valor, tampoco tenía cucharita y revolvíamos con un palo cortado de un árbol.

DÍA DOMINGO
Por la mañana, nos despertamos al alba: 07:00 hs; desayunamos y organizamos la salida, no tengo idea a que horas bajamos al agua, pero la idea era remar todos juntos con lo cual tuvimos que esperar a los rezagados, había un grupo que estaba muy desfasado con nuestros horarios, cuando nosotros estábamos en el agua ellos preparaban tostadas para el desayuno, pero la travesía era así sin apuro y sin tiempos. Nos dejamos derivar mientras esperábamos a los del fondo, llegamos a un sitio donde paramos a almorzar, ya sobre el Río Paraná, cuando bajamos veo con asombro que la mayoría se pone a cocinar comida elaborada, pense que tendriamos para dos horas de espera con lo cual armé mis últimos sandwichs y compartí con algún compañero también preparé un rico café, en la latita de duraznos había calentado el agua arriba del fueguito que habían hecho para cocinar.
Después del almuerzo y la siesta de algunos, comenzamos la retirada muy despacio, porque los que llegaron últimos también habían cocinado y necesitaban su tiempo, nos dejamos derivar un buen rato por el Majestuoso e Inconmensurable Paraná disfrutando de una travesía que estaba llegando a su fin pero con sabor a más. Todas las travesías tienen su magia pero esta fue muy especial, la gente con la cual participe tenía ese "que se yo".
Llegamos a Rosario, bajamos en una guardería fantástica que se llama "Puerto de Palos". En ella habían guardados casi 1000 kayaks ( si, dije mil) me volví loca, quería quedarme en ese lugar que también era mágico, después me presentaron a su dueño, era nada mas y nada menos que el papá de Julieta (futura esposa de Chapita Figueroa) la buena onda que había reinado en toda la travesía también se podía respirar allí dentro, todos colaboraban, todos te daban una mano, todos estaban felices de nuestra llegada al lugar.
Chapita Figueroa se llevo mi bote a Baigorria y yo partí a mi hotel donde pasaría la noche, después de un reparador baño y de una rica comida traté de dormirme no sin antes pensar en todos los momentos maravillosos que había vivido.
Quiero agradecer muy especialmente a todos aquellos seres increíblemente solidarios que me hicieron sentir muy cómoda y muy feliz: en primer lugar al Vikingo por haberme transportado desde Tigre con mi bote ( gracias por tu paciencia y por tu buen sentido del humor, te prometo limpiar el mate para la próxima) a Chapita Figueroa por llevar mi bote a Andino y después a Baigorria, a Julieta por habernos recibido con mates calientes y muy bien hechos cuando llegamos a tierra firme, a Gustavo ( huevo) que en todo momento nos cuido y estuvo atento al grupo, a los hermanitos Pinzón, a Felipe, a Esteban Braganognolo, a Gustavo Ayala, a Eduardo Ibañez, al Gran Jorge "Toto" Soria por la impecable organización, a Angel Avetta, a Bárbara Avetta, a Jorge, a Fernando Mediña, a Lula y papá Anselmi, a Raúl Giorgis, y a todos, todos los que no recuerdo sus nombres porque eran muchos y yo estoy un poco mayor para recordarlos a uno por uno.
Solo sé que cada uno, me dió una mano en el momento que lo necesité, y así fue que me hicieron sentir como en casa.
Gracias, infinitas gracias por los momentos tan agradables que me permitieron vivir, nunca los olvidaré y prometo muy pronto volver a visitarlos para repetir tan rica experiencia.

Y colorín colorado este relato ha terminado

¡Salud y adelante gente linda de Rosario! Los quiero infinitamente, todo mi amor.

India

Blanca González

 

RELATO DE EDUARDO IBAÑEZ

Queridos amigos:

Mi hermano dice que (en términos de percepción personal) el tiempo pasa a mayor velocidad en la medida que uno se hace mas grande. Aduce que como medir es comparar: un año, para un niño de dos, es la mitad de su vida; mientras que para uno de diez, representa solamente la décima parte.
Será por ésa razón, que transcurrieron tan rápido los tres días del encuentro en Rosario, donde festejamos el veinte aniversario del ya antiguo, pero no por ello viejo, Círculo Rosarino de Canotaje.

La concentración se realizó en el camping municipal de Andino, pequeño poblado sito a la vera del río Carcarañá.
Allí nos reunimos con Toto Soria (organizador y estupendo anfitrión), Raul Giorgis de "Sol y Río" (no navegó pero acompañó comiendo carpincho a la parrilla), Fernando de Colón (que vino con su Starloc), India del Río, el Vikingo, Lula y su papá (desde Buenos Aires), Chapita (Plásticos Tigre), Gustavo Ayala, Esteban Bragagnolo, Felipe Villarreal y El Huevo (cuyo verdadero nombre no recuerdo).
Sin olvidar por cierto al dinámico grupo de los kayakistas mas jóvenes. He mencionado solamente a algunos de los
participantes, siendo el contingente mucho más numeroso y concurrido.
También nos acompañó en el campamento Angel Avetta, presidente del CRC (quien nos trajo en su auto desde
Rosario) junto con Bárbara, su encantadora novia.

En la actualidad, el Círculo está conducido por Angel, el Toto y el Huevo; a quienes agradezco por este medio, todos los esfuerzos realizados.
Porque decididamente, organizar estas travesías grupales "abiertas", significa estar permanentemente en actitud de servicio, a toda hora y sin descanso.

El sábado amaneció muy frío pero con buen sol y sin viento. Bajar los kayaks al agua no fue tarea fácil, debido
a las barrancas santafecinas.
El Carcarañá es el único río del sistema hídrico rosarino que viene desde Córdoba. Sus aguas están formadas por las del río Tercero (Ctalamochita), y las del arroyo Saladillo (heredero del río Cuarto, luego de que éste se pierda en los bañados, que llevan el nombre de aquél). Yo navegué dos veces el Tercero, desde la ciudad homónima hasta Villa María, en mis primeras travesías. Pero ví al Carcarañá más importante, por su mayor ancho y caudal.
Eso me hizo cambiar de opinión sobre el cariz de la contribución que aporta el Saladillo.

El río tiene muchas curvas (en algunas se nota con claridad, como el agua socava la barranca, en su implacable e ininterrumpido accionar).
La forestación ribereña (compuesta por especies exóticas), y las casas de fin de semana, daban al siempre cambiante paisaje, un toque pintoresco muy llamativo.

La corriente ayudaba a la navegación, por lo que la remada se presentaba tranquila y llevadera, permitiendo entonces la conversación y el intercambio de opiniones.
Era el momento de ponerle "cara" y "voz" a muchos amigos que conocíamos (a veces desde hace tiempo), a
través del foro.
Realmente es una sensación curiosa y divertida. Casi nunca coincide la realidad que uno está mirando con lo
que imaginó anteriormente; y lleva un poco de tiempo conciliar las dos situaciones.

Nuestro grupo se alejó bastante de los que venían a retaguardia y por tal motivo decidimos esperarlos para
reagruparnos. Último llegó el Toto, remolcando a un kayakista "fuera de combate", debido a las ingestas etílicas de
la velada anterior. No me alcanzan los dedos de una mano para contar las veces que he observado al amigo Soria, resignando su bienestar personal para dar una ayuda a algún compañero necesitado.

Almorzamos y continuamos la navegación hasta encontrar al grupo adelantado, que había desembarcado en una playita de arena, para comer mientras esperaba por nosotros. Ya todos juntos (el navegante "herido" fué
trasbordado a un doble), proseguimos el derrotero del Carcarañá hasta vislumbrar su confluencia con el río
Coronda, de mucha mayor importancia.
Pasamos con nuestros kayaks por el sitio histórico donde fue construído el primer emplazamiento estable
en territorio argentino: el fuerte "Sancti Spiritus", fundado por Sebastián Gaboto en 1527 y destruído dos
años después por los belicosos (¿o embolados?) indios Timbúes.
Realmente fué emocionante observar el mismo panorama que debieron avistar éstos exploradores; y la
ubicación estratégica del sitio explica el motivo de la elección del lugar.
Lamentablemente, por haber sido los materiales de construcción utilizados, troncos de árboles y paja, no se conserva a la fecha ningún rastro del asentamiento.

Enseguida ingresamos al río Coronda, que en realidad es un brazo importante el Paraná, que se desprende de
éste a la altura de Santa Fé y se conecta con el canal principal, antes de llegar a Rosario. Luego de una corta navegación por dicha vía fluvial mucho mas ancha y caudalosa, desembarcamos en una isla ubicada en su márgen izquierda, donde armamos campamento.

Cenamos un guiso de lentejas exquisito (éstos rosarinos son todos cocineros de primera), acompañado por vino del bueno aportado por India del Río, y bebido en copas de vidrio, al mejor estilo de los salones franceses.
Departíamos además con el Toto y el Huevo (como se observa en una de las fotos) charlando animadamente.
Este último se quedó dormido boca abajo, y al despertar encontró $5 en el bolsillo trasero de su pantalón.

-¿Porqué me habrán beneficiado con éstos cinco pesos? -reflexionó extrañado el Huevo.
-¿Querés mas vino? -preguntó alguien, haciéndo oídos sordos al comentario anterior.
-Sí. -Acotó el Huevo- pero ahora bebería blanco.
-¿A que se debe el cambio de la preferencia?
-A que he notado que últimamente, el vino tinto me hace arder mucho... la garganta.

Al día siguiente continuamos la navegación por el Coronda.
Enseguida observamos cuatro enormes elevadores de grano, con su sistema de cintas transportadoras hasta las boquillas de carga, sobre el río.
No pude dejar de pensar cuanto cambiarán en pocos años mas, los idílicos paisajes agrestes que hoy disfrutamos.
Razón mayor para que los aprovechemos mientras los tengamos, y los cuidemos como oro en polvo.

El Coronda se une al Paraná sin que el navegante tome conciencia de ello. Simplemente las islas de la márgen izquierda (que los separan), se empiezan a distanciar y el cauce menor se incorpora al mayor. Navegar el segundo río argentino, para un kayakista mediterráneo, siempre es impresionante.
En el trayecto nos cruzamos con cuatro o cinco buques de ultramar (uno tenía pabellón de Chipre), de los que llevan nuestra soja a Europa y Asia. Sobre la márgen derecha continuaban apareciendo las estructuras de los elevadores de granos, las "cerealeras" como le dicen los lugareños.

Continuamos remando a favor de la corriente, cuando de improviso se pudo ver arriba de la barranca, la cerca y el mástil característico del Campo de la Gloria. Me enderecé todo lo posible en mi bote para observar el prado histórico, pero está muy alto y no alcancé a avistarlo. Tampoco pudieron hacerlo los godos hace 193 años. Ellos tuvieron que trepar con mucho esfuerzo el acantilado, para encontrarse cara a cara sorpresivamente, con la derrota o con la muerte. Escuchaba (en mi imaginación) sonidos de trompetas, galopes de caballos y el inconfundible chirriar de los sables que se cruzan en combate.
Y comencé a recitar (casi sin darme cuenta) los versos de la marcha militar, que lleva el nombre de la primera victoria de los Granaderos a Caballo.

"... sordos ruidos, oir se dejan
de clarines, de corceles y de aceros.
Son las huestes, que prepara
San Martín para luchar en San Lorenzo."

Los rosarinos pasan todos los días por el lugar y ni siquiera lo miran, pero para un provinciano cordobés, el encuentro no deja de ser emocionante.

Seguimos navegando y al llegar a la vieja y contaminante planta fabril de Celulosa Argentina, Felipe, extendiendo una pancarta con la leyenda "PAPELERAS NO", me pidió que le sacara una fotografía, para enviar a los periódicos.
Mientras enfocaba la cámara, al observar su prominente apéndice nasal, no puede dejar de pensar: "-Imposible que tenga el mismo éxito que la reina del carnaval de Gualeguaychú."

El sol se estaba poniendo y la travesía llegaba a su fin, cruzamos debajo del imponente puente colgante que conecta la ciudad de Rosario con la de Victoria, en la vecina provincia de Entre Ríos. Observé detenidamente la maravilla de ingeniería que representa semejante estructura y mientras admiraba la obra, meditaba al mismo tiempo:
"-Ojalá la pequeña ciudad de Victoria conserve su identidad y no se convierta en un barrio mas de su populosa vecina."

Al fondo se recortaba Rosario, segunda metrópoli de la República (¿estás conforme Pepe?), cuna de nuestra
Bandera. Y a estribor apareció repentinamente la playita de la guardería Puerto de Palos, nuestro punto de recalada y objetivo final de tan estupendo viaje.

¡Gracias Círculo Rosarino de Canotaje! ¡Gracias Toto, Huevo, Angel, Felipe, Raúl y demás anfitriones, por todas las atenciones y cariños que nos han dispensado! ¡Levanto mi copa (de vidrio), con vino tinto del bueno para mí (y blanco para el Huevo), y brindo a la salud de todos ustedes!

Les mando un abrazo.

Eduardo Ibañez
 

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© SOL RIO (2006)

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