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¿Cómo
relatar la travesía más popular del canotaje rosarino?.
Para cualquier kayakista de la zona solo hay que contar las anécdotas
graciosas y las condiciones atípicas. Lo demás es
historia repetida, bellezas conocidas y personajes familiares. Solo
contar lo que se sale de lo común… y en este viaje hubo varias
cosas fuera de lo normal. Pero hoy no quiero escribir para quienes
seguramente escucharán este relato de mi propia boca y acompañado
de mi show de chistes repetidos que siempre nos hacen reír.
Hoy voy a escribir para quienes nunca estuvieron ni siquiera cerca
de estos parajes. Para ellos va este relato…
Un poco de historia
A finales del 1800 se comenzaron los trabajos
para unir varios riachos existentes con canales artificiales y así
lograr una conexión fluvial de Rosario con Victoria. Desde
entonces, uno navega por distintos riachos interconectados por canales.
El desnivel existente entre el canal principal del Paraná
y la zona de Victoria genera una corriente permanente hacia esta
última. O sea que uno rema por El Bobo, Careaga, Barrancoso,
Timbó Blanco, Timbó Colorado, Paranacito Victoria,
Carbón Chico y el canal de acceso al puerto de Victoria.
Todo sin casi notar donde comienza uno y termina el otro. Muchos
llaman a todo el trayecto simplemente El Careaga y por muchos años
fue la única vía de comunicación. Como la entrada,
Boca del Bobo, se encuentra a veinticinco kilómetros río
arriba de Rosario, más el serpenteante camino interior, el
viaje se hacia el doble de largo en comparación de los poco
más de sesenta kilómetros que nos separan en línea
recta. Por este motivo surgió la idea de un canal directo
que abaratara y agilizara la comunicación entre estas dos
ciudades.
Uno de los impulsores de esta idea fue Ricardo Núñez,
alias El Chulengo, quien en 1983 o 1984 (no estoy seguro del año
exacto) y aprovechando una creciente mayor a lo normal, organizó
el primer Raid a Victoria pro Canal de Vinculación. En esta
oportunidad, y contando con un verdadero conocedor de la zona de
islas, unas decenas de palistas se largaron casi en línea
recta hasta alcanzar la ciudad del carnaval.
Luego del éxito de esta convocatoria se decidió organizar
todos los años este viaje para llegar el día de la
elección de la reina de los carnavales, solo que por las
alturas normales del río, este se haría por el Camino
Careaga, en dos días de navegación y haciendo campamento
en zona de islas. En el tercer viaje participaron más de
900 palistas y en el cuarto 750. La organización contaba
con el apoyo de muchas instituciones y se brindaban muchos servicios
y comodidades con el fin de animar a los iniciados a participar.
De hecho, para muchísimos este fue su primer viaje a remo.
Al llegar nos íbamos al corso y cantábamos todos juntos
“olele, olala, Rosario y Victoria unidas siempre están”.
Una fiesta de la camaradería y la buena onda.
Luego del 6º Raíd me retire de la actividad para trabajar
fuerte y formar mi familia. Al regresar, más de diez años
después, el tradicional viaje tiene un matiz diferente, propio
de una nueva realidad de palistas experimentados y un parque náutico
que en Rosario llega a los 6000 kayakistas. Muchos grupos y clubes
organizan sus propios viajes, con sus propios tiempos y sus propias
fechas. Ya no existe un Raíd, sino varios. Y desde hace un
par de años se agrego la modalidad de hacerlo en invierno.
Con tantas posibilidades… ¿Cómo un rosarino no lo
va a hacer por lo menos una vez?.

Recorrido
efectuado con pequeñas variantes por algunos grupos
¿Y éste
como fue?
Si, mejor me dejo de hablar de los tiempos
pasados y cuento como fue este viaje…
Todo comenzó una tarde de Enero, cuando Beto Soriano convoca
a los amigos de los foros de canotaje a unirse este año para
remar todos juntos a Victoria el Viernes 16 de Febrero. Hablando
luego con otros grupos se van enganchando y haciendo coincidir sus
salidas grupos como el Rosario Kayak Group, El Círculo Rosarino
de Canotaje, El Grupo PC y otros amigos de distintos lugares. Nos
cruzamos mensajes, llamadas telefónicas, encuentros en el
río y la cosa se pone en marcha. Yo me comprometo a dar apoyo
logístico a los que se vienen de lejos. Arnaldo Martiañez
de Arroyito, Alejandro Battaino de Río Ceballos y Julián
Gareis de Paraná. Conseguir bote, alojamiento, estacionamiento…
cosas que son comunes entre kayakistas de travesías, donde
los locales te facilitan el camino. Solo nos preocupaba el mal pronóstico
del clima para el día de la partida.
Por partir un Viernes las cosas se les complicaron a algunos participantes
que encontraron soluciones alternativas como por ejemplo salir a
la tarde, pero desde un punto cercano a la Boca del Bobo. Un par
de amigos lo hicieron la madrugada del Sábado con una neblina
espesa que no les dejaba ver nada.
Las salidas se dieron según las costumbres de cada grupo.
La madrugada nos recibió con chaparrones fuertes, pero sin
mayor viento. Primero partió Pepo con su Kayak Group a las
7:30 hs, luego salimos nosotros, los kayakistas rejuntados, a las
8:24 hs desde la guardería Puerto de Palos y finalmente el
CRC, que se quedo a esperar a los más rezagados y por ello
fue el último grupo en partir.
Cargamos un poco sin lluvia, un poco con chaparrones, y en ese momento
la primera sorpresa del día… Raúl Giorgis se hizo
una escapada para despedirnos y sacar algunas fotos. Le prometimos
pasarle nuestras fotos y algunos relatos para publicar en Sol Río…
¡Y justo me vengo a inspirar y escribir un libro en vez de
un relato!. ¿Quién se leé todo esto?... por
lo menos a mi familia la voy a obligar…
Sigo…Con una tormenta amenazadora que se acercaba desde el sur,
nos dispusimos a remar por el camino tradicional y más corto
cuando no hay vientos fuertes. Cada giro de cabeza para mirar el
frente que se aproximaba nos hacia apurar el paso para poder llegar
dentro de Los Meones. Antes de este lugar uno debe enfrentar dos
cruces importantes: el canal principal del Paraná y el viejo
canal Paso Destilería, que separa la isla de Puerto Pirata
de la entrada a Los Meones. Ambos cruces se ponen movidos cuando
hay viento, pero en esta oportunidad nos dejaron pasar sin problemas.
Los Meones no es más que un canal separado del principal
por una gran isla. Con poco más de cien metros de ancho y
grandes arboledas en sus orillas nos dá un reparo contra
los vientos. Estando en la mitad de su trayecto comenzó el
diluvio. Gruesas gotas golpeaban con fuerza la cubierta del kayak.
Para un Rosarino que aún tiene fresco el recuerdo del tremendo
granizo del 15 de Noviembre, esto no fue una situación de
tranquilidad. Todos teníamos planes para evitar que el hielo
nos lastimara. Los extraños colores de las nubes que nos
rodeaban por todos los frentes nos hacían dudar. Cambiaban
de un gris muy oscuro a un blanco radiante en muy pocos segundos.
Los cortes y figuras de estas hacían pensar que se venía
algo grande… pero al final solo fueron gotas… gotas muy gruesas
y numerosas que convirtieron el paisaje en algo agradable. El ruido
y el frío no fueron problema ya que todos teníamos
el equipo adecuado. Hacía mucho que no remaba con tanta agua
cayendo. Fue muy especial y bonito. ¡Lástima que no
tengo una funda estanca para la cámara y así retener
estos momentos en una imagen!. Siempre digo que las mejores fotos
se sacan en el agua…
Un kayak rojo
Me pareció ver un palista a lo lejos.
Siempre se ven primero las palas moviéndose. Luego se ve
que es un kayak rojo con alguien vestido de rojo. ¿Será
el Colo haciéndose propaganda?. ¿Será algún
rezagado del grupo de Pepo?. La lluvia afloja un poquito y algo
se ve. El kayak viene bajando y se desvía a mi encuentro
y ¡no lo puedo creer!. Es el Chelo, que como no puede participar
por su nuevo trabajo quiso remar aunque sea unas horas con el primer
grupo. Me dio una alegría muy grande encontrarlo y me hizo
pensar en lo lindo que es esto de los viajes grupales. Cuantos esfuerzos
que a la vista de quien no pertenece a esta actividad parecen ridículos…
¿Qué necesidá?. Diría un paisano una
vez que nos vió renegando en una remada.
La lluvia afloja y el Chelo sigue con rumbo a sus obligaciones.
Nosotros seguimos un poco más y se nos terminan Los Meones.
A la derecha se encuentra un banco de arena que todos llaman El
Banco de San Lorenzo, porque es un lugar de encuentro de más
lanchas que remeros de esa localidad. Con el río a 4,02 metros
esta casi todo bajo el agua y solo un poco de pasto mojado sirve
para desembarcar. Beto mira un barcito sobre pilotes que lo tienta
con su techo y la posibilidad de un almuerzo sin mojarse. De allí
a amarrar los kayaks y saltar sobre este no hay más que unas
miradas y un par de segundos. Pero como todavía falta bastante
de corriente en contra y mi digestión es lenta, decido dejarlos
e intentar darle alcance al primer grupo que seguramente pararán
a almorzar aguas arriba. Desde aquí es una larga remada,
pegado a la costa, con un canal principal a babor que logra un ancho
de un par de kilómetros. La lluvia sigue cayendo y el frío
se siente cuando se deja de remar… todavía no hay un gran
viento y la tormenta esta rotando… ¿quién entiende
a este tiempo?... realmente el cambio climático está
con nosotros…
Paraje La Prohibición
Una costumbre que tengo desde siempre es bautizar
los lugares que por alguna razón nos sirven de referencia.
En realidad se trata de un establecimiento ganadero con su rancho,
puestero y corrales, donde el propietario se tomo el trabajo de
fabricar dos enormes carteles metálicos que expresamente
prohíben pescar, acampar, hacer fuego y bañarse frente
a sus costas. Lo interesante es que el Domingo anterior noté
lo ventajoso de parar en este sitio al encontrar más de cien
navegantes haciendo los que los carteles prohibían. El dueño
quiere prohibir, pero los navegantes no acatan. Son los famosos
“desacataos”.
En este lindo lugar para parar al reparo del sol me encontré
con el Kayak Group comprobando la permeabilidad del espinillo a
las gotas de lluvia. Sanguchitos, galletitas y algún mate.
Todos de pie y con ganas de remar enseguida. Cuando descargué
el Falcon vi un viejo paraguas que siempre esta tirado en el baúl
me decidí por llevarlo para cargar el kayak sin que entre
agua en los tambuchos. Luego lo crucé en los pasacabos y
allí navegó. Resumiendo, los amigos partieron y yo
decidí que no me esperaran a terminar de comer. Parado, con
la bolsita de los sánguches y el paraguas enganchados en
las ramas, almorcé bajo la lluvia. El frío me hizo
interrumpir el especial momento. Hay que remar los cuarenta minutos
que faltan de corriente en contra…
¿De donde
viene el viento?
Ya casi llego al Bobo y la tormenta todavía
no me alcanzó. La verdad que el haber dormido solo dos horas
me está pasando la cuenta, pero la corriente me llevará
al campamento casi sin remar en las próximas dos horas y
media… De repente, la primera ráfaga. ¡Qué lo
parió! Va a estar bravo, pero no viene del Sur… es del Este.
De repente ¡CRACK! Giro a la derecha y un sauce gigante se
parte al medio y cae. Apuro la remada… Luego Arnaldo y Alejandro
me contarían que a ellos les paso lo mismo con otro árbol,
solo que este cayó a centímetros de su bote… También
apuraron la remada.
Los árboles me tapan el viento directo, pero los remolinos
me alcanzan y me complican la remada. Unos metros más y ya
entré al Bobo. Son las 14:35 hs. Se terminó…¿Se
terminó?... ¿Qué pasa acá?... El viento
me dá de frente y a duras penas puedo avanzar. Cambio de
orilla, ya que estos riachos, como casi todo el Camino Careaga no
tienen más que unos cuarenta o cincuenta metros de ancho.
Por ahora logro un poco de reparo, pero el riacho va doblando y
el viento esta nuevamente de frente. ¿Y estas olas?... son
casi de un metro. ¿De donde salieron?.. ¿Desde cuando
se pica un riachito de estos?... por suerte solo son grandes en
pocos sectores, pero molestan bastante.
Tengo al grupo de Pepo a menos de cien metros, pero prefiero usar
la inteligencia en vez de la fuerza bruta. Remo despacio y pegado
a la costa. Elijo donde remar y lo hago despacio. Los de adelante
se alejan y yo noto que no tengo voluntad de remar. Había
preparado mi ánimo para palear contra la corriente a buen
ritmo, pero solo hasta el Bobo. Está nueva realidad me decía
que me esperaba un tramo peor que el anterior. Solo deseaba que
el viento aflojara… después de todo… ¿Dónde
se vió un viento fuerte y permanente del Este?.
Paré en un recodo para estirar las piernas y esperar a mi
grupo. Solo quince minutos y ya estaban sobre mí. Remar en
grupo da más ánimos y la parada me recuperó
un poco.
El Corte Careaga
Cuando se recorre por primera vez este camino,
y sin contar con un mapa, a uno le resulta difícil saber
cuales son los canales artificiales y cuales los cauces naturales.
Pero hay uno que es indudablemente artificial y es una recta de
ocho kilómetros que acorta un largo recodo que hacía
el Careaga original. Ocho kilómetros en línea recta
y con un totalmente atípico y fuerte viento de frente que
tenía exactamente la misma dirección. Probé
una costa, la otra… daba lo mismo. Por el medio se avanzaba más
rápido gracias a la corriente a favor, pero las olas hacían
subir y bajar el kayak, pinchando ola tras ola. Creo que en este
tramo quede último de todos.
Las dos últimas curvas que nos separaban del campamento se
me hicieron muy largas. A cada rato le preguntaba a Julián
para que consultara el GPS. Más tarde y más cansado
de lo que hubiera querido, llegamos a los de Juancho Díaz,
el tradicional parador de Boca de Las Cañas. Eran casi las
18:00 hs, la lluvia había cesado y la posición del
lugar nos daba reparo del viento. Con el pasar de las horas el viento
se fue calmando y tras armar la carpa, me acomodé en la bolsa
de dormir y me desmayé unas tres horas, roncando a mandíbula
batiente para regocijo de mis vecinos acampantes.
¡Batucada!
Aunque hacía rato estaban meta batucada
y habían tirado varios petardos, un bochinche repentino me
agarró habiendo dormido lo suficiente y me desperté.
Era de noche cerrada, pero las luces que alimenta el generador de
Jorge nos permiten disfrutar de bastante comodidad. Jorge es el
propietario del rancho El Chaná, y comparte el terreno lindero
con Juancho. Si bien su rancho está separado del parador
y es una propiedad privada, se acercó al atardecer en su
lancha para habilitarnos su parrillero, galería y encender
el generador. ¡Una cosa de no creer la buena onda de este
hombre!.
Con tales comodidades, y separados en dos grandes grupos por razones
de espacio bajo techo, se dispusieron las cosas para hacer el asado
reglamentario. Como no podía ser de otra manera el Beto se
encargó del asado en el Chaná y no vi quien lo hacía
en el parador Los Amigos. Mientras los asadores trabajaban la mayoría
se dedicaba a hacer sociales, ya que éramos muchos y no habíamos
tenido oportunidad de saludarnos como corresponde. El grupo de Toto
ya había llegado y otros que se tiraron desde bajadas cercanas
al Bobo también estaban instalados. Principalmente me preocupe
de ubicar a dos de los PC, Marcelo y Juan Carlos, que habían
salido de Rosario dos días antes para esperarnos en este
hermoso lugar y disfrutar de un descanso. Esta es otra característica
de este viaje. Cada uno sale cuando quiere y se va uniendo al grupo
grande a medida que este lo alcanza. No había ningún
líder oficial que impartiera órdenes. Solo los referentes
habituales que son consultados por su comprobada experiencia en
este tipo de viajes, pero no imponían sus ideas.
El asado diez puntos, cervezas frías compradas a Juancho,
charlas de sobremesa, fotos grupales, batucada, petardos, cánticos
y cargadas. Luego a última hora la charla en la cocina de
Jorge donde el tema dominante es el de las armas, pasión
que compartimos y de la que hablamos como dos obsesos. El asado
sobrante fue guardado en bolsas para el almuerzo del día
siguiente, ya que por costumbre se asa de más con esta idea.
Lentamente nos fuimos retirando a dormir y el campamento quedó
en silencio. A pocos minutos se apagó el ronroneo del generador
y los mosquitos, que no habían estado peores que en otras
ocasiones, se agolpaban contra los mosquiteros intentando exigir
su cuota alimenticia. Todos a dormir… Hasta mañana…
Viento y Corriente
en Popa
Antes que nada me veo en la obligación
de explicar lo que significa esta frase. Es cuando el agua y el
viento se mueven en nuestra misma dirección. Se que para
quien tiene experiencia en remadas le parecerá un concepto
imposible. A lo sumo el viento puede venir de aleta o solo uno de
los factores estar a nuestro favor, pero no fue así en esta
ventosa mañana nublada. Corriente y viento unidos al esforzado
kayakista para lograr el objetivo supremo de llegar a Victoria.
El problema era que el viento se dejó llevar por el entusiasmo
y soplaba muy fuerte. Hasta el Fogonazo no había problemas,
pero las lagunas presuponían un escenario complicado. Desde
donde estábamos nos esperaban unas horas remando en hermosos
lugares de costas arboladas y pastitos cortados por laboriosos,
¿o glotones? bovinos. Pero luego, este tipo de costas se
termina y se entra entre dos grandes lagunas. La Laguna Grande a
babor y la Laguna Recalde a estribor. Están separadas por
un estrecho de quinientos metros hasta alcanzar un canal solo marcado
por una pequeña franja de camalotes anclados a un angosto
albardón inundado. De allí un largo trecho donde estos
albardones se interrumpen y dejan acceso a las lagunas, hasta que
se alcanza un zona de canales francos, aunque con costas bajas y
sin árboles. Pero ya sin las olas de estas lagunas.
Por esta situación se decide retrasar la salida y esperar,
con la esperanza de que el viento amaine. Junto a estas expectativas
y mientras se desarma el campamento veo que un kayakista me saluda
desde el agua. Es Martín Stern, alias Capitán Burbuja,
que con Juancho La Bianca se largaron desde San Lorenzo a las cinco
de la mañana para poder alcanzarnos. Otro esfuerzo inexplicable
para quien no conoce este tipo de encuentros. Terminada su labor
en Buenos Aires, Martín se subió al primer colectivo
que pudo y con la ayuda de algunos amigos locales supo estar esa
mañana con nosotros.
Debido a la espesa niebla de esas horas se le complicó encontrar
la Boca del Bobo. El cruce es muy ancho y, aunque le facilité
el WP de esa entrada, parece que Martín acostumbra redondear
las posiciones. Algo así como:
Campamento Pepe: Latitud Sur, Longitud Oeste, o sea que estoy en
Sudamérica con toda exactitud. Se pasaron por ochocientos
metros río arriba de la boca, pero una vez cerca Juancho
se ubicó y bajaron hasta encontrarla.
Volvemos a la cuestión de las lagunas. Eramos muchos y algunos
no contaban con la pericia suficiente. Estas lagunas podían
ponerse realmente ásperas y en la zona no hay lugar para
acampar sin retroceder varios kilómetros. ¿Qué
hacer?. Espontáneamente surgieron los que organizaron la
situación. Se decidió que un grupo se quedaría
un día más, ya que para el Domingo el pronóstico
era muy bueno, y Toto se ofreció para quedarse, aún
a costa de perderse el corso. Alguien tenía que guiarlos
en la zona de lagunas…y así fue que la mayoría de
las chicas se quedaron en el parador con el Toto a acompañar
a las/los que no se sintieron seguros de pasar las lagunas.
Un comentario aparte. No dejo de sorprenderme de la cantidad de
chicas kayakistas que reman en singles a la par de los hombres.
En mis épocas solo algunas novias, y siempre en dobles con
sus parejas. El kayakismo está cambiando….
Terminamos saliendo a remar a las 11:00 hs…
La belleza de
estos lugares
Nunca dejo de disfrutar de estos paisajes.
Siempre que remo por este camino voy apuntando lugares hermosos
para acampar y me prometo hacer un viaje específico a ellos.
Muchos riachos laterales me atraen cual canto de sirenas, aunque
una sirena en estas zonas se debe parecer más a una vieja
del agua que a una de las que tentó a Odiseo. Meterme a explorar
estos cursos de agua es la causa primordial de mi gusto por el canotaje.
Quizás se deba a que no tengo mundo y conozco pocos lugares,
pero cuando remo por aquí no deseo estar en ningún
otro sitio…
La vegetación costera se va modificando al avanzar. Los bosques
de grandes Sauces, salpicados de Timbós Blancos y Ceibos,
van dejando lugar a una apretada fila de Alisos que van perdiendo
altura a medida que nos adentramos en los dominios de las grandes
lagunas. A unos doscientos metros antes de la salida, veo que todos
están contra la costa esperando a los últimos. Ya
están organizados quienes van adelante, quienes al medio
y quienes cierran al grupo. Por mi escasa habilidad solo deberé
preocuparme de no estorbar y no necesitar ser auxiliado. Cuando
estamos todos juntos se da la salida… ¡Lagunas, aquí
vamos!...
Las olas y el
viento
Cuando uno espera un momento que supone crítico,
la ansiedad aumenta la sensibilidad de percepción. Las cosas
cobran una dimensión mayor que la real… Pero en este caso
no se que me pasó. Al ver las lagunas con sus oleajes me
parecieron sencillas de pasar. Las olas eran grandes, rompían
en algunos sectores y producían algunos escarceos. Viento
y olas de través no son lo mejor para no volcar, pero el
Explorador se acomodó entre éstas, y siguiendo los
consejos de mis amigos, clavé la pala sobre la ola que me
empardaba. Esta revienta sobre la cubierta y el kayak se desplaza
acompañándola sin comprometer la vertical del palista.
Me alejé bastante a la derecha del grupo y en una boca que
daba a la laguna me agarraron las olas más grandes que vi
en ese día. El Beto, que me estaba observando por si necesitaba
ayuda, vió estas olas y apuntó su kayak hacia mí.
Cuando vió que las pasé y la magnitud de estas, las
montó en una barrenada sesgada que lo llevo muchísimos
metros delante de nosotros. Es así…, algunos se divierten
y otros van sufriendo. Es el precio que se paga por no practicar
y dominar las técnicas básicas del remo en kayak.
No ví cuantos volcaron, pero no fueron muchos y todos entramos
en la zona de canales, diciendo adiós a las grandes lagunas
con sus olas, pero no a su viento, que nos acompañó
y molestó por todo el trayecto. En una costa algo elevada,
y en compañía de muchos novillos, me dispuse a llamar
a Toto para confirmarle que habíamos cruzado sin mayores
problemas. Ya en estos lugares apenas alejados de las grandes ciudades
los celulares no logran una buena comunicación.
Una mención especial para Angel Avetta y Néstor Morejón,
alias Cariloco, por aguantar a todo el grupo y cerrar la formación
ayudando a todos los que lo necesitaron.
Un paisaje diferente
El día seguía nublado, pero
el fuerte viento separaba las nubes y cada tanto asomaba un sol
abrasador que nos recordaba en que época del año estábamos.
La disyuntiva estaba entre la bufanda y el protector solar, y así
llegamos al lugar tradicional para hacer el almuerzo del segundo
día. Nos dispusimos en grupos reducidos y devoramos el asado
frío de la noche anterior más algunas latas. El frío
hizo que la comida no se extendiera más de la cuenta y rápidamente
nos pusimos a remar con la mente puesta en llegar. Esta es una zona
muy baja y el viento realmente nos dificultaba mantener el rumbo.
A eso hay que sumarle que estos canales están llenos de remansos
y que la visión prematura de la ciudad de Victoria hace suponer
que falta menos de lo que en realidad hay que remar… En algún
momento pasamos por el puente del Carbón Chico, perteneciente
a la conexión vial Rosario - Victoria, y ya estábamos
en los tramos finales del viaje. La buena onda de la llegada nos
hizo olvidar cualquier molestia y cansancio.
La llegada:
17:00 hs
Con un muy buen promedio de remada llegamos
al Camping Municipal de Victoria. Al subir nos recibe Cariloco y
sus primeras palabras son: - Se suspendió el corso… La verdad
que debo ser el único que no se molestó por la noticia.
No soy amante de las aglomeraciones y generalmente le escapo a estas.
Armamos las carpas junto a los kayaks en un grupo cerrado y todos
juntos. Una forma de no molestar a los demás acampantes.
Las mateadas, el recuento de anécdotas y algunas despedidas
prematuras de quienes se volvían enseguida. Un paseo por
el campamento hizo que me encontrara con otros grupos de kayakistas
que habían llegado el día anterior. Algunos amigos
fueron llegando en auto para compartir el campamento, como el caso
de Paco Vignati.
Luego de acicalarnos nos fuimos arrimando al centro de Victoria
para terminar en una pizzería disfrutando de la charla con
los amigos. Bien entrada la noche nos retiramos a dormir. Un coro
polifónico de ronquidos sirvió de marco para el merecido
sueño kayakista.
El retorno
No menos importante es la movida que se hace
para volver a Rosario. El puente nos ha ayudado mucho en este aspecto,
pero igualmente hay que coordinar que alguien nos pase a buscar
o, como en mi caso, tomarse un colectivo para regresar manejando.
Trafics con trailers especiales para kayaks, autos de alquiler y
particulares. Todo el mundo cargando y emprendiendo el regreso.
Tema aparte el lindo paisaje que se presenta para quien nunca uso
este camino. Una forma diferente de tomar conciencia de la magnitud
de esta zona del Delta del Paraná. Mientras esto acontecía
el Toto arribaba a Victoria sin novedad, luego de remar en un Domingo
espectacular y sin viento.
La llegada a las guarderías y la descarga de los botes prolonga
la jornada. La despedida de los amigos cordobeses que aún
tienen muchos kilómetros por delante. Se hace la noche y
llego a mi casa con una sensación agradable. Las pilas súper
recargadas y la cabeza llena de proyectos. Realmente esta es la
vida que me gusta vivir… y no creo que esté muy equivocado…
Algunas conclusiones
finales
Para muchos los encuentros masivos no tienen
relación con el canotaje de travesía. Así como
algunos realizan desafíos y difíciles remadas en solitario,
me reservo mi derecho a la elección y elijo la naturaleza
y la camaradería. Remar entre muchos amigos e incrementar
la nómina de estos, es un experiencia enriquecedora. Les
aconsejo que por lo menos prueben una vez de participar en este
tipo de encuentros.
Igualmente es un recorrido para disfrutar. Su belleza bien vale
la pena para quienes reman en grupos reducidos y además aumentan
las posibilidades de posibles paradas y campamentos por el reducido
número de integrantes.
Así que ya saben… háganse el tiempo y vénganse
a remar con nosotros en el próximo Rosario - Victoria, uno
de los clásicos del canotaje argentino.
Un
gran abrazo.
Pepe
Suárez
desde
Rosario
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