|
||||||||
|
Travesía en kayaks - Octubre de 2006
Partimos
desde la ciudad de Río Grande el día primero de Octubre
recorriendo alrededor de 200 Km. hasta el lugar del zarpe.
El río venía con bastante agua por el deshielo de la época, motivo por el que elegimos la fecha ya que una vez pasado éste queda muy poco caudal haciendo difícil la navegación; también venía con mucha corriente, en sí es un río de no mucha profundidad acentuándose ésta en los pozones ideales para la pesca. Despacio bajamos las embarcaciones y fuimos preparando el equipo, que era bastante como de costumbre, pero que disfrutamos mucho cada vez que paramos y acampamos sin privarnos de nada. El día estaba espectacular, sin viento, sol radiante, un cielo despejado y un cuadro de fondo con las montañas nevadas que no tenía desperdicio; ya casi listos tomamos algunas fotos como para documentar el momento, todo listo y de repente enganché la correa de mi máquina de fotos y al agua pato, se sumergió completamente y se iba con la corriente, con una velocidad inusual la atrape como si fuese un pez, la saque chorreando agua por todos lados , no lo podía creer, todavía no salíamos y ya no tenía máquina, se me vino a la cabeza todo lo que vendría, los paisajes espectaculares los lugares que nunca habíamos visto y yo sin mi cámara era lo peor, no podía haber pasado. Después de pasar el shock inicial me resigné y dejé la cámara en el vehículo abierta para que se seque y ver si al otro día por lo menos andaba. Salimos, yo de un humor terrible, pero estábamos en camino y nos quedaban muchas cosas por pasar. Pasaron 100 metros y Lucho quedó atascado en un tronco en medio del río, que puso su kayak de costado aprisionándolo contra éste sin dejarlo salir, situación que se repitió durante los dos días; la corriente era muy fuerte y si equivocabas el paso no había retorno se iba la nave contra los palos. Superado el primer atasco salimos rumbo Este, con mucho entusiasmo, el río es muy serpenteante, hay 30, 40 o 50 metros y una curva, a veces no termina una empieza la siguiente, muy entretenido, pero lo que nos tuvo en vilo toda la travesía fueron los troncos bajo el agua, imposibles de detectar a tiempo, solo cuando ya estábamos encima, que si no estas atento te da vuelta, sin exagerar el río casi parece un laberinto porque la cantidad de troncos en superficie y hundidos es impresionante. Esto se debe en su mayoría a los castores, la nieve en invierno que con el peso derriba los árboles, los que caen de viejos etc., pero en tal cantidad que casi hay más madera que agua. Venir esquivando los troncos nos entretenía mucho pero a la vez hacía muy lento el avance, el paisaje cada vez era mejor, en cada curva nos sorprendía. En una de las empalizadas el paso era muy angosto teniendo que remontar un poco para entrar por el estrecho pasaje al mejor estilo de aguas blancas, pasó uno, pasó el segundo y a Lucho que venía tercero se lo llevó el agua contra los palos, dejándolo arrinconado entre la empalizada y la corriente que no daba tregua, gracias al cubre no le entraba agua, pero estaba escorado unos 45° por la fuerza de la correntada; yo que alcancé a ver lo que pasaba salí a tierra para tratar de ayudarlo, desde ahí, el remedio fue peor que la enfermedad, apenas lo toqué se tumbó, saliendo a la superficie e imitando a las ballenas cuando salen a respirar, no por falta de aire sino por la sensación del choque con el agua helada, sin pérdida de tiempo recuperamos el kayak y el remo que casi se va. Salimos a tierra y como Lucho se sentía óptimo porteamos los kayak unos 200 metros y al agua otra vez. Al inicio de la travesía acordamos no llevar mucha ropa encima ni nada suelto sobre el chaleco, ir más bien cómodos, el tema era que - con la gran cantidad de palos en el agua - quedarse enganchado era una posibilidad muy alta si alguno se daba vuelta, más la fuerza del agua una combinación muy peligrosa. Después de unos veinte Km. más o menos el río se junta con la ruta “j” nuevamente lugar que elegimos para la primera etapa, ya que un vehículo nos acompañaba y ese era el lugar más propicio. La tarde estaba de maravilla, el sol alto todavía y ni la más mínima presencia del viento, el lugar estaba muy limpio con un pastito que parecía recién cortado; sin demora bajamos el equipo, armamos campamento y nos dejamos relajar de la jornada espectacular pero un tanto estresante por la concentración que traíamos, pero nada que unos buenos mates no puedan curar. Amaneció con tormenta, mucha lluvia, no daban ganas de salir de la carpa, tomando animo me vestí y salí a ver que pasaba, la lluvia era copiosa, prendí fuego como para calentar un poco de agua para los matungos mientras esperaba que amaine un poco para ver que hacíamos, en esa zona las nubes quedan atrapadas entre las montañas y es muy difícil que despeje enseguida, pero teníamos tiempo y esperamos un poco. No despejó pero amainó un poco por lo que decidimos salir, la consigna para este día era el que no se da vuelta paga el asado, ya que venia una zona de troncos seguidas de piedras y una cascada que no conocíamos pero sabíamos que estaba más adelante. Cien metros y quedé atascado en un tronco, me había soldado no podía zafar y no me podían ayudar, sentí la fuerza del agua tratando de meterme bajo los palos, en minutos me sentía agotado, de la fuerza que hacía para salir, despacito me fui deslizando hasta la abertura que no era más grande que una ventana de 60 x 60 y al mejor estilo de odalisca tiré el cuerpo contra la cubierta trasera y no sin ramillarme toda la cara logre pasar, ¡que dolor!. Pasamos de éstas varias, en una de las castoreras Pablo compró una parte, ya eran dos los que no pagaban el asado. Seguimos nuestra derrota río abajo, cada minuto era distinto, a lo lejos divisamos un galpón aparentemente de esquila en un lugar más propicio para una gran hostería que otra cosa, bajamos a mirar, sacamos alguna fotos y seguimos, cada tanto se sucedían algunos cientos de metros con zonas de no más de metro y medio de agua, pero en donde el agua aumentaba su fuerza y con un marcado desnivel, tomábamos una velocidad de unos 7 nudos sin remar ...espectacular...hasta que aparecieron unas enormes rocas en medio. Ahí fue cuando nos empezamos a preocupar porque esquivábamos una, dos y la tercera golpeaba contra el bote, en muchas ocasiones haciéndonos perder el equilibrio, un verdadero slalom, lo tomamos con mucha alegría como un juego, era llegar a la zona y adivinar el paso, ya que las piedras no se veían en superficie, salía uno primero y los demás íbamos viendo cuantas golpeaba y el camino que hacía, esta claro que una vez que te lanzabas no había vuelta atrás, algunas golpeaban muy fuerte haciendo crujir los botes y cambiándonos la sonrisa por cara de preocupación, ya que todavía nos quedaba bastante por recorrer. Pasaban estos pedreros y de nuevo los troncos a media agua, algunos tomábamos velocidad y los pasábamos por arriba quedando el kayak en equilibrio mitad para cada lado por un instante hasta que caía del otro lado, y así sucesivamente, la verdad el río no nos daba descanso, para relajarnos un rato parábamos en alguna ensenadita de agua quieta pero sin bajarnos. Las zonas de piedra se hacían más frecuentes y los palos iban desapareciendo, el desnivel era cada vez mayor lo que nos indicaba la proximidad de la cascada, que sabíamos que era de unos 10 metros o más; no la pasaríamos remando pero queríamos estar atentos antes de que aparezca. El río a esta altura era como un campo minado las piedras estaban por todos lados pero no se veían, era inevitable golpear el kayak. En una piedra que atravesaba de orilla a orilla el río sin dejar paso, Pablo y Claudio tomaron velocidad y la pasaron por arriba, el crujido de los kayak me llegó a las entrañas, opté por bajarme y pasar el bote de tiro al mejor estilo ecuestre, Lucho lo mismo; no podíamos permitir semejante sufrimiento a nuestros fieles compañeros. Metros más abajo empezó otra: Lucho rompió su remo, quedando a merced del agua por un rato hasta que pudo orillar, en la costa opuesta; me bajé para esperarlo y caminando cincuenta metros río abajo la imagen era impresionante una cascada de dos saltos de unos 20 metros cada uno con un caudal de agua que dejaba sin aire un espectáculo majestuoso. Mientras Pablo y Claudio buscaban un paso por tierra yo le avisaba a Lucho de lo que venía río abajo y de la suerte de haber roto su remo antes de la caída lo que lo obligó a parar. Después de una docena de fotos emprendimos una caminata con los kayaks a cuesta, en postas de a uno por vez, ya que pesaban una barbaridad, y era imposible llevar de a dos, de a poco fuimos llegando al final de la cascada y de nuevo podíamos navegar; la tarde caía sobre nosotros y el final estaba cerca, casi no había troncos y las piedras eran cada vez más chicas era sin duda que la cascada era el filtro, el final estaba cerca, el río nos dejaba disfrutar más de la remada sin tener que estar tan atentos, un barranco gigante denotaba un desnivel increíble entre una orilla y la otra con una diferencia de más de 20 metros, de no creer, las montañas se habían abierto dejando paso a una zona más plana pero no por ello menos bella, de tanto en tanto se escuchaba algún auto sobre la ruta que cada vez estaba más cerca, el río a esta altura era un poema. Divisamos los vehículos a unos 200 metros, justo enfrente de estos Claudio se estrelló contra los últimos troncos del río dándose vuelta, que barbaridad lo que se hace por no pagar un asado, bajamos a tierra y en un abrazo dimos por finalizada la travesía del río Larhsifashaj. Sin dudas que es uno de los ríos más hermosos de la provincia, con paisajes increíbles, lugares de no creer y con un sonido de naturaleza que no se puede imitar.
|
||||||||
|
|
|
|
||||||
|
|
|
|||||||
|
———·•·———
|
||||||||