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Travesía en piraguas, Enero de 2006

TRAVESIA POR EL SALADO
GUERRERO A CERRO DE LA GLORIA

19,20 y 21 de Mayo de 2006

Detallado relato de la travesía de seis amigos en dos piraguas, navegando por el Río Salado en la provincia de Buenos Aires, desde la ruta 2 hasta la ruta 11.

( a )

La travesía tantas veces postergada
Sorpresivamente, la realización de la ansiada travesía pareció revivir. La excusa fue la llegada al país de Nicolás Cattaneo, quien volvía temporalmente de los Países Bajos aprovechando sus numerosas semanas de vacaciones. El resto del equipo estaba compuesto por Horacio Serantes (Olivos), Mauro Scacciati (San Fernando), Martín Briet (Acassuso), Fernando Vogelman (Tigre) y Patricio Watson (San Isidro), todos compañeros del secundario, del que habíamos egresado hace ya 15 años.

La idea original había sido concebida en el verano del año 2000, en uno de los tantos viajes de fin de semana a Villa Gessell. ¿Cuál era ese río que se cruzaba justo antes del famoso “castillo” de Guerrero, sobre la ruta 2 ( b )? ¿Llegaría hasta la ruta 11? Y, por último: ¿sería posible remar en kayak o canoa, e intentar unir así ambas rutas?

De a poco fuimos recolectando información sobre lo que implicaría una travesía de ese tipo. Aprendimos que el Río en cuestión era el Salado, antiguo límite con el indio en el siglo XIX; y que la construcción del Canal 15 ( c ) en 1902 nos obligaba a considerar a Cerro de la Gloria como punto de destino, dado que la mayor parte del caudal se escapa por el mencionado Canal. También aprendimos de la existencia de al menos 2 puntos de referencia: los puentes del Callejón (hoy denominado “Puente de Las Pascuas”), ubicado cerca del inicio del Canal, y del 15 (hoy “Puente de Uranga”), ubicado a pocos kilómetros del puente sobre la ruta 11, en Cerro de la Gloria. Mediante Google Earth ( d )pudimos obtener un mapa del recorrido a remar y calcular en 41 km la distancia a recorrer. Por último, buscando en Internet, nos enteramos de la existencia de un pesquero y camping con proveeduría, denominado “La Cascada” ( e ), ubicado entre el inicio del Canal y el Puente Las Pascuas.


Croquis de la travesía de 41 Km. por el Río Salado y el Canal 15 ( f )

Habiendo obtenido bastante información sobre el trayecto de la travesía, nos dedicamos a buscar relatos de otras personas que la hayan realizado con anterioridad. Susana Caquineau, del portal de Chascomús ( g ), nos puso en contacto con Franco Filannino, capitán de la expedición de kayaks que unió la ciudad de Chascomús con Mar del Plata en enero de 2003. Esa expedición aprovechó el encadenamiento de las lagunas y el Río Salado para salir al Río de la Plata y así proseguir a Mar del Plata ( h ). La colaboración de Franco sería fundamental para la realización de nuestra travesía.

Aspectos logísticos y aprestos finales
Uno de los principales escollos con los que nos enfrentamos era la logística. Ninguno de nosotros poseíamos kayaks o canoas, por lo que estábamos obligados a alquilar. Debimos recurrir a los amigos Italo y Bea, del local “Rió Luján” ( i ), en Tigre, quienes nos alquilaron 2 canoas canadienses con sus respectivas palas y salvavidas. En “Rió Luján” ya habíamos alquilado con anterioridad este tipo de canoas para una corta travesía por el Delta, recorriendo desde el Canal Aliviador y la Ruta Provincial 27, hasta la confluencia del Río Luján con el Río Tigre. Esos aproximados 8 kilómetros ( j )los habíamos realizado en 2 horas, y fue nuestra única experiencia previa de canotaje. El recorrido que nos proponíamos realizar ahora era 5 veces mayor…

Franco resolvería otro aspecto complicado: él nos transportaría (incluyendo las canoas) desde Chascomús a Guerrero, y nos buscaría en Cerro de la Gloria al día siguiente, siempre en su camioneta doble-cabina. Nosotros sólo debíamos transportar por nuestros medios las canoas hasta Chascomús, por lo que adquirimos porta-equipajes para nuestros autos en Norauto ( k ), en Olivos. Optamos por los porta-equipajes de mayor calidad, habida cuenta del peso de 40 kilos que debían soportar. La colocación fue muy sencilla, y el trámite lo completamos en menos de una hora.

Mediante conversaciones con Franco también evacuamos nuestras dudas respecto a la navegabilidad del Río y del Canal. Inicialmente, sus respuestas habían sido siempre positivas y alentadoras… aunque en el último llamado el día anterior a partir hacia Chascomús, dejó entrever la posibilidad de que nos topemos con algunos sectores de bajo calado. Esto nos generó cierto grado de preocupación.

Resuelto el escollo de las embarcaciones y su transporte, establecimos el plan de la travesía:


PLAN ORIGINAL DE LA TRAVESIA

Sábado 8 de enero
7:00
Encuentro en Av. de Libertador y Gral. Paz
9:00
Llegada a Chascomús, y encuentro con Franco
11:00
Llegada a Guerrero, y partida de la travesía
15:00
Hora aproximada de arribo al Canal 15 (14 km)
20:00
Hora aproximada de detención para acampar (22 km)
 
Domingo 9 de enero
8:00
Horario de partida del 2do día de travesía
15:00
Hora aproximada de llegada a Cerro de la Gloria (41 km)
17:00
Llegada a Chascomús
20:00
Retorno. Llegada a Buenos Aires

Dado que el trayecto recorría una zona casi totalmente inhabitada, debíamos llevar en las canoas toda la comida y el agua necesaria. Por sugerencia de Franco, limitamos la carga total a 400 kilos por canoa, incluyendo a sus ocupantes. Además de la comida y el agua, los materiales que llevamos incluyeron:

· 1 equipo GPS marca “Garmin”
· 1 carpa Igloo “Hummer Invicta 6Plus” para 6 ocupantes
· 2 linternas
· 4 cabos de 7mm, de 5 metros cada uno
· 1 anafe portátil “Brogas”, con cartucho de gas de reserva
· 1 cámara fotográfica Kodak, descartable y sumergible

Adicionalmente, cada remero llevó consigo una mochila con una muda de ropa, protector solar y una frazada liviana para la noche. Cada mochila fue protegida del agua con una bolsa de nylon, tipo consorcio, para evitar que se mojen por las salpicaduras de los remos.

Por último, en los últimos días antes de iniciar la travesía nos dedicamos a monitorear los pronósticos metereológicos. Para ellos, recurrimos al Servicio Metereológico Nacional ( l ), a Weather Channel ( m ) y a Accu-Weather ( n ). Salvo el primero, los restantes anunciaban días parcialmente soleados, con temperaturas de hasta 33º C y mínimas de 24º. Las probabilidades de lluvias eran de apenas el 20% el sábado, y 10% el domingo. El restante pronóstico difería drásticamente de los primeros dos: intensas lluvias y tormentas eléctricas, para ambos días. Lamentablemente, y muy a nuestro pesar, sería el SMN el que con mayor exactitud había pronosticado el clima…

En camino hacia Chascomús
El sábado a las 6:30 nos encontramos en Av. del Libertador y Gral. Paz. Estacionamos los 2 autos frente al Carrefour de Vicente López, y nos sacamos la primera foto de la travesía, todos los integrantes del equipo posando delante de las canoas cargadas en los autos. Luego emprendimos el camino a Chascomús. Las primeras lluvias las encontramos en la rotonda de Alpargatas…

El viaje fue más rápido de lo inicialmente estipulado, por lo que decidimos realizar una parada “técnica” en el famoso parador Atalaya, y desayunar con las reconocidas medialunas. Incrédulos, no imaginamos que siendo las 8:00 de la mañana el local estaría con su capacidad a pleno… pero mayor fue nuestra sorpresa cuando nos topamos con Franco allí, una hora antes de la hora estipulada para nuestro encuentro, pactado en el Club Náutico y de Pesca de Chascomús, sobra la homónima laguna. A pesar de que no nos conocíamos (hasta entonces, solamente habíamos mantenido conversaciones telefónicas), Franco no tuvo problemas en reconocer a los 2 autos con canoas en sus techos.

Dada nuestra ansiedad, inmediatamente procedimos a consultarle a Franco por la navegabilidad del recorrido. En forma muy serena, nos advirtió que nos iba a llevar al punto de partida originalmente pactado, pero que no nos daría mayores detalles o precisiones sobre el estado del caudal. En su opinión, no quería eliminarnos el factor “sorpresa” de nuestra aventura. Horas más tarde recordaríamos sus palabras…

En el trayecto a Guerrero, Franco nos fue comentando sus extensas experiencias remando en los ríos, canales y lagunas de la zona. Además, nos confesó que nos veía un tanto “improvisados”, pero con un contagioso entusiasmo.

Tal cual lo planeado, arribamos a Guerrero antes de las 11:00 de la mañana, por lo que partimos en horario hacia nuestro destino final, Cerro de la Gloria. Las canoas salieron del margen derecho de la ruta 2, por lo que inmediatamente debimos pasar por debajo del puente sobre esa ruta. Una de las canoas, desoyendo la sugerencia de Franco de cruzar por el medio del puente, quedó varada ¡a los 50 metros de haber comenzado la travesía! La solución fue sencilla: se bajaron sus 3 integrantes, y liberaron la canoa.

Los primeros 2 kilómetros resultaron ser muy apacibles. No hubo mayores complicaciones, el caudal era aceptable, y el ritmo de navegación era de 5 km/h, superior al promedio que nos habíamos propuesto de 3 km/h. Pero fue en esos iniciales kilómetros que las primeras lluvias y relámpagos, inesperadas protagonistas de nuestra travesía, hicieron aparición. Los relámpagos serían nuestra preocupación principal durante todo ese día.

A las casi dos horas de iniciada la travesía, nos topamos con el sector donde el Río Salado se hace muy ancho, pero también muy poco profundo. Por los próximos 5 km tuvimos que alternar entre caminar y arrastrar las canoas, con remar. No solo era engorroso el bajar y subir de las canoas, sino que el trajín retrasaba considerablemente nuestro avance.

Muchos de nosotros recordamos entonces las palabras de Franco, acerca de no adelantarnos las “sorpresas” con las que podíamos toparnos.

Inmortalizamos el peculiar momento con una fotografía: éramos 6 remeros caminando sobre un Río de apenas 10 cm. de profundidad, y todos con su chaleco salvavidas puesto.

Nicolás y Horacio aprovecharon el bajísimo caudal para intentar “cazar” un pez con las palas, e increíblemente lo lograron: una carpa de 1.5 Kg. fue el premio a su insistencia. La pesca se produjo durante una intensa lluvia, que oscureció el cielo de la jurisdicción de Castelli. A lo lejos divisábamos un tenue luz, que parecía movilizarse por sobre el Río. No pudiendo identificar el origen de la luz, continuamos nuestra caminata acuática.
Cuando finalmente alcanzamos esa luz, aprendimos que era una dragadora que se encontraba en plena operación, aumentando la profundidad al Río Salado como parte de un plan provincial ( o ). Suponíamos que al llegar al tramo del Río que ya había sido dragado nos encontraríamos con un mucho mayor caudal. Horacio confirmó con creces nuestras sospechas, cuando al pretender cruzar las canoas al lado dragado del Río se hundió profundamente al intentar hacer pie. Ese resultaría ser el único momento en que el salvavidas iba a resultar de utilidad durante toda la travesía. Y aunque no pudimos confirmarlo por el excesivo ruido de la dragadora, estuvimos seguros que los operarios de la misma rieron a carcajadas al observar esa escena.

Avanzando a pesar de todo
Liberadas nuestras canoas de la poca profundidad, comenzamos nuestro primer tramo de fuerte remada. Por los próximos 5km, navegaríamos nuevamente a buena velocidad. Fue en este momento donde nos dimos cuenta que las 2 canoas avanzaban a diferente ritmo, produciéndose las primeras separaciones entre una y otra. Al parecer, el peso de la carpa era la excusa esgrimida por la canoa retrasada. Todo esto generó cierto nivel de burlas y chanzas entre los integrantes de una y otra canoa.

A poco de superar la dragadora, pudimos divisar por sobre el margen derecho la estancia Bella Vista ( p ), recientemente reciclada. No nos detuvimos a observarla, dado que preferimos seguir remando a buen ritmo, intentando mejorar la velocidad promedio y recuperar el tiempo perdido en el anterior tramo fruto de las caminatas.

Afortunadamente, durante esta corta fase el clima también nos favoreció, desapareciendo las lluvias y los relámpagos, aunque persistían las nubes. Reinaba el buen humor y el optimismo.

Ingenuamente pensamos que ya habíamos superado lo peor.

Cuando nos estábamos preguntando en qué momento divisaríamos el Puente Las Pascuas, pudimos observar con asombro un dique de barro cruzando el Río a la distancia. Supusimos que se trataba de un mero efecto visual, fruto de la distancia, y que desaparecería a medida que nos fuéramos acercando.

Pero ante nuestro avance, fuimos confirmando la peor sospecha: como parte del plan de dragado, el Salado se encontraba contenido por un dique de barro, “amurallado” con bolsas de nylon negras. Dada la altura del dique, no podíamos observar cómo continuaba el Río del otro lado. ¿Se habría acabado la navegabilidad del Río? ¿Volveríamos a tener que caminar por el Salado? Fueron minutos de cierta angustia, dado que no sabíamos si podríamos continuar con nuestra travesía. Como agravante, las fuertes lluvias recomenzaron en ese preciso momento.

Buscamos entonces un lugar donde orillar en el margen derecho del Río, atamos las canoas con los cabos a una especie de columna de cemento que emergía a poca distancia, y nos dispusimos a subir la barranca para poder observar mejor la situación. Dicha tarea fue relativamente sencilla, a pesar del barro. Pero en la cima de la barranca el viento se sentía con mucha mayor intensidad que abajo en el Río, y dada la baja sensación térmica, comenzamos literalmente a temblar de frío.

El río estaba, efectivamente, atravesado por un improvisado dique de barro, pero parecía continuar del otro lado con buen calado. Logramos identificar tres pequeñas compuertas que regulaban el caudal del otro lado, pero no había salida: íbamos a tener que sacar las canoas del agua, subir la barranca y cargarlas casi 200 metros por el barro, hasta una bajada accesible, del otro lado. Todo esto bajo una fuerte lluvia, nuestra ropa completamente mojada, a merced del viento y del frío. A lo lejos, se divisaba el Puente Las Pascuas…

Nos dispusimos entonces a intentar realizar todo el traspaso en un solo viaje: cada canoa sería cargada y arrastrada por dos remeros, mientras la pareja restante debía llevar las mochilas y demás pertenencias. Nuestro objetivo era entrar rápidamente en calor, y superar cuanto antes el engorroso pase hacia el otro lado del dique.

En efecto, logramos con cierto esfuerzo realizar el traspaso, aunque a costo de un creciente malhumor. Ni siquiera tuvimos deseos de sacar alguna fotografía, ni aún después de almorzar los cuantiosos y abundantes ( q ) sándwiches que Martín había preparado. Los había de salamín, pavita, jamón y queso. ¡Un verdadero y abundante lujo!

Aprovechamos la ocasión para volver a distribuir la carga en las canoas, y dispusimos que la carpa sea ahora transportada por la otra canoa. Imaginamos que así lograríamos equilibrar las velocidades de remada.

Antes de reemprender la travesía, también aprovechamos para chequear el GPS. Así, aprendimos que habíamos realizado casi 12 kilómetros desde la Ruta 2. Habían pasado casi 4 horas y media, por lo que a pesar de los contratiempos vividos hasta entonces, habíamos logrado mantener una velocidad promedio cercana al objetivo de 3 km/h. Nuestra próxima meta era el puente Las Pascuas, que se erguía a la distancia. Antes de alcanzarlo, sabíamos que debíamos pasar por la embocadura del Canal 15 y al pesquero La Cascada, nuestros próximos e inmediatos puntos de referencia.

Afortunadamente, el caudal del Río tras el dique de barro permitía la navegación, a pesar de ser considerablemente menor al caudal del tramo anterior. Pero logramos evitar varar las canoas, y retomar con cierta fuerza el ritmo de la remada. Nuevamente, la velocidad promedio rondó los 5 km/h, pero pudimos comprobar que la mentada carpa hacía, ya sea real o psicológicamente, un efecto palpable en la canoa que la transportaba: era ahora la otra canoa la que se retrasaba.

Analizando con posterioridad este enigma, y considerando que la carpa no pesaba más de 7 kilos, asumimos que en realidad se debió más bien a un cambio actitudinal de los remeros de la primer canoa, quienes tocados en su orgullo, decidieron revertir la situación. De hecho, al día siguiente y aprovechando el cambio de determinados factores exógenos que luego serán analizados, esa misma canoa lograría alcanzar el record de 10 km/h. Como contrapartida, la canoa que desde entonces transportaba la carpa vería sus rendimientos decrecer casi constantemente hasta el final del recorrido…

Al poco tiempo pudimos ver la embocadura del Canal 15. En rigor, el Canal parecía en realidad la continuación del Río, y lo que en realidad era la continuación del Río Salado parecía simplemente un pequeño (y casi seco) brazo menor del Río. La causa de este efecto es la mayor profundidad con la que dotaron al Canal 15 al momento de su construcción.

Raudamente dejamos atrás el Río Salado, y continuamos la travesía por el Canal 15. A partir de entonces, y hasta el final del trayecto, altas barrancas de barro se erguían en los márgenes del Canal, de escasa vegetación y gran pendiente. Nuestro campo visual se limitaría desde entonces a las barrancas del Canal, quedando imposibilitados de observar el horizonte.

Casi inmediatamente pudimos distinguir el pesquero La Cascada, sobre el margen derecho. Aunque no nos detuvimos a recorrerlo, parecía estar muy bien cuidado. Algunos visitantes intentaban pescar desde la orilla, a pesar de la considerable bajante del Canal. A unos 200 metros de distancia, podríamos observar también el Puente de Las Pascuas. Con ansiedad queríamos alcanzar ese puente, meta fundamental de la primer jornada de la travesía.

Pero una nueva sorpresa se nos interponía. En efecto, el agua del Canal a la altura del Puente parecía encontrarse en un nivel inferior que a la altura del pesquero. No era una ilusión óptica, sino más bien el fruto de un nuevo dique, en este caso de hormigón, que atravesaba el Canal. Sobre el margen izquierdo, la altura del dique era unos 50 cm. más bajo, por lo que se producía una cascada. En ese momento supimos la razón por el cual el pesquero tenía ese nombre…

Nuevamente, tuvimos que sacar las canoas del agua, y manualmente, llevarlas al otro lado del dique: navegar por la mencionada cascada era simplemente imposible, habida cuenta de la altura del salto de agua. El margen de maniobra era acotada: las barrancas son de hormigón, y tienen una cuantiosa pendiente. Por lo tanto, debimos maniobrar entre 5 para poder sobrellevar cada canoa de un lado al otro del Canal, mientras el restante remero contenía los bultos sentado en la barranca.

Toda la operación nos demandó unos 20 minutos, por lo que rápidamente pudimos ponernos nuevamente en marcha con la remada. Pero la moral del equipo ya estaba sintiendo el impacto de tantas sorpresas y contratiempos. El avance no había sido sencillo, y la travesía se estaba tornando bastante más compleja de lo que inicialmente estipulamos: no se trataba ya de solamente remar casi 14 horas en 2 días ( r ), sino también de sobrepasar los múltiples y variados escollos que se nos iban presentando, desde bajo caudal del agua, tormentas eléctricas, frío, y diques que cortaban el paso del Río.

Para colmo, la navegabilidad en los 2 km posteriores a la cascada no resultó sencilla: al bajo caudal que sufrimos a la altura de Las Pascuas, se sumó un fuerte viento en contra en el tramo siguiente. La velocidad promedio fue muy baja en ese tramo, y se requirió de los 3 remeros para poder alcanzar una velocidad aceptable.

Dado el cansancio, decidimos realizar una nueva parada para la merienda. Eran ya las 5 de la tarde, por lo que también aprovechamos para subir la barranca del canal para comenzar a analizar donde sería el lugar apropiado para armar la carpa. Esa era una creciente preocupación del equipo: encontrar un lugar conveniente donde establecer base. Sabíamos que a ambos lados del Canal había sendos caminos de tierra que, en forma paralela, seguían el derrotero del agua. Por razones de seguridad, descartamos la posibilidad de sentar base sobre alguno de los caminos.

Habíamos parado sobre el margen derecho, en un sector donde la barranca del Canal parecía ser fácilmente escalable. A pesar de algunas caídas, los 6 pudimos alcanzar la cima y así combatir el frío con mate, parte de los sándwiches de Martín que habían sobrado, y galletitas. También aprendimos que las barrancas del Canal se erguían por sobre el nivel de las tierras circundantes, por lo que debíamos ahora descender el otro lado de la barranca para alcanzar tierra plana. Decidimos que continuaríamos remando hasta las 6 de la tarde, momento a partir del cual nos detendríamos ante el primer sector de la barranca que se observara escalable. La carpa la armaríamos bajando la barranca del otro lado del Canal.

Noche de ciclón
El avance a remo continuaba siendo entorpecido por el fuerte viento y la mencionada corriente en contra. El esfuerzo realizado hasta ese entonces hacía que todos tuviéramos deseos de hacer base, vestir ropa seca y abrigada, cenar y descansar. Por lo tanto, antes de las 6 de la tarde comenzamos a buscar una barranca por la que pudiéramos ascender fácilmente.

Lamentablemente, no resultaría sencillo encontrar una barranca de esas características. En dos ocasiones nos detuvimos ante lo que parecía ser una barranca accesible, pero el remero que intentó hacer punta no logró su objetivo. Incluso intentamos sobre el margen izquierdo del Canal, pero tampoco aquellas barrancas ofrecían facilidad alguna. Algunos integrantes proponían seguir avanzado por el Canal, pero el agotamiento y el viento en contra boicotearon el consenso dentro del equipo.

Finalmente, una de las canoas quedó detenida en el margen izquierdo, y la otra en la orilla derecha. Mientras los miembros de la primera insistían con continuar, los integrantes de la segunda se empecinaron en encontrar la manera de subir la barranca. Fernando, probablemente el remero más harto de la travesía en ese momento, pudo finalmente ascender la barranca. A los gritos, se notificó a la otra canoa del otro lado del Canal que se acercara para hacer base.

Con cierto grado de concentración y destreza de movimientos, la barranca en cuestión resultó escalable. Pero lo verdaderamente complicado fue realizar el traslado de los equipos, las mochilas y la carpa. Por lo tanto, desechamos la idea de sacar las canoas del agua, por lo que encomendamos a Martín, el único integrante que tenía conocimientos de nudos náuticos, a unir todos los cabos en nuestro poder, y atar las canoas a un pequeño árbol de un metro y medio de altura que crecía sobre la barranca. Las canoas quedarían, entonces, dentro del Canal y atadas al pequeño árbol de la barranca. Imaginamos que de esa forma lograríamos resguardar las canoas durante la noche.

Tal cual lo anteriormente decidido, bajamos del otro lado de la barranca, pasando el camino de tierra que sigue al Canal 15, y adentrándonos en propiedad privada, armamos la carpa tras sortear los alambres de púas. Dado que había dejado de llover, decidimos ponernos nuestras mudas secas de ropa que estaban en las mochilas, con la idea de colgar los atuendos mojados sobre el mencionado alambrado, con la ilusión que el viento los secara. Pero poco grata fue nuestra sorpresa al abrir las mochilas: dado que las bolsas de nylon no habían evitado que el agua de lluvia mojara nuestras pertenencias, ni uno de nosotros tenía una muda completa de ropa seca. La peor parte la llevó Fernando, quien lamentablemente no tenía ni pantalón ni remera seca. Para colmo, su bolsa de dormir estaba también completamente mojada ( s ), por lo que debió finalmente dormir sin pantalones…

Para paliar el frío que teníamos por no estar completamente secos, decidimos adelantar la cena. Eran casi las 7:30 cuando 4 integrantes comenzaron a armar la carpa, mientras los restantes 2 se encargaban de preparar los fideos en el anafe que habíamos llevado. Lamentablemente, las lluvias comenzaron nuevamente, por lo que la cena debió realizarse dentro de la carpa. Para las 8:30 ya habíamos cenado y guardado las ropas dentro de la carpa. Al momento de disponernos a dormir, sentíamos el impacto de las insistentes gotas de lluvia sobre el sobre-techo de nuestra carpa…

Poco a poco, la intensidad de los relámpagos comenzó a aumentar. El espectáculo, aunque magnífico, nos preocupaba considerablemente. La profunda oscuridad era interrumpida cada vez con mayor insistencia por los relámpagos, que se sucedían unos tras otros a la distancia. Esporádicamente, una serie de descargas eléctricas se producían en exactamente el mismo lugar, con inusitada y aparente saña. La intensidad de la lluvia también aumentó, por lo que supusimos entonces que la noche no sería muy tranquila al fin y al cabo.

Aproximadamente a las 2 am, un fortísimo viento comenzó a castigar duramente a la carpa, deformando su estructura, y reduciendo el espacio: el lateral más expuesto al viento se venía encima de los que intentaban, en vano, dormir en ese sector. Tuvimos que re-acomodarnos en la mitad del espacio original, por lo que ya resultaba imposible acostarnos. A partir de ese entonces, y hasta las 6 am, debimos permanecer sentados, apoyando nuestras espaldas unos con otros.

Si bien en el exterior de la carpa había fuertes ruidos, habida cuenta de los truenos y el viento, en el interior ya nadie hablaba. Al sueño y al cansancio se sumaba la preocupación por el impresionante viento que estábamos sufriendo. Y por la fuerte lluvia, nadie quería salir a observar como se encontraba la situación en el exterior. Uno de los integrantes del equipo luego confesaría que en esos momentos de tensión y angustia optó por encomendarse a Dios...

El silencio interior se quebró súbitamente en el momento en que comenzó a llover dentro de la carpa… el sobre-techo se había volado por los fuertes vientos, por lo que la carpa no nos estaba protegiendo del agua. Si queríamos evitar que la carpa se llenase de agua, íbamos a tener que recuperar el sobre-techo y volver a colocarlo. Por unos segundos, nadie ofreció salir a realizar esa tarea… hasta que Patricio generosamente se convirtió en el primer voluntario. Nicolás inmediatamente se sumó, aunque en rigor jamás llegó a salir de la carpa, dejando a Patricio completamente solo bajo la lluvia…

Las estacas de uno de los laterales del sobre-techo se habían desprendido, por lo que debía volver a colocarse por sobre la carpa, y luego usar las estacas para asegurarlo al piso. Toda la operación no demandó más de 5 minutos, pero Patricio sufriría del frío durante el resto de la noche, a pesar de los tragos de whisky y un poderosísimo licor que Martín había llevado.

Vueltos a estar protegidos de la lluvia en el interior de la carpa, los 6 integrantes de la travesía nos dispusimos a esperar el amanecer, sentados en el centro de la carpa. Pero esta vez no sería en silencio: las quejas por nuestra dispar suerte a lo largo del primer día de la travesía comenzaron a escucharse. Algunos de los remeros sostenían que las canoas se habrían hundido o perdido, y sugerían que tendríamos que caminar hasta Cerro de la Gloria al amanecer. Internamente, “Los del Medio” (tal la forma en que los denominamos ( t ) ) luego reconocerían que en realidad aquellas eran expresiones de deseo, hartos ya de los contratiempos sufridos. Ya no les interesaba siquiera la pérdida del depósito en garantía dejado por las canoas: su paciencia se había agotado, y no querían saber más nada con continuar la travesía.

En el exterior, los vientos, las lluvias y los relámpagos lentamente mermaban… y afortunadamente para las 6 am habían cesado en su totalidad. Restaba ahora saber si las canoas habían resistido o no el embate de la tormenta…

Hacia Cerro de la Gloria, a ritmo raudo y veloz
Dado el bajo caudal, el nivel del agua en el Canal se encontraba bajo, y por esa razón suponemos que el viento no afectó a las canoas. Las mismas se encontraban en el mismo lugar en el que las dejamos, aunque ambas presentaban una importante cantidad de agua en su interior, fruto de la lluvia. El plan debía proseguir según lo estipulado: llegaríamos remando a Cerro de la Gloria.

El desayuno con mate bien caliente que pensábamos tomar antes de proseguir con nuestra aventura quedó trunco, dado que una de las piezas del anafe desapareció durante la ventosa noche, inutilizando el equipo. Y esto fue un duro golpe para varios de los integrantes, especialmente aquellos que habían sufrido del frío en la carpa. Resignados, nos preparamos a continuar hacia Cerro de la Gloria.

La ardua tarea de bajarnos de las canoas el día anterior debía ahora repetirse en sentido inverso. Dado que Martín era el único que podía deshacer los nudos de los cabos que ataban a las canoas, se estableció que él sería el último en embarcarse. El primero en subir a las canoas fue Mauro, quien debió emplear una botella de agua mineral cortada al medio para achicar. En aproximadamente 10 minutos, ambas canoas estaban listas para recibir al resto de los integrantes, y así, a las 7:45, reemprendimos la travesía.

A diferencia de la jornada anterior, el día domingo tuvimos una fuerte corriente a favor. Empleando el GPS notamos que aún sin remar, las canoas se movían a 3 km/h, por lo que decidimos aprovechar esta circunstancia para intentar avanzar considerablemente hacia nuestro objetivo.

Dado que no había problemas de caudal, ni lo habría hasta llegar a destino, establecimos tramos de fuerte remada de 30 minutos de duración, período tras el cual descansábamos 5 minutos, y volvíamos a retomar nuevamente con fuerza. Tramo tras tramo, confirmábamos con el GPS que estábamos avanzando a un impresionante promedio de casi 8 km/h. Fue en este momento en que la canoa más veloz pudo alcanzar una velocidad de 10 km/h, según la medición del GPS.

Nuestro próximo punto de referencia debía ser el Puente de Uranga, ubicado unos 3 km antes del destino final. Por los relatos que habíamos leído, sabíamos que dicho Puente se puede observar desde muy lejos, y que por tal motivo uno tiende a subestimar la distancia: tras horas de remada, el puente sigue allí, lejos. Nosotros teníamos en claro este efecto, por lo que no nos permitimos aflojar ante la vista del Puente.

Por tratarse de un canal, este tramo de la travesía es considerablemente monótono. El canal es casi recto, y la vista se limita a las barrancas a los costados, y al horizonte a los lejos, con la distinguible figura del Puente de Uranga. Tan solo dos nutrias y un carpincho que vimos zambullirse a las aguas del canal rompieron con la monotonía. Por otro lado, el clima también se manifestó benévolo, ya que si bien permaneció nublado, al menos dejo de llover. Afortunadamente, no volveríamos a sufrir frío durante el resto de la travesía.

Esa mañana, el equipo entero se concentró en mantener un buen ritmo de remada.

Además de la corriente, es justo reconocer que el impresionante ritmo con el que avanzamos esa mañana fue fruto también del hastío que algunos sentían con respecto a la travesía. Al menos un par de integrantes después reconocerían que querían llegar cuanto antes a Cerro de la Gloria, y por tal motivo realizaron esfuerzos casi sobre-humanos por acelerar la remada.

Así fue que a las 11 am cruzamos por debajo del Puente de Uranga, por lo que nos encontrábamos a tan solo 3 km de la Ruta 11. De hecho, a la distancia podíamos observar esa Ruta… ¡Ya no nos faltaba casi nada por llegar! Esos últimos 3 km los realizamos en una hora, dado que ya no teníamos el nivel de urgencia por llegar que antes, y además, sabíamos que estábamos realmente cerca de la meta final. Incluso realizamos paradas “técnicas” en la orilla, en las que algunos integrantes del equipo aprovecharon para ir al baño…

A 200 metros del Puente sobre la Ruta 11, detectamos un importante claro en la orilla del margen derecho, en el que había amarrados 2 botes. Decidimos detenernos en ese lugar, y enviar a 2 emisarios al puesto policial sobre la Ruta 11 para averiguar dónde podíamos dejar las canoas y, más importarte, dónde podíamos comer un abundante asado. Mauro y Fernando, (“Los del Medio”), fueron los encargados de realizar dichas averiguaciones. Cuando retornaron, nos comunicaron que lo ideal sería dejar las canoas en un camping privado, ubicado pasando la Ruta 11, sobre el margen izquierdo del Canal.

Es importante destacar que en rigor de verdad “Los del Medio” no completaron la travesía, ya que no cruzaron la Ruta 11 a remo, sino a pie. Al retornar de las averiguaciones, desistieron de volver a embarcarse, y optaron por cruzar el puente de la Ruta 11 a pie. Hasta el día de hoy, acusan esa falta de satisfacción por no haber completado la travesía en su totalidad.

Irónicamente, apenas hicimos pie en el mencionado camping, el sol hizo su aparición, por primera vez desde que habíamos salido de Guerrero 25 horas antes…

Una vez reunidos allí debimos esperar a “Los del Medio” que se acercaron a pie, y luego nos dirigimos a la parrilla que nos habían recomendado en el puesto policial. Un abundante asado sería el premio al esfuerzo y a la garra… Habíamos llegado, a pesar de todo.

PERFORMANCE FINAL DE LA TRAVESIA

Tiempo total de la travesía:
Aprox. 25 horas
Tiempo neto de navegación ( u ):
Aprox. 13 horas
Distancia recorrida:
41 km.
Velocidad promedio final:
3.15 km/h

Por último, queremos agradecer profundamente la desinteresada colaboración de Franco, ya que sin su ayuda no hubiera sido posible vivir la aventura que acabamos de relatar. Franco es, sin lugar a dudas, un verdadero ejemplo del mejor espíritu del aventurero.

Patricio Watson

Referencias

a) La ilustración corresponde a la remera oficial de la travesía.
b) Estancia Villa La Raquel, cuyo casco se construyó en 1894. Actualmente dedicado al turismo rural. Informes: 4735-4864.
c) En 1997 se realizó un ensanchado del Canal 15.
d) http://earth.google.com
e) http://www.irapescar.com/lacascada/index.htm. Teléfono: (02241) 15 50-7020.
f) Croquis elaborado a partir de imágenes de Google Earth.
g) http://www.chascomus.com.ar
h) Puede leerse un relato de esa travesía en: http://www.kayaksmeridien.com.ar/paginas/Kayakismo.htm

i) "Río Luján": Artículos de náutica y jardinería, en la localidad de Tigre. Teléfono: 4749-8226.
j) La distancia había sido inicialmente estimada como cercana a los 10 km., pero según la función de medición de Google Earth el recorrido es de poco más de 8 km.
k) Norauto Olivos: Esteban Echeverría 2810 (colectora Panamericana), dentro del predio de Supermercados Makro.
l) http://www.meteofa.mil.ar - En todos los casos se consideró el pronóstico para la ciudad de Chascomús.
m) http://www.weatherchannel.com
n) http://www.accuweather.com
o) La provincia de Buenos Aires se encuentra ejecutando el plan de dragado del tramo inferior del río Salado a lo largo de 60 kilómetros, en el sector comprendido entre el canal 15 y laguna Las Barrancas, en jurisdicción de los distritos de Castelli, Chascomús y Pila.
p) Este casco era la cabecera de las originales 4 estancias de la familia Guerrero en la zona, incluyendo la anteriormente mencionada La Raquel. Actualmente se destina a actividades de turismo rural. Informes: 4778-9599.
Mail: info@bellavistadeguerrero.com. Web: http://www.bellavistadeguerrero.com
q) Aún no logramos entender la matemática de Martín al preparar los sándwiches: 33 en total, ¡a razón de casi 6 por persona! Parte de los mencionados sándwiches sirvieron, a la postre, como complemento a la cena de ese día.
r) EL cálculo inicial suponía realizar los 41 km a una velocidad promedio de 3 km/h, lo que arrojaba unas 13.7 horas de remada pura, excluyendo paradas a comer, descansar y dormir.
s) Si bien habíamos acordado no llevar bolsas de dormir, habida cuenta del poco espacio disponible en las canoas, y el límite de 400 kilos que pusimos por canoa, Fernando desoyó ese acuerdo.
t) En todo el transcurso de la travesía, Mauro viajó en el medio de una canoa, y Fernando en el medio de la otra. Acusados de realizar un menor esfuerzo al del resto del equipo, "Los del Medio" pasaron a ser una casta aparte dentro del equipo.
u) Se incluye el tiempo perdido en los diques y en las caminatas por el Río.

 

 

 

 

 

 

 

 

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© SOL RIO (2006)

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